Sita Sings the Blues o la mejor animación que nunca veremos
Nina Paley ya ganó la versión 2008 del International Animation Festival con su película animada “Sita Sings the Blues”, una adaptación musical de la leyenda india Ramayana. En el último festival TRIBECA logró un éxito inusitado, incluso calificándola la New York Magazine como “Una de las mejores películas exhibidas en el Tribeca Film Festival este año”.
La película cuenta la historia de la leyenda Ramayana, una de las más importantes obras literarias de la India antigua, que consiste en la historia del rey-dios Rāma, y de cómo su esposa Sītā fue raptada por el demonio Rāvana y llevada a la isla de Lanka. Rāma obtiene ayuda de una tribu de monos, liderados por Sugrīva y Hanumān, que construyen un puente a través del mar y rescatan a Sita. Básicamente, la historia explica cómo dos dioses a pesar de su condición no pueden hacer funcionar su matrimonio. En un paralelo muy interesante, la película cuenta además la historia de la propia Nina Paley, cuya historia personal tiene que ver con una ruptura matrimonial bastante más alejada de antiguos dioses orientales.
Fue esta historia personal la que paradójicamente la llevó a darle sonido a ˝Sita Sings the Blues”. En uno de sus múltiples cambios de hogar luego de su separación, Nina llegó a casa de un amigo quien le mostró las particulares grabaciones de Annette Handshaw, una antigua cantante de jazz de mediados de los años veinte. Nina se fascinó por la voz de la Handshaw y la incorporó en la animación que daría vida a Sita Sings the Blues.
La película contiene 11 canciones grabadas por Annette Handshow entre los años 1927 y 1929. Las canciones, naturalmente, están en el dominio público. Como ustedes saben, la industria de los contenidos se ha encargado en todo el mundo de establecer reglas cómodas para la explotación de su negocio. En una de aquellas curvas en el complejo y peligroso camino hacia el dominio público, y a pesar de haber sido escritas hace más de setenta años, en el marco del sistema norteamericano de derecho de autor las composiciones sobre las que grabó la Handshaw aún se encuentran protegidas.
Esto ha supuesto un problema mayor para Nina Paley en estos complejos días para la especulación y el riesgo comercial. La negociación con los titulares de derechos de autor de las composiciones utilizadas, en este caso Universal Music Publishing Group, Warnel-Chapell y Sony-ATV, han solicitado un pago de us$500 por cada una de las canciones utilizadas para efectos de permitir la exhibición de la película en festivales, única forma de conseguir distribuidor y por tanto financiamiento. En el caso de la licencia para poder vender DVDs de la película, el pago de derechos a estos intermediarios ascendería en una cifra que fluctúa entre los us$15.000 y los us$26.000 por canción.
La conclusión es que la animación de Nina Paley probablemente nunca tenga una distribución regular. No por una apuesta rupturista con el sistema por parte de la creadora, sino por las barreras que suponen los intereses corporativos en la negociación de los derechos de autor que en lugar de protegerla la convierten en una delincuente.
Una historia adicional para contarles a aquellos que torpe y ciegamente insisten en que una regulación justa de los derecho de autor supone proteger con energía la propiedad intelectual y aumentar las penas frente a las infracciones. Pareciera ser que los únicos que se ven beneficiados en definitiva por un derecho de autor como el que tenemos son corporaciones que distan de velar por intereses culturales y que cuentan con lujosos directivos cuya fortuna se termina haciendo a costa de aquellos ilusos artistas que en lugar de ver las tecnologías como una oportunidad para evitar estos abusos, prefieren el camino más cómodo y políticamente correcto, levantando carteles y consignas ridículos por una lucha que han perdido hace décadas y nadie les avisó.



