Some people see rock & roll as youth culture, and when youth culture becomes monopolized by big business, what are the youth to do?
I think we should destroy the bogus capitalist process that is destroying youth culture by mass marketing, and commercial paranoia behavior control. And the first step is to destroy the record companies.
Desde hace algunas semanas, las campañas presidenciales en Chile han comenzado a tomar fuerza y, sorprendentemente, uno de los temas más recurrentes en los tres candidatos con más posibilidades, son los jóvenes. Conectados con esta tendencia, todos los comandos preparan el asalto final para la campaña presidencial, desde grupos de trabajo que preparan los programas hasta voceros temáticos con más o menos conexión ideológica con el candidato de turno. Dejando de lado lo programático, probablemente el ítem que más preocupa a los distintos comandos es la campaña online, que supone utilizar las herramientas que entregan las nuevas tecnologías para llegar a un público históricamente difícil y que en un gran número ni siquiera demuestran interés en la política.
Respecto de los jóvenes, resulta inquietante que, por ejemplo en el caso de Frei, quienes acompañan a Sebastián Bowen en sus visitas a regiones sean antiguos militantes de partidos políticos, a pesar que se nos presenten -como en el video- como campañas de voluntariado y de jóvenes idealistas que han visto en el candidato la encarnación de sus esperanzas y sueños (?).
Independiente de las simpatías que uno pudiera tener con alguno de ellos, suele pasar desapercibido que todas estas campañas online o digitales de los candidatos, responden a estrategias de campaña nacidas, concebidas y ejecutadas por agencias de publicidad, que los “comandos” digitales son empresas de servicios. Orelworks, Storm o los creativos contratados por Frei son especialistas en vender productos a través de estrategias online (bancos, seguros, radios o bebidas), y es precisamente lo que están haciendo con los candidatos políticos. Es expresivo del vacío programático de las campañas que nos asalten con pirotecnia y buena onda virtual mientras que el contenido, los programas y las ideas no parecen ser tan importantes como tener una cuenta en Twitter.
Sin ir más lejos, el que los Flickrs y páginas webs de todosloscandidatos tengan licencias Creative Commons, no indica ni remotamente compromiso de los candidatos con un derecho de autor equilibrado y justo para todos. Parecieran ser estrategias comunicacionales antes que apuestas políticas.