Law is poetry II
Se entiende por playa del mar la extensión de tierra que las olas bañan y desocupan alternativamente hasta donde llegan en las más altas mareas.
Andrés Bello (1781-1865). Artículo 594 del Código Civil Chileno.
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Se entiende por playa del mar la extensión de tierra que las olas bañan y desocupan alternativamente hasta donde llegan en las más altas mareas.
Andrés Bello (1781-1865). Artículo 594 del Código Civil Chileno.
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Las abejas que huyen de la colmena y posan en árbol que no sea del dueño de ésta, vuelven a su libertad natural, y cualquiera puede apoderarse de ellas, y de los panales fabricados por ellas, con tal que no lo hagan sin permiso del dueño en tierras ajenas, cercadas o cultivadas, o contra la prohibición del mismo en las otras; pero al dueño de la colmena no podrá prohibirse que persiga a las abejas fugitivas en tierras que no estén cercadas ni cultivadas.
Andrés Bello (1781-1865). Artículo 622 del Código Civil Chileno.
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Fotografía de Cory Doctorow, CC:BY-SA
Antes fueron los Tratados de Libre Comercio (TLC). Está siendo desde hace un tiempo en el norte y Europa ACTA. Hoy Trans-Pacific Partnership o TPP es la nueva sigla de moda. La nueva sigla que merece nuestra atención.
Pensado en principio como una manera de establecer mejores condiciones de libre comercio entre países de la región Asia-Pacífico, el TPP es un acuerdo comercial multilateral que pretende regular distintos asuntos relativos al intercambio de bienes, servicios e información. Como viene siendo una nefasta tendencia en estas materias, las negociaciones han revestido carácter de secretas y por tanto, tal como sucede con la discusión relativa a ACTA, ha sido sólo a partir de la filtración de los términos de negociación que grupos de la sociedad civil han podido ejercer algo más de control respecto de los eventuales acuerdos que estos países pueden llegar a tener.
Como suele suceder en estos casos, la agenda de la propiedad intelectual vuelve a ser uno de los temas más importantes en las negociaciones. Si bien países como Nueva Zelanda han tenido una posición de relativo equilibrio, la semana pasada se filtró la propuesta del Estados Unidos sobre la materia, el que no sólo pretende ir más allá de lo establecido en los tratados bilaterales sino que en ciertos casos excede incluso los polémicos estándares del ACTA. Entre otras cosas, se propone:
Estas medidas no sólo van en contra de los ya elevadísimos estándares en materia de protección que tiene Chile luego de la firma del TLC con Estados Unidos, sino que además obligaría a establecer legalmente medidas de dudosa constitucionalidad y que atentan contra el ejercicio de derechos fundamentales especialmente en internet.
Chile no debería aceptar ni negociar medidas que afecten derechos fundamentales de sus ciudadanos bajo el pretexto de proteger un sistema de propiedad intelectual defectuoso, anquilosado en el tiempo y que por lo demás reporta dudosos beneficios para la industria local. Por el contrario, los esfuerzos por tener un mejor sistema de derechos de autor por parte de distintos grupos de la sociedad civil que se vio reflejado en la última reforma legal debiera ser un elemento decisivo para que nuestro gobierno haga una apuesta madura y potente hacia el fortalecimiento de los equilibrios involucrados, que potencie y no ahogue el acceso al conocimiento y la innovación.

Arcade Fire are now one of the biggest live acts in the world. It’s not all about record sales. It’s about making great records and it’s about building a loyal fan base. Ther band make great albums, they’re not a radio driven singles band. On top of that, they own their own masters and copyrights and are in complete control of their own destiny. Things couldn’t be better.
«Arcade Fire es hoy por hoy tiene uno de los shows en vivo más grandes del mundo. Y no es por las ventas de discos. Es por hacer grandiosos discos y construir una base leal de fans. La banda hace buenos discos, no hacen discos para insertar singles. Además de eso, ellos tienen propiedad sobre los masters y derechos de autor y están en completo control de su destino. Las cosas no pueden ser mejor.»
(Scott Rodger, manager de la banda)
Fotografía de Phil King, CC:BY
Interrumpo mis vacaciones (en realidad mal podría interrumpirlas si escribo con una cerveza en la mano, los pies en la arena y el sonido de las olas de fondo) para compartirles un texto del inversionista Fred Wilson respecto de un tema que está relacionado con mis días de asueto.
Así que de mala gana, hice una búsqueda en torrents. Encontré un montón de torrents del disco y rápidamente tuvo el disco en formato mp3. Me tomó menos de un minuto en comparación con los más de 20 minutos que perdí tratando de comprar el disco de forma legal!
Esto está jodido. Quiero pagar por la música. Valoro el contenido. Pero vender música a algunas personas en algunos países y no venderla a los demás está muy jodido. Y la venta en formato de CD sólo está podrida. Y la publicación de todo el disco en la web para streaming sin que el contenido esté disponible para su compra es ridículo”.
Wilson habla de los discos. Yo quiero compartirles un par de ideas sobre los libros.
Hace unos días Ramón González, editor del sitio de literatura Letras Libres, analizó su experiencia de 40 días con un Kindle. Se dio cuenta que lee más, pero que sólo lee libros en inglés.
En los últimos cuarenta días he leído más libros en formato electrónico que en papel, aunque no por mucha diferencia. La proporción de ambas tecnologías va a depender ahora no solo de mí –que tengo mi decisión tomada– sino de la industria editorial. Por el momento no he comprado un solo libro electrónico en español: Amazon apenas vende libros en esa lengua y ninguna de las librerías españolas vende libros en formato compatible con el Kindle. Si hubiera optado por otro modelo, sin duda podría tenerlo ahora lleno de libros comprados en español, pero es un poco difícil de comprender que la inmensa mayoría de libros electrónicos a la venta en España sean incompatibles con los dos modelos de lector más vendidos, el iPad y el Kindle.
Me vine de vacaciones a un lugar tranquilo, lejano y caluroso. Ni siquiera esperaba tener internet. Para hacer incluso más agradable el asueto, me traje dos libros y un iPad. Uno de los libros -una recopilación en castellano de artículos de Simon Reylonds de la que ya les hablaré- no tiene, ni creo que piense tener- una versión electrónica. El otro, uno de Roth que tengo pendiente hace años, tampoco. Las razones de esta ausencia son varias, pero la más decidora es la increíble y absurda posición de la industria editorial española y de su intento de plataforma centralizada llamada Libranda.
La poderosa industria editorial española se demoró años en tomar una decisión respecto de su ingreso al mercado de los libros electrónicos. El argumento oficial parecía derivar de la añeja idea de esperar que el mercado madure y se estabilice antes de tomar una decisión arriesgada. Cuando se trata de la tecnología el tiempo corre en tu contra y lo más probable es que siempre sea tarde y tu competencia esté ahora en mejor posición que tú.
A contrapelo de la tendencia hacia la convergencia, los editores españoles decidieron tener una alianza con el lector Nook de Barnes and Noble, un competidor menor en la industria de los ebooks. Esto deja a los libros editados por esta mega alianza editorial absolutamente fuera del mercado de Amazon y su Kindle y, de pasada, a todos los aparatos que no lean los formatos llenos de DRM del gigante librero norteamericano.
Además está el tema del precio. En el mercado editorial tradicional, el valor del libro está determinado por el costo de fabricación (papel, tapa, diagramación, diseño, impresión), el pago de derechos de autor (suele ser el 10%), el de distribución y almacenaje y el porcentaje del librero que ronda el 40% del precio de venta al público. Uno de los secretos del éxito de Amazon es la estandarización de los precios, vendiendo buena parte de su catálogo a menos de diez dólares. Pese a que en el libro electrónico la editorial puede ahorrarse buena parte de los costos tradicionales asociados -incluido el brutal 40% del librero- los precios que pretenden cobrar las editoriales españolas distan de traspasar ese ahorro al lector-cliente y parecen tratar de inhibir antes que fomentar la distribución digital.
Las fuerzas del mercado son algunas veces predecibles. Cuando lo que escasea es la oferta, no por falta de bienes sino de codicia, es la llamada “piratería” la que alimenta la demanda. Tal como le sucede a Fred Wilson en el caso de la música, son tantas las trampas que instala en el camino el cercado mercado editorial que si el ejercicio es querer leer un libro electrónico en castellano es más probable que lo encuentre pirateado que en una tienda regular. No son malvados piratas quienes alientan la distribución “ilegal” de libros en formatos electrónicos, sino la incomprensibles decisiones de la industria editorial española que con precios ridículos, limitaciones geográficas y de formatos y oferta escasa llaman a gritos a la creación de grupos de lectores ávidos de lectura que -gracias a a Tumblrs, foros y blogs- se convierten en valientes bibliotecarios del nuevo siglo.

Cuando se acerca el temido -aunque inútil y al parecer poco disuasivo- reporte 301 de la USTR (Office of the United States Trade Representative) comienzan a aparecer las notas de prensa haciendo ver a Chile como un paraíso para el comercio ilegal de mercancías y la piratería rampante. Notas de prensa alentadas por los departamentos de relaciones públicas locales de garantes de la competencia y el libre mercado como son Business Software Alliance (BSA) y Microsoft, cuyos representantes parecen ser los únicos validados para dar por verdades certificadas dudosos estudios encargados por ellos mismos y ratificar la gravedad de un reporte -el 301- que ayuda a redactar la propia industria norteamericana y que pretende presionar comercialmente a países pequeños como Chile para endurecer cada vez más sus leyes de propiedad intelectual.
Las oficinas de relaciones públicas de estos voraces lobbys parecen estar bastante cerca de la redacción de El Mercurio, que -de manera paradójica, si lo piensa- copypastea comunicados de prensa haciendo ver la gravedad de la situación. Las fuentes, una vez más, siguen siendo las mismas y anuncian lo impresentable que es este pequeño país al lado de las economías de aquellos países con los que ansiamos codearnos y compartir pisco sour en los cócteles con nuestros tuxedos de segunda mano.
Buscar el informe de la consultora IDC es una empresa complicada. La noticia, además, no aparece más que en El Mercurio. Google News no da resultados y el buscador de la propia consultora no entrega información relevante. Donde sí existe información relevante es en el sitio de la propia BSA, donde aparece la misma información que publica El Mercurio con fecha de hoy 1 de febrero en un comunicado de prensa enviado desde Washington DC el 11 de mayo de 2010. Sí, hace más de ocho meses.

En dicha fecha, además, el matutino ya titulaba la nota de prensa como «Piratería de software en Chile baja tres puntos y llega a 64%», una paráfrasis un poco floja de la bajada de la nota de hoy.

Chile, en un estudio que ni siquiera aparece en la página web de la consultura, al parecer tendría una tasa de 64% de piratería de software, aunque sin especificar con claridad qué significa ello. Al mismo tiempo, pareciera ser un elemento sin importancia las diferencias de ingreso per cápita de los mismos países socios o las diferencias vergonzosas en los niveles de penetración digital que aparecen en la comparación. Para qué hablar de los estándares normativos que se intentan promover, donde Chile parece ser el alumno más aventajado de la región gracias a sus tratados internacionales de libre comercio.
A estas alturas del partido exigir en Chile un periodismo medianamente crítico se parece más a un ejercicio de nostalgia que una necesidad para nuestra democracia. Sobre todo en febrero.
Actualización:
A la nota de El Mercurio se le agrega el copypaste de:
Lo que sigue es una columna escrita para la web de la ONG Derechos Digitales.
§ §
A mediados del año 2010, publicamos nuestras dudas respecto de la entonces recién promulgada ley de neutralidad de la red. Pese a la euforia inicial, acrecentada por la idea de ser la primera legislación sobre neutralidad de la red en el mundo, la normativa que modificaba la Ley General de Telecomunicaciones (LGT) mostraba una serie de problemas, además de entregar muy amplia discrecionalidad al ejecutivo al momento de redactar el reglamento de la ley. Varios meses después, con el reglamento a la vista, se hace necesario volver a analizar cómo los principios de neutralidad se ven o no insertos en la normativa y si, en definitiva, es o no una reglamentación que impida la discriminación entre tipos de contenidos y aplicaciones por parte de los prestadores de servicios de Internet.
El reglamento establece una regla general, de la misma forma que lo hace el artículo 24h a) de la LGT, negando a los ISP la posibilidad de intervenir “arbitrariamente” en el uso de Internet por sus usuarios. A continuación, establece en el Artículo 8º ciertos casos en que se puede vulnerar el principio de neutralidad, señalando que los ISP podrán llevar a cabo medidas de gestión de tráfico y administración de red siempre que ello no tenga por objeto afectar la libre competencia. En dicho caso, agrega el inciso segundo, ello deberá ser informado previamente a los usuarios.
Adicionalmente, el inciso final del Artículo 8º -en una confusa redacción- indica qué considerará como acción restrictiva a la neutralidad, entendiendo como tal aquellas medidas de gestión de tráfico y/o de administración de red que tiendan a bloquear, interferir, priorizar -entre otras acciones- el acceso a servicios, aplicaciones y contenidos de la red no informadas a los usuarios o bien ejecutadas de manera arbitraria o discriminatoria. Finaliza el artículo indicando que entenderá por arbitraria y/o discriminatoria aquellas acciones que apunten a un tratamiento injustificadamente diferenciado entre proveedores de aplicaciones y/o usuarios.
Cabe destacar que publicado el reglamento, se extraña un proceso más participativo en su redacción –como ha sucedido en otras áreas-, toda vez que es un texto complejo, lleno de tecnicismos pero crucial para el desarrollo de Internet en el país. Una participación abierta de diversos actores sin lugar a dudas habría evitado algunas lecturas apresuradas y habría permitido tener un texto más rico y consistente.
Con todo, si bien siguen existiendo normas problemáticas, como la referencia a las actividades de carácter “legal” o la débil mención a la protección de los datos personales de los usuarios, ello no parece ser producto del texto del reglamento, sino de inconsistencias que ya están presentes en el texto legal. Es decir, de las carencias aún existentes en la regulación de la neutralidad de la red en Chile, no se colige que el texto del reglamento sea un paso atrás, sino por el contrario: la determinación clara de aquellos actos que se consideran “arbitrarios” (mucho más acotado que lo esbozado por la ley), y la exigencia a todo evento de información previa sobre los actos contrarios a la neutralidad autorizados por ley, hacen pensar que estamos dando un paso adelante hacia la consagración de un principio fuerte de neutralidad de la red en Chile.
Amador Fernández-Savater dirige en España una editorial llamada Acuarela Libros, donde suele publicar libros que distribuye con licencia Creative Commons. Por alguna razón que desconoce fue invitado a una cena con gente del mundo de la cultura -que me imagino debe ser parecido a nuestra «familia del tenis»- a discutir la posición del sector respecto de las descargas en internet y las horrorosas propuestas legislativas a las que nos tiene acostumbrados la el reino de la península.
Amador publicó un artículo que ha sido, en un guiño que no deja de ser interesante, profusamente copypasteado a través de internet, donde cuenta sus impresiones respecto de la reunión. Les recomiendo leer el artículo completo, pero les comparto un párrafo que de manera escalofriante refleja lo que suele pasar con las elites del mundo cultural también en nuestro país.
Lo que hay aquí es una élite que está perdiendo el monopolio de la palabra y de la configuración de la realidad. Y sus discursos traducen una mezcla de disgusto y rabia hacia esos actores desconocidos que entran en escena y desbaratan lo que estaba atado y bien atado. Ay, qué cómodas eran las cosas cuando no había más que audiencias sometidas. Pero ahora los públicos se rebelan: hablan, escriben, se manifiestan, intervienen, abuchean, pitan, boicotean, silban. En la reunión se podía palpar el pánico: “nos están enfrentando con nuestro público, esto es muy grave”. Pero, ¿quién es ese “nos” que “nos enfrenta a nuestro público”? Misterio. ¿Seguro que el público no tiene ninguna razón verdadera para el cabreo? ¿No es esa una manera de seguir pensando al público como una masa de borregos teledirigida desde algún poder maléfico? ¿Y si el público percibe perfectamente el desprecio con el que se le concibe cuando se le trata como a un simple consumidor que sólo debe pagar y callar?

Siempre cuento que si le pidieran a mi madre que describiera aun ligeramente lo que hago para ganarme la vida, la pondrían en una situación incómoda. Bueno, una de las cosas que hacemos en ONG Derechos Digitales es escribir cosas y publicarlas.
Mañana Jueves 13 de Enero tendremos la oportunidad de lanzar nuestra última creación. Es un libro que hemos denominado «Internet, copyright y derecho: Opiniones contingentes” y que consiste en una serie de columnas que escribimos con Alberto Cerda sobre temas relacionados con el derecho y la tecnología. Es un texto de aproximación sobre temas de alta complejidad pero de directa relación con el interés público. Lo que intentamos hacer allí fue concebir artículos para la lectura breve que provoque una pasajera reflexión siquiera acerca de las nuevas y las viejas ventajas y problemas que las tecnologías, e Internet en particular, ocasionan a nuestra existencia.
Yo estoy particularmente orgulloso de su existencia.
Mañana en nuestra querida Facultad de Derecho de la Universidad de Chile lanzaremos este libro gracias al apoyo de los amigos del CEDI y comentarán el libro Alejandro Barros (ex Secretario Ejecutivo de la Estrategia Digital y actual director de ACTI) y Salvador Millaleo (profesor de derecho UDP). Será a las 18:30 horas y, además de tener el libro a precio rebajado, dicen que habrá vino de honor para los asistentes. Estoy seguro que varios de los lectores del blog les interesaría asistir. Si lo desean, les ruego confirmar al correo cedi@derecho.uchile.cl.

La fundación Wikimedia acaba de recaudar 16 millones de dólares en su campaña de recaudación de fondos, dinero donado por más de medio millón de personas alrededor de más de 140 países. En promedio, cada uno donó 22 dólares a la fundación que maneja, entre otros, la ubicua y maravillosa Wikipedia.
Además de ser una gran noticia (no sólo por llegar a la meta sino también para dejar de ver la cara de perro apaleado de Wales), me ha hecho recordar los rabiosos argumentos por los paladines del derecho de autor en Chile sobre esa extraña cultura del todo gratis que esgrimen algunos y que pareciera ir en contra de la cultura y nuestros autores.
Esta cultura, que pareciera ser una campaña orquestada quién sabe en qué oficina de odiosa multinacional, estaría llevando a una crisis en nuestra industria cultural, que pareciera estar pereciendo cada minuto que pasa producto de estos malditos internautas que no pagan lo que debieran.
Tres ideas. (1) En Chile se editaron 70 nuevos discos chilenos el 2010, sólo dos de ellos por multinacionales: Los Bunkers (Universal) e Inti Illimani (Warner). (2) No se recuerda en Chile otro año con más conciertos en vivo que el 2010. (3) Si Wikimedia recauda 16 millones de dólares, quizás el problema no es que la gente no quiera pagar. El problema quizás está en que no les ofrecen algo por lo que valga la pena pagar, que es diferente.
La fotografía es de Mike Perez, CC:BY