Examen a la comunidad FLOSS en Chile: una reflexión

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Fotografía por yggg, CC:BY-NC

La frase de Linus Torvalds que nos recuerda Eduardo Díaz «talk is cheap, show me the code» se me aparece, por distintas razones, repetidamente en el día a día. En parte porque ganándome la vida desde la esquina del non-profit y el activismo es muy común ver propuestas tan bienintencionadas como poco prácticas, en parte porque muchas veces somos mejores proponiendo que haciendo. Mucho gestor, poco actor. Pero esa es otra historia.

Hacía rato que tenía ganas de aportar a la discusión que astutamente ha propuesto Marco Zúñiga para tener más datos respecto del estado real de la comunidad de desarrollo de software libre en Chile. En resumen, Marco propone entregar un premio a quien sea capaz de identificar a lo menos tres empresas exitosas en Chile cuyo negocio se base en productos Open Source, y explicitar tres proyectos de desarrollo comunitario en Chile con más de 10.000 usuarios, más de 10 desarrolladores activos y duración de más de un año. Un desafío más que interesante en el marco del desastre de licencia GPL-CL presentada por la Secretaría de Desarrollo Digital.

Eduardo Díaz tomó el desafío y se fue a bucear al -en las últimas semanas tristemente polémico- Chileforge. Los resultados, como es posible esperar, son por sí solos tristes y desalentadores, estando prácticamente sin actividad en los últimos seis meses.

Hasta acá uno podría concluir apresuradamente varias cosas. Que no existe comunidad de software libre o que de existir es muy débil. Que los esfuerzos públicos han tenido escaso efecto para alentar al desarrollo de software FLOSS. Que, por tanto, resulta un mal negocio seguir invirtiendo plata y recursos públicos en un modelo que no parece tener sustentabilidad como industria.

Los números son expresivos. Pero también es expresiva la estadística, aquella ciencia que dice que si usted tiene dos autos y yo no tengo, resulta que mágicamente ambos tenemos un auto. Sin análisis, los datos no nos sirven. Bajo ese supuesto, yo quería agregar sólo un par de reflexiones para la discusión.

En primer lugar, Marco Zúñiga explicita que el objetivo de su propuesta es validar la afirmación «Existen múltiples casos de éxito de proyectos comunitarios y modelos de negocio exitosos OSS/FLOSS en Chile». De no validarse, entonces Marco no aceptará dicho argumento ni tampoco afirmaciones que sean consecuencia directa de ella. Razonable y lógico. Lo que Marco no se pregunta -astutamente, porque es un viejo zorro ;-)- es qué consecuencias de políticas públicas tendría la invalidación de la afirmación. ¿No más apoyo público a estas iniciativas? ¿Restar representatividad a las escasas y lamentablemente débiles agrupaciones de software libre chilenas? ¿Olvidarnos del FLOSS y concentrarnos en los servicios? Yo creo que la respuesta es negativa en todos estos casos, fundamentalmente porque existen argumentos que exceden la conformación actual de una industria (incentivos, asociatividad), y porque aun no existiendo casos exitosos en Chile, lo único que podría colegirse de aquello es que tenemos una conformación de mercado concentrada y débil. Y eso debería cambiar.

En segundo lugar, resulta evidente preguntarse qué es lo que provoca la inexistencia de proyectos FLOSS exitosos. ¿Es suficiente quedarnos con que no tenemos industria o es que acaso -al contrario de lo que el sentido común nos indica a priori- deberíamos poner todavía más energía y recursos en el desarrollo de una industria TI basada en herramientas libres y abiertas? La respuesta a esta y otras preguntas está además condicionada a la inexistencia de una institucionalidad con facultades y, unido a ello, las confusas y tambaleantes políticas públicas que ha tenido el Estado de Chile en materia tecnológica durante los últimos años, y que ha tenido su broche de oro con la tristemente célebre licencia GPL-CL. En otras palabras, si el rimbombante Comité Consultivo Nacional de la Estrategia Digital se ha reunido una vez en los últimos cuatro años, ¿Qué le podemos pedir a nuestra débil industria TI?

 

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Es mentira que las pérdidas por la piratería en Chile sigan aumentando

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Fotografía por Joriel, CC:BY-NC-ND

 

El Diario Financiero hace hoy un copypaste tradicional de los comunicados de prensa de las empresas de software, titulando que Chile habría aumentado en un 56% las pérdidas por piratería de software en 2009.

Según el artículo, mientras en 2008 las pérdidas por piratería de software habrían sido de US$202 millones, Chile habría perdido (cómo me encantan estos eufemismos) US$315 millones en 2009, lo que sería un crecimiento de un 55,9%.

Con premura, el abogado Rodrigo Bulnes, de la Business Software Alliance (curiosamente la única fuente citada en casi todos estos artículos), incluso se atreve a comparar estas pérdidas con número de mediaguas y con los fondos que se esperaban recaudar con el royalty a la gran minería del cobre.

Curioso.

Cada vez que se publican estas cifras, vuelvo a mirar el artículo que en 2008 escribió Julian Sanchez para Ars Technica, quien hizo una investigación respecto de estas cifras con las que periódicamente nos bombardea la industria. ¿Su conclusión? No tienen ningún asidero en la realidad.

Más todavía, hace un par de meses nos enteramos de un informe del gobierno norteamericano que examinó estos estudios sobre piratería admitiendo que muchos de ellos son inventos y, respecto de las cifras, sostuvo que

La naturaleza ilícita de la falsificación y piratería hace que estimar el impacto económico de infracciones a la propiedad intelectual sea extremadamente difícil”, señala el documento. Además, el valor en dinero que se le asigna a lo que supuestamente se perdió por esta actividad son “suposiciones… que pueden tener gran impacto en los resultados estimados”.

Recomiendo el análisis del informe hecho por Derecho a Leer, donde además se destacan los efectos positivos que incluso podría tener para la economía la piratería, los cuales deberían ser evaluados también.

Así se acaba lo curioso y aparece la falta de rigurosidad que, al parecer, no es sólo responsable el gremio de los periodistas.

Actualización: (Ojo las fuentes que citan)

- Publimetro.

- América Economía

- El Mercurio

- La Nación

- InfoWeek (con foto).

- Terra

- El Comercio de Perú (?)

- Diario Pyme

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Google + Imágenes + Creative Commons

Desde hace un tiempo, en sus opciones avanzadas, Google permite buscar imágenes filtradas por tipo de licencia Creative Commons, lo que es una fantástica noticia para quienes necesitan imágenes con algunos derechos reservados.

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No es gracias a la magia negra de Google que esto es posible, sino que este prodigio tecnológico se produce mediante la utilización de metadatos y estandarización que permite el framework RDF. En castellano, cada vez que agregamos en nuestra obra licenciada distribuida por internet (blog, fotolog, mp3, etc.) “el código” que contiene la licencia Creative Commons (el “machine-readable code“), estamos diciéndole a las máquinas que pasan por nuestras páginas que el contenido está “marcado” de una manera particular que, en este caso, significa una licencia de derechos de autor.

Hace un par de días, Google ha explicado la manera más fácil de hacer que las imágenes que subes a sitios web, puedan ser marcadas con su licencia respectiva que, en lenguaje informático se traduce como lo que sigue:


<div about="image.jpg">

<img src="image.jpg" alt="" />

<a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/">Creative Commons Attribution Share-Alike 3.0</a>

</div>

Y hasta lo explican en video.

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3 razones para usar Dropbox

La vida del geek no es fácil. Caídas de sistema, cortes de señal, formateos o pérdidas de datos a algunos pueden hacernos perder más que tiempo. La buena noticia es que hay varias aplicaciones que nos hacen la vida más fácil. Digo, la vida geek más fácil. De todas, hay una que me sorprende cada vez que puede y es Dropbox. Tengo varias razones, pero las tres más importantes son:

1.- Permiten trabajar colaborativamente un documento. Sí, no sólo Google Docs lo permite. No saben lo mágico que es cuando nos avisan de una actualización del archivo que estamos trabajando colaborativamente hecho por alguien que no está al lado tuyo, gracias a las carpetas compartidas.

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2.- Nunca más perderlo todo por sobreescribir un archivo!. Hace unas semanas casi comencé el proceso de apretarme los dedos contra la puerta al sobreescribir un archivo con otro que estaba editando encima. Bueno, hasta que me acordé de Dropbox y volví vía web a la versión anterior. En 5 segundos tenía todo solucionado y un dedo sin machucar.
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3.- Puedes compartir tus archivos en dos clicks. Esta debe ser la funcionalidad más difícil de entender en su utilidad, pero la que más terminas agradeciendo. ¿Tienes que compartir un doc con alguien? Arrastras. ¿Quieres compartir una foto que acabas de sacar? Arrastras y listo. Es magia.
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Es gratis hasta ocupar 2GB de espacio. Y no, no me pagan por hacerle propaganda.

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