
La teoría legal ocupó muchos años en determinar el alcance del derecho de propiedad sobre la tierra. Durante décadas, particularmente en Estados Unidos, hubo mucha discusión respecto de si la propiedad de un terreno implicaba o no propiedad sobre lo que se posaba sobre él o sobre aquellas cosas preciosas que se pudiera eventualmente encontrar en el subsuelo. Lejos de ser una discusión inútil (de hecho hoy tenemos reglas precisas respecto de la caza de animales en terrenos de otros o de la propiedad de las minas que se encuentren bajo tierra), la determinación del límite de la propiedad fue desafiada por la creciente industria aeronáutica a principios del siglo pasado. Si la propiedad de los terrenos, como señalaba una de las tesis imperantes, implicaba control de todo lo que estuviera bajo y sobre tierra al infinito, nada obstaría a que las compañías de aviación tuvieran que conseguir permiso de cada uno de los terratenientes dueños de los terrenos donde sobrevaloran los aviones.
Suena una historia de laboratorio, pero fue algo que de hecho tuvo que decidir la Corte Suprema norteamericana en 1954, en un caso donde los campesinos Thomas Lee y Tinie Causby demandaron por la muerte de los pollos que criaban en su granja, provocado al parecer por los vuelos a baja altura de aviones militares. Naturalmente, argumentaban la “propiedad” que tendrían al ser dueños de la tierra, de todo aquello que se extienda indefinidamente hacia el cielo y, por tanto, control, respecto de lo que pasara por sobre sus sombreros. El juez Douglas, resumió en una frase la decisión final de la Corte diciendo que la idea -la vieja idea de la propiedad desde el subsuelo hasta el infinito- “repugnaba el sentido común”.
Pero en el siglo veintiuno algunos todavía pretenden esgrimir derechos parecidos a los que Lee y Causby pretendían sobre el espacio aéreo pero esta vez sobre terrenos intelectuales.
Internet es enlazar. Parte del valor que constituye a internet como un lugar abierto para la innovación, la creación y el conocimiento es el lenguaje HTML, que permite ir de un lugar a otro y contextualizar conocimiento a través de hiperenlaces. Ha permitido la generación y adaptación de diversos modelos de negocio y nuevos modelos de colaboración, gracias fundamentalmente a su naturaleza abierta. Enlazar es parte de un lenguaje que hemos hecho propio durante los últimos años, es parte de las prácticas que permiten no sólo apuntar a contenidos de otros sino también contextualizar y generar valor.
Pero como sabemos para algunos, fundamentalmente la industria de contenidos e instituciones de cobro de derechos, internet no es una tierra abierta a oportunidades e innovación sino algo parecido a un tenedor libre (su conexión a internet) donde piratas (usted) le roban (comparten) y por tanto lucran -qué buen momento parece ser hoy para profundizar sobre el lucro- sobre el contenido que les pertenece. Ante este escenario, que está provocando (según ellos) la muerte de la industria y la decadencia de la música y la cultura, es necesario que la ley (todos nosotros) proteja con fuerza (con cárcel en lo posible) estas industrias que ha hecho ganancias millonarias durante casi un siglo gracias a la comercialización de soportes y formatos (vinilos, cassettes, CDs) que almacenan contenido protegido por la ley. En resumen, que todos protejamos un modelo de negocio de unos pocos (muy pocos) que no han sabido adaptarse a la realidad del mundo digital y pretenden mantener, por ley, aquellos privilegios que ya no tienen sentido en la era de internet.
Como si no fuera suficiente la presión y el lobby en el Congreso, desde hace algunos meses han comenzado a enviar a bloggers y editores de contenido en internet cartas de cobro por el pago de una licencia de streaming que permitiría legalmente (según una torcida interpretación de la ley) hacer embebed de videos de Youtube. Cobrar por enlazar, en resumen, videos que usuarios y titulares publican en Youtube.
Establecer un cobro por enlazar es inaceptable porque equivalente a establecer un impuesto -administrado, además por privados- por ejercer la libertad de expresión en internet. El ejercicio de la libertad de expresión, y de cualquier derecho fundamental, no puede estar sujeto a las condiciones que establezcan arbitrariamente privados, menos si se trata de quienes precisamente son objeto del contenido, como es el caso de los titulares de derechos de autor que pretenden controlar lo que se dice respecto de sus obras estableciendo una tarifa.
La discusión respecto de si enlazar es bueno tiene que ver finalmente con el ejercicio de nuestros derechos en internet. Con ejercerlos, contextualizarlos y hacerlos propios. Tomar partido a favor de nuestros derechos y en contra de prácticas agresivas que pretenden limitar el alcance de la libertad de expresión en internet.
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Quizás es este un buen momento de explicar por qué enlazar es bueno, compartir tus ideas en twitter usando el hashtag #enlazaresbueno, y, si puedes, compartiendo alguno de estos banners y unirte al grupo en Facebook.
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El capital, con su infinita sed de lucro, ha llegado a someter a la lógica mercantil bienes que siempre pensamos que eran demasiado comunes (el agua y el aire) o demasiado personales (la intimidad y las convicciones políticas) para ser intercambiados en el mercado. Entre creer que el dinero media todo y creer que se puede hacer todo para obtenerlo hay un paso mucho menor de lo que se piensa. Los poderosos dan ese paso todos los días sin que nada les pase. Los desposeídos, que piensan que pueden hacer lo mismo, terminan en las cárceles.
Boaventura de Souza Santos, un amigo de acá de la casa, explicando la ola de violencia en Inglaterra. Texto completo en lo RG.
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Un grupo de diputados UDI han presentado un proyecto de reforma a la Constitución que pretende se consagre en el texto que el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer. (Texto completo en formato Microsoft Word). Cuando lo anunciaron fueron escoltados por representantes de la iglesia evangélica y declararon que era una reacción ante el envío al Congreso del Acuerdo de Vida en Pareja (AVP) por parte del ejecutivo, un modesto proyecto que pretende formalizar uniones no matrimoniales.
Uno puede estar en desacuerdo con la estrategia de los diputados UDI. Uno puede estar en desacuerdo en sus supuestos y, obviamente, en sus propuestas. Pero la lectura del documento lleva a concluir que no solo es equivocado sino que está mal escrito hasta la vergüenza y es francamente ridículo.
Es que el argumento es este. Dicen los diputados que hay acuerdo en:
- La doctrina, donde citan a una pléyade de civilistas y abogados de familia.
- Tratados internacionales (sí, citan la Declaración de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos civiles y políticos y el Pacto Int. de Derechos Económicos Sociales y Culturales) la ley y la Constitución.
- La ley, haciendo un juicios muy graciosos del artículo 102 del Código Civil.
- Todo esto, según los diputados:
“determina que una interpretación de buena fe de la Constitución no pueda sino concluir en que en el Derecho chileno el matrimonio es entre un hombre y una mujer y esa es la base en que se funda la familia”
Si todo esto fuera cierto (que por cierto no lo es), la conclusión obvia es que en realidad no se entiende muy bien por qué sería necesario un cambio en el texto constitucional que garantice algo que, según los diputados, se encuentra masivamente acogido en nuestro sistema legal.
Pero fuera de eso, el texto que se propone insertar en el artículo 1 de la Constitución es este:
“En garantía y protección de la familia, sólo un hombre y una mujer, tienen el derecho para contraer el matrimonio.”
O sea, como garantía y como forma de proteger una institución se restringe sin ningún argumento más allá de las intuiciones o las graciosas contorsiones exegéticas el alcance del matrimonio a parejas de distinto sexo. Pero lo más llamativo es que con esta pequeña frase es que -además del escaso rigor en la redacción- queda de manifiesto que la única familia que los grupos conservadores reconocen es la familia nuclear, entre un hombre y una mujer, sin tomar en cuenta la diversidad de tipos de familia existentes en Chile y su dinamismo.
| Tipo de hogar |
Censo 1992
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Censo 2002
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| Nuclear monoparental sin hijos |
8,5
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11,6
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| Nuclear monoparental con hijos |
8,6
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9,7
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| Nuclear biparental con hijos |
41,6
|
38,1
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| Nuclear biparental sin hijos |
7,5
|
9,3
|
| Extensa biparental |
16,5
|
14,9
|
| Extensa monoparental |
7,1
|
7,0
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| Familia compuesta |
4,3
|
3,2
|
| Hogar sin nucleo |
5,9
|
6,3
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| Total |
100,0
|
100,0
|
Probablemente este proyecto será uno más de aquellas iniciativas que solo sirven para la estadística de los diputados y terminará durmiendo en alguna comisión parlamentaria sin apoyo del ejecutivo y sin piso parlamentario para su aprobación, tomando en cuenta los altísimos quórums que se requieren para cambiar el texto constitucional. Pero es interesante como una propuesta no solo simplona y con escasa fundamentación sino que además abiertamente excluyente esté dentro de nuestro circuito de debates parlamentarios para saciar la histeria de un par de parlamentarios, habida cuenta de la emergencia del debate sobre la educación en Chile. Nada, impresentable.
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La foto es de bdeboikot con licencia CC:BY-NC
Tradicionalmente la libertad de expresión suele ser asociada con el ejercicio de la libertad de prensa y de la libertad informativa. Pero si analizamos desde la óptica de los derechos fundamentales, pilar de la democracia, veremos que la expresión o manifestación de discursos suele tener caminos sinuosos incluso para la institucionalidad. Sin ir más lejos, hasta hace pocos años era difícil de pensar en el ejercicio de derechos a través de medios electrónicos y hoy la emergencia de las redes sociales ha sido muchas veces herramienta fundamental para canalizar desconteto y disenso político.
Una de las formas, quizás de las más radicales, en que se ejerce este derecho es a través de la protesta. Y resulta radical no solo por su método, sino fundamentalmente porque en la gran mayoría de los casos resulta ser la única salida para expresar posiciones políticas que el sistema democrático de otra manera le impide expresar. Mientras los grupos privilegiados gozan de variedad de instancias de participación e influencia en la toma de decisiones políticas a través de centros de estudios, Universidades, gremios y lobbies, la democracia promete a los grupos más desaventajados una participación temporal, difusa -y en Chile en muchos casos simbólica-, a través del voto.
Las demandas estudiantiles tienen mucho de esto último. La comunidad compuesta por profesores, estudiantes y funcionarios, poco tuvieron que decir durante los profundos cambios realizados en dictadura no solo respecto del proceso de municipalización de la enseñanza durante la década de los ochenta sino a propósito del proceso de liberalización de la educación superior. Hoy, víctimas de los resultados de dichas medidas, no tienen instancia de participación formal alguna para promover modificaciones a un sistema que careció de cualquier tipo de contrapeso deliberativo. Visto así, no resulta sino corolario de lo anterior que la forma en la que estas pretensiones se manifiesten en la esfera pública sea a través de marchas y protestas en el espacio público.
Las últimas declaraciones del Ministro del Interior, señalando que no autorizará la realización de nuevas marchas de estudiantes por la Alameda, nos recuerdan además nuestra vergonzosa tradición consistente en llenar de cortapisas y límites al ejercicio de la libertad de expresión basada en la defensa de derechos inexistentes (‘Última Tentación de Cristo’), el honor de autoridades públicas (‘Impunidad Diplomática’ y ‘El Libro Negro de la Justicia Chilena’) y, por cierto, la seguridad del Estado (caso de la documentalista Elena Varela). De alguna manera, pareciera ser que hemos construido una sociedad y un modelo de participación política donde son el temor y la represión nuestras formas de respuesta ante la disidencia y la participación política de grupos desaventajados. El derecho a la protesta no es sino una forma de manifestación del derecho a la libertad de expresión.
Por cierto los conflictos entre derechos constitucionales son parte de la vida en comunidad. Ante esta realidad es que resulta importante detenerse en la forma en la que iremos a resolver estos conflictos. Mientras en Chile hasta no hace mucho teníamos fallos e importantes constitucionalistas defendiendo la inquietante tesis de la jerarquización de los derechos basados en el orden establecido en el artículo 19 de la Constitución, la doctrina moderna sostiene la importancia del análisis de ponderación entre los intereses en juego de acuerdo al caso concreto. Así, no habrá decisiones canónicas y resueltas previamente, sino que, dependiendo de las circunstancias del caso, se fallará algunas veces a favor y otras en contra del derecho al honor en conflicto con la libertad de expresión.
El ejercicio del balance o ponderación de derechos como se ve es fundamental para evitar excesos discrecionales y afectación más allá de lo razonable de derechos fundamentales. Si bien, visto así, no hay derechos prima facie más importantes que otros, cuando se trata de la libertad de expresión se requiere tener muy buenas razones para resolver en su contra. Y esto por una razón muy sencilla, porque el ejercicio de la libertad de expresión de los ciudadanos está muy cerca del núcleo duro de lo que entendemos por democracia.
Por último, pero no por ello menos importante, la pertinencia o no del ejercicio de la protesta en cualquier caso va a estar determinado por lo que decidan las autoridades judiciales y en caso alguno por lo que determine la autoridad política. Resulta a lo menos grave que las autoridades públicas pretendan determinar la forma (“no vamos a prestar la Alameda“, señaló el alcalde de Santiago) y pertinencia (“los tiempos de marchas y protestas ya cumplieron su rol“, dijo el Presidente) de las manifestaciones políticas. El rol de las autoridades – importante, sin duda- debiera ser en primer lugar garantizar las condiciones para el ejercicio de estos derechos y tomar providencias necesarias para evitar actos delictuales asociados. Pero resulta cuestionable -incluso simbólicamente si se quiere- que no solo la autoridad pretenda determinar la manera de expresar descontento sino además se haga esgrimiendo normativa de tiempos de dictadura militar de dudosa constitucionalidad.
Si el ejercicio de la libertad de expresión resulta estar mediado o condicionado por una decisión de las autoridades públicas, a la libertad de expresión, en definitiva, se le vacía de todo su contenido.
(Columna publicada en Cooperativa)
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“No piratiemos (sic) la familia, creación registrada por Dios”
Visto en una pancarta en la “marcha por tus valores”, protesta “pro-familia” organizada por comunidades cristianas en Santiago de Chile. Cuando se dice pro-familia, claro, lo que quieren decir en realidad es anti-familia homosexual. La fotografía es de Kena Lorenzini.
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El parlamentario se comprometió a patrocinar, es decir presentar a su nombre, todas las indicaciones al proyecto de ley que desee incorporar la Unión Nacional de Artistas. Para ello encomendó a uno de sus asesores para trabajar en conjunto con la UNA.
Si lo que dice la Unión Nacional de Artistas (sic) es cierto, es bastante grave.
Una cosa es escuchar a interesados en determinada discusión parlamentaria, que es parte de la democracia. Otra muy distinta es comprometerse a patrocinar todas las indicaciones que le proponga un grupo de interés.
Girardi, un senador preocupado por la transparencia y la fiscalización da una muy mala señal al entregar un cheque en blanco a una agrupación que reúne una serie de organizaciones privadas vinculadas con la cultura y, cuando se trata de batallas legislativas, tiene una sospechosa tendencia a defender en el Congreso posiciones conservadoras y estrechamente vinculadas a entidades de gestión colectiva y a la industria del entretenimiento internacional.
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(Artículo escrito para Super45)
“Parecen lápidas”, fue la respuesta que Alex Steinweiss le dio a los ejecutivos de Columbia Records cuando, en 1939 y recién contratado como director de arte de la compañía, le preguntaron su opinión respecto de la forma tradicional en que los discos de setenta y ocho revoluciones se distribuían en el mercado. Para un diseñador con experiencia en la confección de afiches, el pesado sobre de papel kraft que terminaba estropeando el vinilo no solo era un problema técnico, era una oportunidad estilística.
El disco que contenía los ‘Smash Song Hits’, de Richard Rodgers y Lorenz Hart (posteriormente conocidos por canciones como Spring is Here) fue el puntapié inicial del novedoso invento de Steinweiss, mezcla de innovación en la técnica y creatividad en lo estilístico. En lugar de seguir distribuyendo los delicados discos polivinílicos en sobres de papel, Steinweiss ideó un envoltorio exterior donde desarrollar un concepto que posteriormente iría a ser parte consustancial de la manera en la que entendimos la música hasta la emergencia de la era del MP3. Desde el punto de vista gráfico, la primera portada o carátula de disco nos entrega pistas de buena parte del aporte estético que legaría Steinweiss para el desarrollo de la industria musical, basado fundamentalmente en la estética de moda en europa vinculada a Cassandre y Jean Carlu. La fotografía en primer plano del tablón de anunciones del Teatro Imperial de Manhattan sobresalía, gracias a un primitivo collage, por sobre un listón de círculos concéntricos anaranjados, construyendo un enlace sutil entre la experiencia musical de la Orquesta Imperial de Rick Rogers y el vinilo interior.

No deja de ser interesante pensar en la reinterpretación de la estética del póster europeo hecho por Steinweiss que no sólo significó un cambio radical en las formas tradicionales de distribución de los discos sino que además, utilizando técnicas variadas, que van desde collages, relezclas y guiños con referentes culturales de su época, sentó las bases de una concepción audiovisual de la industria de la música de la que somos partes hasta hoy.
Si bien el reinado del formato digital marca un hito en esta vinculación y en la relevancia del cover art como un referente cultural, dista de estar listo para el olvido. Si lo miramos con prespectiva, quizás buena parte de la importancia de la dimensión estética en la música moderna (para no hablar solamente del rock) ha pasado en cierta forma por el coladero de la innovación de Steinweiss. Desde las primeras carátulas hasta la generación, desarrollo y muerte de la generación MTV y Youtube tiene algo que ver con la manera en la que Steinweiss se imaginó el cambio en los modestos empaquetados de los discos del pasado. Sin ir más lejos, y si miramos con atención incluso movimientos comerciales de Apple, probablemente convengamos que los aportes de Steinweiss siguen aquí con nosotros.
Ayer, a los 94 años de edad, se confirmó la muerte de Steinwess.
Más enlaces sobre el arte de Alex Steinweiss: Birkjazz, Brain Pickings.
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¿De dónde viene ese extaordinario poder del lobby SGAE? En parte, del control sobre artistas y creadores que son prestados a los partidos políticos para amenizar sus aburridos mítines electorales a ver si la gente se anima. Y para convencer a los jóvenes de la bondad de los partidos aprovechando su celebridad. Pero también se debe a la eficacia de un pequeño grupo de profesionales de la influencia política, muy bien organizado y con una estrategia diseñada para ocupar el espacio cultural del país con las ministras de Cultura como sus valedoras en el Gobierno.
Manuel Castells, tratando de explicarse el poder de la SGAE. Titula su columna Sin decencia y yo creo que aplica no solo para España.
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Me puse a pensar qué era lo que me provocaba tanta pena, qué me afectaba tanto con la muerte de Facundo Cabral. Y puse Entre dios y el diablo, ese disco que recuerdo mi padre escuchaba una y otra vez en dictadura. Me acordé, de pronto, que al principio lo único que le entendía a Cabral eran sus chistes. El chiste de las putas cayendo del cielo. El del arca de Noé. Con el tiempo también entendí que existía Galtieri, Videla y, en el fondo, con terror, que había otros Pinochet allá afuera.
Pero lo que más recuerdo de las canciones -en rigor recuerdo más los relatos que sus melodías- fue que aclararon, en mi tierna pubertad, todas aquellas cosas que me incomodaban intuitivamente de la iglesia católica y, en general, de la fe. Hoy me entero que Cabral era un tipo religioso, que aquellas canciones que yo leía en clave irónica e iconoclasta eran en serio. Que de verdad Cabral creía en dios y en el diablo. A Facundo Cabral a partir de hoy lo voy a recordar como un creyente profundo que me ayudó a entender que la religión y la fe están más cerca del espectáculo y el poder que de la rectitud moral trascendente. Chau, F.
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“Y lo siento mucho por los apóstatas de la propiedad intelectual y por los telepredicadores del Creative Commons y del Copyleft y de toda esa sarta de tonterías que lo único que hace es tratar de hurtarle al autor lo más sagrado, lo que más le pertenece”.
Teddy Bautista, para RNE en 2008.
Hoy, bajo investigación en España por apropiación indebida.
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