La ACTI quiere destruir la industria nacional de software

277739124_b1e77e8e132.jpg
Fotografía por Nic_Name en Flickr

El lector asiduo de este blog sabe que tenemos una ley de propiedad intelectual nefasta y anticuada. Que casi todas las cosas que usted realiza, como pasar música a su reproductor de MP3 o iPod es ilegal, así como también es ilegal hacer una cita de más de diez líneas. Qué decir de hacer una cita de una fotografía. Por más que digamos que no hemos tomado nosotros esa fotografía de El Mercurio, la sola referencia no salva que la cita de una fotografía o imagen sea totalmente ilegal en nuestro país.

Pues bien, luego de la suscripción del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (en adelante TLC) Chile se obligó a modificar una serie de leyes, incluyendo nuestras normas de derecho de autor. Es esto lo que explica que el año 2003, entre otras reformas, se haya aumentado el plazo de protección del derecho de autor más allá del estándar internacional, a setenta años luego de la muerte del autor, siguiendo las premisas norteamericanas.

Así también nos obligamos a reformar otras normas en un lapso de tiempo establecido en el mismo TLC. Es lo que tiene en este momento al Congreso Nacional estudiando una nueva reforma a Ley 17336 de Propiedad Intelectual, donde uno de los puntos en discusión es la regulación sobre la denominada ingeniería reversa.

Como usted puede suponer, todos los lobbys tecnológicos de relevancia han tenido presencia en el Congreso. Fueron escuchadas todas esas agrupaciones llenas de siglas como la Sociedad de Derecho de Autor (SCD), la Bussiness Software Alliance (BSA), la Asociación de Distribuidores de Software (ADS), el representante de la IFPI, entre muchos otros, quienes dieron a conocer sus puntos de vista respecto de lo que debiera decir nuestra ley, apuntando por cierto a un estándar claramente más ventajoso para las empresas e industrias multinacionales del software que para todos nosotros.

1583210106_a8cd225a672.jpg
Fotografía por endolith en Flickr, CC: BY-SA

Pues bien, cuando todos pensábamos que teníamos a los malos de la película identificados, en una movida sorprente aparece en escena otra sigla, la Asociación Chilena de Tecnologías de la Información (ACTI). La ACTI, agrupa a una buena parte de las empresas nacionales de tecnologías de la información, representando por tanto en múltiples foros -incluyendo la presentación de la Estrategia Digital de su Presidente- a las empresas chilenas de TI.

Como decía, uno de los puntos que se están discutiendo en el Congreso es la regulación de la famosa ingeniería reversa. En simple, se denomina de esta forma a los procedimientos para obtener información técnica a partir de un producto accesible al público, con el fin de determinar de qué está hecho, qué lo hace funcionar y cómo fue fabricado.

Es la ingeniería reversa la que permite que, por ejemplo, que se desarrollen controladores o drivers de tarjetas de video o tarjetas de sonido cuyos fabricantes no han desarrollado para sistemas operativos distintos a Windows. Es lo que permite, por ejemplo, que muchos periféricos actualmente funcionen en Linux y muchos de ellos tengan incluso mejores prestaciones que con los controladores de fábrica.

Como pueden suponer, la realización de actos de ingeniería reversa o inversa se encuentra obviamente permitida en buena parte de los países del mundo. Ciertamente, porque estas actividades permiten que se puedan desarrollar investigaciones y de esta forma desarrollar la industria del software, principalmente la industria local.

330155673_3ffad6e9862.jpg
Fotografía por jm3 en Flickr, CC: BY-SA

Pero la ACTI, sorprendentemente, esta vez no rema junto con la industria nacional. Tanto en un comunicado, como cada vez que pueden hablar del tema lo señalan, proponen que esta excepción que permita la ingeniería inversa esté limitada a:

1.- Evitar medidas tecnológicas de protección.
2.- Cuyo objetivo sea únicamente interoperatividad.

Como es posible apreciar, la ACTI deja fuera expresamente el desarrollo y la investigación, interpretación que excede con creces lo que señala el TLC y que por lo demás es una excepción recogida en buena parte de los países del mundo precisamente porque el alcance de desarrollo permite que empresas del sector tecnológico puedan realizar innovación y presentar nuevos productos basados en los procesos de ingeniería reversa permitidos por la ley.

Mientras tenemos todos los lobbys que representan intereses corporativos multinacionales en el Congreso, la ACTI, que debiera velar por la defensa de los intereses de las empresas de software nacional, se cuadra con una interpretación dudosa del TLC que en cualquier caso pretende salvaguardar intereses corporativos multinacionales que ya están lo suficientemente representados en el Congreso como para seguir ayudándoles. ¿Y la industria nacional? Bien gracias.

Tristemente, cuando las cosas llegan al Congreso las razones no son suficientes. Ni siquiera cuando se trata de protección de un sector de la industria. Mientras sigamos legislando para los intereses de las empresas con las que firmamos acuerdos de cooperación, no habrá estrategia digital que nos salve.

El acuerdo del Gobierno con Microsoft: Chile a la deriva

snipshot_e469r47dh8i.jpg

Imagen por Suribe

Harta agua ha pasado bajo el puente para ser una noticia que tiene menos de 48 horas. Y algo de orgullo siento porque los dos quienes han motivado la avalancha de protestas y de discusión cibernética han sido mis dos amigos y socios en Circobit, Carlos Moffat y Christian Leal, a.k.a. El Francotirador.

No voy a descubrir la pólvora, y los invito a leer el artículo de Christian Leal, que como siempre explica con peras y manzanas algo que es ligeramente más complicado que eso. Desmenuza el texto del acuerdo punto por punto infinitamente mejor de lo que pudiera haberlo hecho yo.

Lo que tengo que decir respecto del conflicto, y que creo no se le ha dado suficiente atención, son dos.

1.- Desde el punto de vista legal, tengo la impresión que no hay mucho que hacer. Ni desde la perspectiva de las compras públicas ni tampoco desde la eventual vulneración de la privacidad o datos personales de todos nosotros, como muchos han intentado equivocadamente poner el énfasis. Les explico por qué.

a) Compras públicas: Desde el punto de vista de las compras públicas o la forma en que el Gobierno debe adquirir productos de privados, no hay discusión. Es un Acuerdo de Cooperación como el que pudiera tener el gobierno con cualquiera que le ofrezca algo conveniente a escaso costo. Bueno, sí, Microsoft está lejos de ser cualquiera. Cierto, pero esa es harina de otro costal.

b) Privacidad o datos personales: El punto quizás más comentado del Acuerdo es el famoso “Domicilio Digital” donde el Gobierno se compromete a contar un infraestructura para conectar la base de datos del Registro Civil. O algo así. Pero sepa usted que, como pasa en otros temas en Chile, el sistema de protección de nuestros datos personales es absolutamente deficiente, comparando lo que pasa con países desarrollados.
Tan deficiente es, que con el sólo carné de identidad es posible saber el nombre completo de alguien, quienes son sus padres, su fecha de nacimiento y su sexo. Estando, ninguno de estos datos, debidamente protegidos por alguna agencia gubernamental ni nada. El descampado, como le dicen.

Porque revisemos lo que Microsoft ofrece a los 15 millones de chilenos:

* Domains@live: el gobierno podré manejar su propio dominio para las cuentas de correo y mensajerías en un formato del tipo ciudadano@xxxxx.cl

* La aplicación incluyen ente otros: correo, tareas, to do, blogs, alertas, calendario

* Hosting gratuito de las aplicaciones.

* 2 gigabytes de almacenamiento por Ciudadanos soporte premier 7×24 on line para los administradores de las cuentas de correo.

* interfaces automáticas para la carga y creación de cuentas de ciudadanos.

* Acceso vía celular en modalidad WAP y Windows Mobile neutralidad tecnológica

http://www.elfrancotirador.cl/2007/07/23/el-dia-que-chile-se-vendio-a-microsoft/

Hasta donde sé, todas pueden ser conseguidas en Internet a precio cero. Cero. Y con prestaciones infinitamente mejores. Sí, yo también me reí con los 2 gigas de almacenamiento para ciudadanos.

2.- Lo que me parece más grave, en cualquier caso, es la falta de transparencia y la corrupción que ha mostrado el gobierno para presentar este “acuerdo marco de cooperación”. Si no es por el incontenible Senador Navarro, no se hubiera sabido absolutamente nada. Quizás nos hubiéramos enterado cuando se publicite que cada uno de nosotros tiene derecho a tener su email (dónde he escuchado esto… :P).

Segundo, el gobierno muestra una vez más una falta de rumbo impresionante. Es decir, mientras por un lado sostiene mesas de conversación con los actores más relevantes del mundo del Software Libre en Chile para analizar formas de implementar FLOSS en la administración, en la sala de al lado firma este acuerdo con Microsoft.

¿Dije corrupción? Alguien que nos explique entonces que el viajecito del ministro Ferreiro con el Director de Chilecompras a Cartagena de Indias al encuentro mundial de líderes Microsoft no tiene ninguna relación con esto. Quiero creer.

La Tercera cuenta mal la historia de Bittorrent

snipshot_e4n7qisp46v.jpg

fotografía de netmagazine

Si usted tuvo en sus manos el ejemplar de ayer del diario La Tercera pudo acceder a la nota titulada “La historia del creador del programa más popular para bajar archivos de internet” [enlace a captura de pantalla], donde cuenta la historia del famoso Bram Cohen, quien creó el casi perfecto programa de intercambio de archivos llamado Bittorrent.

Casi todo bien, hasta una frasesita en el artículo que, la verdad de las cosas, me dejó un poco noqueado. Dice la nota de La Tercera:

En 2002, Bram Cohen usó trucos como ofrecer contenido para adultos para lograr que los usuarios probaran su sistema. Además, cometió su mayor error comercial: hizo que el código para Bittorrent estuviera disponible como código abierto. “Era un programador en quiebra y no tenía un modelo claro de venta. Sólo quería que la gente lo usara.”, señala.

“Su mayor error comercial: el código abierto”. Me llamó la atención esa frase. Y me puse a buscar. Y encontré la nota original de Netmagazine de Inglaterra. Para mi sorpresa, en la revista inglesa dice algo muy distinto a lo que publica La Tercera del domingo.

Dice el párrafo original de Netmagazine: (en subrayado lo que omitió la nota de La Tercera)

In 2002, Bram collected some free porn to lure users to test his peer-to-peer file distribution protocol. He made the source code for the original BitTorrent client available as open source, which, in retrospect, sounds like commercial suicide. “I was a broke programmer,” he laughs. “I didn’t have a clear model. I wanted people to use it. If you can’t get people to use it when you’re giving it away for free, you can’t get them to use it when you’re charging them.”

Es decir, en ningún lugar del artículo de Netmagazine se dice que la opción por el código abierto haya sido el mayor error comercial de Cohen.

Lo que dice la nota original es que “en retrospectiva, suena como un suicidio comercial“, que es bien distinto. La nota no dice que la opción por el código abierto fuese el mayor error comercial de Cohen, como quiere hacernos creer La Tercera.

Además, la nota de La Tercera obvia la frase final de Cohen (en subrayado) donde el programador explica en parte por qué optó por una licencia abierta/libre, diciendo que “Si no puedes conseguir gente cuando estás entregando algo gratis, menos podrás conseguirlos cuando les estás cobrando por ello.

En definitiva, llama la atención la forma en la que se encaran temas como estos en la prensa tradicional, llenando de FUD opciones como software libre/abierto, incluso cuando se trata de traducciones de artículos que dicen precisamente lo contrario.

Ah, y sólo para agregar una cosa. Señores de La Tercera, hasta cuando insisten en ese invento endemoniado del Papel Digital. Hasta cuando insisten con el Flash. Oh oh.