Los artistas del mañana y el derecho de autor del futuro

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Hace un par de semanas, la sociedad de gestión de derechos colectivos española (SGAE) anunció la creación de la Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos, la cual pretende representar dos intereses, en principio disímiles, en pos de lograr una adecuada protección de los derechos de los autores frente al florecimiento de la piratería favorecida por la masificación tecnológica. La creación de este tipo de organizaciones, bajo el alero de las sociedades de gestión no es un caso aislado, y se han creado grupos similares en otros países, como Chile, sin ir más lejos.

Lo anterior da muestra de una extraña relación entre dos de los grupos de interés involucrados en la regulación de los derechos de autor. Pareciera ser que, al contrario de lo que uno podría suponer, los intereses de los miles de artistas y creadores se identifican con los intereses de las transnacionales discográficas de la música y del software; que Adobe y Microsoft levantan las mismas banderas que nuestros artistas plásticos y poetas. Pareciera que súbitamente somos testigos de un milagro, de un momento mágico, donde quienes han negociado condiciones nefastas para los artistas durante décadas se transforman en el brazo derecho de la creación de cultura.

La regulación actual de los derechos de autor, a niveles internacional, regional y local, responde a una importante y triste tendencia, que pretende acrecentar progresiva y violentamente unos derechos que fueron pensados para proteger al autor en los tiempos del mundo analógico en detrimento de los derechos de acceso. Es que los derechos de autor no son sino monopolios de explotación exclusiva por un lapso de tiempo. Como sociedad creemos que la creación intelectual es algo importante para nuestra cultura, y por ello inventamos estos derechos, para que nuestros autores puedan explotar comercialmente sus obras intelectuales por un tiempo determinado. Pero esta garantía ha sido entregada a los autores en el entendido que sus obras intelectuales circulen a través del público. Si el autor mantiene sus obras escondidas en un cajón con siete llaves, no tendría sentido alguno que lo beneficiemos con este monopolio de explotación exclusiva.

Lo cierto es que esta tendencia mundial hacia la sobreprotección de los derechos de autor ha llevado a la creación de titulares sui generis de cierto tipo de derechos y a la amputación de las excepciones y limitaciones a los derechos de autor, que pretenden equilibrar el interés de los autores con el interés del público, de todos nosotros. Esto explica que, si analizamos las normativas de la región, veremos un número críticamente insuficiente de excepciones, que supone que muchas de las actividades que diariamente realizamos en Internet se tornan ilegales. Que en ciertos países el acto de transformar las canciones de un disco compacto a un archivo digital o la digitalización de libros con fines de recuperación patrimonial que hacen bibliotecas sean actos de piratería.

Esta regulación la verdad es que dista de proteger a los autores. Una regulación desequilibrada, que no responda a las necesidades de la sociedad de la información, además de perjudicar al público termina perjudicando a nuevas formas de creatividad que se ven facilitadas por la tecnología. Cada día que pasa se avanza en la superación de la denominada brecha digital, que permite además de otorgar acceso a miles de personas que de otra forma no tendrían cómo acceder al contenido que se ofrece en la red, la creación de obras intelectuales a un costo infinitamente menor de lo que sucedía en el mundo analógico; hoy no es necesario tener un piano de cola para poder escribir obras musicales y cada vez es posible acceder a cámaras fotográficas a más bajo precio, las que permiten generar fotografías y por tanto crear obras intelectuales. Pero mientras la tecnología apunta hacia la apertura, esta regulación desequilibrada apunta hacia el control.

Artistas como Warhol o Duchamp, que cambiaron la forma de entender las artes plásticas en el siglo XX lo hicieron lejanos a las rígidas formas que impone la creación cultural de este derecho de autor desequilibrado. Así, hoy artistas que hacen mashups, collages o artes integradas a través de tecnología son denominados también piratas por una regulación que está lejos de querer proteger la creatividad, sino que pretende proteger una determinada industria cultural bajo el nombre de los artistas.

En este contexto, son las entidades de gestión colectiva en conjunto con la industria multinacional de la cultura y el software las que llevan adelante un discurso anticuado y punitivo respecto de cómo debiera ser el derecho de autor del futuro. Mientras el mundo ve oportunidades y acceso, ellos parecen ver piratería, destrucción y ciertamente menos dinero para sus arcas. Probablemente azuzados por los mismos, es común ver connotados creadores rasgar vestiduras por una nueva regulación que -según ellos- destruirá la cultura y a los artistas, exigiendo con histeria más protección de sus derechos, cueste lo que cueste, y abogando por subir al paredón a quienes pretenden un sistema más justo y razonable.

Pero la verdad de las cosas es que la necesidad de tener un derecho de autor equilibrado dista de ser una necesidad sólo del público. Debe ser una necesidad para el público, para los nuevos creadores y para los nuevos emprendimientos. Mientras la tecnología supone grandes oportunidades de desarrollo y avance de las ciencias y de la distribución de las ideas, algunos lo enfrentan poniendo obstáculos en el camino, parecen preferir avanzar con las anteojeras de un caballo de carreras, evitando observar el flujo de información, acceso y oportunidades que presenta la tecnología para el futuro de la innovación y de la creatividad.

Columna escrita originalmente para Terra Magazine.

Notas de Campus Party, Día 2

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Ya es Jueves, el sol salió en Bogotá, apuntes del día 2.

1.- El taller que dicté ayer estuvo bastante mejor de lo que pensé. Hubo una buena cantidad de gente y preguntas muy interesantes, algunas de ellas muy basadas en el contexto colombiano, lo que fue especialmente importante porque ayudó a comprender el contexto y la importancia que tiene el desarrollo de los blogs como herramienta para la libertad de expresión. Especialmente en países que o tienen regímenes lejanos al ideal democrático liberal, o bien para países con precarias condiciones para el desarrollo de derechos fundamentales, como es el caso Colombiano.

2.- John Mad Dog Hall es director ejecutivo de Linux International y es una celebridad. Es como un viejo pascuero bonachón, viene a dar una charla sobre las empresas del futuro basadas en código abierto. Pasa todo el día sacándose fotos con los frikis, cosa que según me entero con posteiroridad, está en su contrato y también en el mio. Pero claro, yo soy un pájaro chico

3.- Se acaba de realizar un flashmob en el marco de un taller de comunidades virtuales organizado por Álvaro Ramírez, de quien ya conté ayer, donde precisamente se apuntó a enviar un mensaje en contra de la proliferación de armas en Colombia. Un tema no menor, como podrá comprender cualquier lector atento. Si bien todavía no entiendo bien el lado trascendente de estas “comunidades casuales”, sí intuyo que tiene mucho que ver con el trascender el entorno tecnológico y mostrar que en definitiva todo esto no es una red de computadores sino una red de personas. Y no, no me estoy poniendo jipi de repente.

Desde Campus Party 2008, Bogotá

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Ya estoy instalado (nunca mejor dicho) en el recinto CORFERIAS en Bogotá, Colombia por invitación de la gente de Futura Networks y los encargados de Campus Blog a lo que publicitan como el mayor evento de entretenimiento electrónico en red del mundo, el famoso Campus Party que por segunda vez se hace en sudamérica.

A pesar de lo que uno podría creer en un principio, no está TAN lleno de geeks parecidos al de Los Simpsons y no ha sido concebido como un tarreo. Es decir, hay mil quinientos puntos de red con enchufes, sillas y mesas, pero la organización se ha preocupado de organizar un impresionante número de actividades paralelas que va desde charlas y mesas redondas sobre astronomía, software libre e inclusión digital, hasta conferencias sobre tópicos específicos. Cuando digo impresionante número de actividades lo digo en serio.

Y bueno, este miércoles estaré dictando un pequeño taller sobre los asuntos legales que todo bloguer debiera conocer y cuales son las formas, los subterfugios y los trucos para ser un buen ciudadano digital ;) Eso sería a las 14 horas de Colombia del miércoles. El jueves es el turno de una conferencia que estaré dictando llamada “Música, Legalidad y nuevos modelos de negocio”, para el deleite de los campuseros, como son denominados los participantes del evento.

Estuve hablando por la mañana con mi estimadísimo David Sasaki del Global Voices quien viene de montar un interesantísimo proyecto en Medellín y que estará dictando un par de talleres sobre blogs comunitarios. En fin. Va a ser una semana bastante movida, con harta actividad y networking. Voy a estar reportando lo que me parezca más interesante por estos lados y hasta capaz que grabemos un Circobit. Manténgase en sintonía.