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El día del derecho de autor

Hoy es el día del derecho de autor, y para quienes estamos permanente observando lo que se dice, escribe y publica sobre el tema, ha sido un día distinto. Hasta hace poco este día era utilizado como plataforma para denunciar la piratería, ese mal que aniquila(ba) nuestras industrias culturales y de pasada deja(ba) a los autores sin dinero para pagar su pan.

En días como este, nos acostumbramos a ver a autores, ya sean escritores o músicos, quemando libros piratas o pasando un aplanadora a cerros de cds y dvd incautados del mercado cuneta. El mensaje era claro y contundente, con piratas circulando, los creadores se van al carajo.

Pero algo no cuadra. Cada día salen nuevas bandas y solistas, cada día hay más gente haciendo y estudiando música, yendo a escuelas de rock, jazz, pop, ensayando nuevas mezclas, etc. Los talleres literarios no cubren la demanda, mucha gente está escribiendo, presentado proyectos al fondart o a las editoriales. Un amigo editor me sopla que al año reciben casi mil manuscritos, de todos los géneros y calidades, pero que sólo logran publicar un poco más del 5% de esa cantidad. Entonces, en qué quedamos, ¿no era que la piratería mataba la creación?

Me huele (y en algunos casos, hiede) que estos no eran más que gritos desesperados de las industrias y sus intermediarios, o de aquellos que pensaban trabajar un par de años para vivir luego de las rentas. Claro que tenemos problemas en las artes, la piratería es uno de ellos, pero nunca ha sido el central. No hay un círculo de tocatas en Chile, no hay buenos espacios para tocar, la venta de libros es un verguenza, ni hablar de la formación de hábitos de lectura y el IVA al libro tampoco ayuda demasiado. Decir que el problema eran los piratas, era la vía fácil y caradura de justificar las ineficiencias de un modelo de negocios anacrónico y sin mucho futuro, que sigue pensando en vender ejemplares de obras.

Hoy, ha sido distinto. Hoy la prensa me ha sorprendido gratamente. Ellos, inconcientes probablemente, obedeciendo quizas a la simple lógica de reconocer lo que está pasando en el mundo de la creación y su distribución, omitiendo los comunicados de los quejosos de siempre, han sacado un buen par de notas, de esas que da gusto leer y releer, donde es dificil encontrar la pillería (quizás simplemente porque esta vez no la hay).

La primera no es sorpresa. Viene de Marisol García, columnista de La Nación y nuevo aporte en radio Concierto, quien dispara a propósito de algunos absurdos del derecho de autor desde su columna Con qué derecho:

Hay partos intelectuales, y el de los derechos de autor en el nuevo siglo es como uno de trillizos. Pese a ello, burlarse de la paranoia alrededor del tema es sumamente sencillo. La industria musical ofrece ejemplos insuperables de una alerta exagerada que hoy cree que debe resguardar incluso aquello que nunca tuvo dueño.

La segunda referencia viene de Sara Bertrand en el reportaje Músicos Independientes: Sin etiquetas, por favor publicado en el Artes y Letras de El Mercurio. La periodista resume y publica de muy buena manera una verdad evidente hace rato:

[Los músicos independientes] No le temen a ser bajados y copiados por internet; todo lo contrario, la red es la Quinta Vergara para sus canciones. Gracias a ella, sus discos se reproducen una y otra vez, y suenan, a pesar de que muchos no tengan manager, ni sellos ni cadenas de distribución.

Y cierra con este comentario acerca de los músicos que prefieran nuestra querida expresión “algunos derechos reservados” por sobre la abominable y anticreativa “todos los derechos reservados”:

La difusión que los discos tienen en el ciberespacio es, ni más ni menos, la forma de respirar como grupo y conlleva el que más tarde el público rellene locales y los coree en sus tocatas. Por eso, para la mayoría de ellos, la demanda billonaria iniciada por Metallica contra los reproductores MP3 es sencillamente anacrónica.

Ha sido un buen día para el derecho de autor. Espero que siga estos pasos y deje de ser de una vez por todas esa herramienta compleja que se utiliza a veces para perpetuar monopolios e impedir a todos gozar libremente de las artes y cultura.

Daniel Alvarez Valenzuela
Guest Blogger

Y llegó el fin

quevidamastriste

No de este blog, no se asusten, el dueño de este blog tiene todavía muchas cosas que contarles. Lo que acabó fue Quevidamastriste, uno de los mejores videoblog de internet y quizás el mejor en español. Si no saben de que hablo, vayan y visiten los archivos, para que se rían un rato.

Estación Valdivia

Por cuestiones laborales que no viene al caso contar, nos encontramos con Claudio de tour por la décima región, precisamente en la agradable, bella y amable ciudad de Valdivia, luego de un paso fugaz por Muerto Montt donde probamos que la primera ciudad iluminada de Chile es solo un cúmulo de buenas intenciones.

Ya en Valdivia, y una vez que acabamos con nuestra pega en la unidad de asuntos internos, juntámos sed y nos lanzamos a la Bierfest Kunstmann que tan motivados nos tenía, tanto como para llegar casi una hora antes que comenzara, lo que nos permitió ahorrarnos las tres lucas y media que costaba la entrada, con derecho a nada.

Omitiré los detalles de la celebración, sobretodo aquellos que dejan en evidencia al señor Ruiz y sus tratos con la heredera del imperio, por miedo a las represalias del editor y por sufrir un alzaheimer progresivo a partir del quinto vaso del brebaje local.

El asunto es que, cuales niños en sus primeros pasos con el alcohol, se nos olvidaron los nefastos efectos a posteriori de la ingesta industrial de cerveza. Resultado: son las 17 horas del día siguiente, y después de varios intentos, siestas a media mañana incluidas, un par de intentos de ingerir algo sólido (todos fallidos) hemos salido del hachazo, a medias pero hemos salido al fìn. Prometemos nunca más hacerlo, prometemos no estar nuevamente dando jugo en una fiesta en ciudad ajena, haciéndo tonteras de escolar borracho. Los registros gráficos vendrán más adelante, cuando juntemos fuerzas y revelemos las fotos (si, revelar, no todo puede ser digital en la vida).

Ahhh… y antes que se me olvide, estamos en el espectacular Café - Bar Moro, ubicado en Libertad con Independencia (jaj, seguro se cruzan esas dos) donde no solo tienen exquisitos brebajes no alcohólicos sino que ofrecen conexión wifi abierta, una buena cantidad de enchufes y puntos de red para conectar a nuestras queridas máquinas IBM.

Con Señor Coconut de fondo (también proveído por Café Moro), nos vamos a buscar el divertimento de hoy. No todo es trabajo, no.

Lo que sí, será cualquier cosa menos con cerveza. Prometido.

Actualización/Aclaración:
El editor de este blog luego de propinarle un par de trompadas al guest blogger por arriesgar tanto su reputación como su estabilidad emocional a través de las escuetas pero imaginativas lineas escritas más arriba, quiere hacer una recapitulación respecto de lo que verdaderamente ocurrió, para contar la verdad histórica:

1.- Efectivamente lo de Puerto Montt, “ciudad iluminada”, puede ser, pero iluminada con Internet inalámbrico, nones. Claro, no necesitamos recurrir a la lintera de nuestro celular, pero conectarse a internet, por ejemplo, mirando el mar, ninguna posibilidad.

2.- Es cierto que fuimos a Bierfest. Es cierto que llegamos antes que abrieran y nos fuimos cuando cerraron. Y también es cierto que el guest blogger hizo de free raider y no pagó los $3.500.- Pero yo sí. (mientras tipeo esto aún no distingo si eso fue lo correcto). Ah, sí, también es cierto que abusamos de las Torobayo con y sin filtro y de las Bock.

3.- Tal vez el alzheimer etílico del guest blogger lo delata, pero no es cierto que este editor haya flirteado con la agraciada señorita Kunstmann. Lo desmiento categóricamente. Repito, lo desmiento categóricamente.

4.- Prometo quedarme alguna temporada en la notable ciudad de Valdivia.

5.- El Café Moro lo ultra recomiendo, tanto por la música, la atención como por la conexión gratuita a internet wifi.

6.- La cerveza hace mal. STOP.

Anótese, regístrese y publíquese donde corresponda.