
En el lejano mayo de 2007 -cuando éramos pocos, nadie parecía muy interesado en el tema y publicaba las desaparecidas 5 del lunes ;)- hice una promesa que he cumplido a medias. Dije que iba a examinar el proyecto de ley de propiedad intelectual en tres partes, el nuevo sistema de penas, en la limitación de responsabilidad de los ISP y, finalmente, las nuevas excepciones y limitaciones al derecho de autor que favorecían al público. Pero mucha agua pasó bajo el puente.
Para el lector asiduo de este blog estos son temas más o menos conocidos. Sabemos que durante estos casi tres años tuvimos muchas dificultades, el gobierno llegó a acuerdos con la SCD, hicimos campañas, nos hicieron anticampañas y hubo situaciones inaceptables e hirientes. Hace un par de días, acompañado paradójicamente por la Cámara del Libro -uno de los grupos más opositores al cambio legislativo- el presidente Piñera promulgó finalmente la reforma, la que tiene una serie de puntos que cambiarán la forma en la que se entendía el derecho de autor en Chile.
Les podría enumerar las novedades del proyecto -de hecho estamos preparando una pequeña sorpresa en la ONG Derechos Digitales-, pero prefiero detenerme en otra cosa. Hace tres y más años, cuando se pensaba en propiedad intelectual sólo se pensaba en los intereses de los cantantes y artistas que aparecían en la televisión. Si yo pudiera destacar elementos de todo este proceso, destacaría dos.
1.- Cito: “La propiedad intelectual ha dejado de ser un asunto exclusivo de autores, inventores y abogados, y ha pasado a ser un tema cotidiano de nuestra sociedad”. ¿Han leido algo parecido antes? ;)
Esto lo dijo el presidente de la República, el 23 de Abril de 2010, palabras impensables hace poco tiempo.
2.- El momento del click. Fernando Ubiergo exponía en Antofagasta respecto del proyecto de ley con una versión no original de su Microsoft Office y el rápido lente de El Nortero capturó el momento.
Lo importante de esto no es necesariamente lo que desencadenó después -la renuncia de Ubiergo primero y de Santiago Schuster después- sino es el proceso que motivó que ese reportero ciudadano sacara su celular y tomara esa fotografía. Algo pasó durante este tiempo. Lo que pasó es lo que destaca el discurso del presidente Piñera, logramos entre todos. Con cada fotografía, con cada correo electrónico enviado, con cada video. Con cada conversación en la mesa del domingo.
Eso me tiene muy contento y es por lo que tenemos, por ahora y sin tener una ley perfecta, que celebrar. Salud.
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El caso de la canción de Los Jaivas, “Todos Juntos”, utilizada para musicalizar el spot televisivo de una multitienda, tiene diversas y sabrosas aristas que han sido ampliamente comentadas en la opinión pública durante los últimos días. En el caso de los derechos de autor, muchos se han enterado recién de un hecho fundamental en el sistema actual de propiedad intelectual: que autores y titulares de derechos de la obra (en este caso Los Jaivas y la compañía Warner Chappell, respectivamente) no son la misma cosa y que, por tanto, no necesariamente comparten los mismos intereses.
En este caso, Warner Chappell, dueña de los derechos de la conocida canción -además de titular de los derechos de “Happy Birthday to You”, que cantamos varias veces al año- pretende maximizar los beneficios comerciales de la misma y autoriza que salga en un spot televisivo, mientras que las intenciones de los autores parecen ser distintas.
El sistema tradicional de propiedad intelectual, en efecto, no sólo permite sino que alienta este tipo de transacciones comerciales. Así, y a modo de ejemplo, por la sola creación de sus canciones Violeta Parra es la titular de sus derechos. A partir una serie de contratos con su sello discográfico y otras entidades, sería posible que hoy -pasados 43 años desde su muerte- existieran múltiples titulares de derechos por cada una de sus canciones. Si quisiéramos hacer una antología de su obra, utilizar trozos de la misma para hacer una obra nueva, musicalizar un documental o interpretar canciones de su autoría, no sólo deberíamos conseguir autorizaciones sino que estas últimas pueden podrían corresponder a entidades -empresas, casi siempre- distintas.
Del mismo modo, y sin tener a la vista los antecedentes completos, no resulta tan complejo desmenuzar a grandes rasgos lo que pasa con los derechos de “Todos Juntos”, la canción de Los Jaivas. Por el sólo hecho de crear la canción en 1972, los músicos son autores y además titulares de manera exclusiva de los derechos de reproducción, publicación, distribución, adaptación y comunicación pública de la misma. Estos derechos se denominan “patrimoniales”, dado que se encuentran en el mercado, tienen valor comercial y son susceptibles de adquisición o autorización de uso por terceros. En el mercado de la música, sin ir más lejos, lo regular es que estos derechos tengan distintos titulares (dueños) y existan quienes -como Warner Chappell, en este caso- se encarguen de su comercialización.
Esta distinción entre autores y titulares, además de la necesaria distinción entre los intereses de unos y otros, suele no estar presente en los debates de nuestras leyes de propiedad intelectual. Como si aquello no fuera un problema, durante el último tiempo hemos visto a nuestros artistas más reconocidos luchar con vehemencia por el respeto de “sus derechos”, sin tomar en cuenta que los beneficios de ser los titulares de los derechos de autor muchas veces no son de ellos debido a que, en buena parte de los casos, los han cedido a grandes consorcios empresariales asociados a sus sellos discográficos.
En un contexto de creciente criminalización al público que utiliza Internet para la descarga de obras, quizás sea el momento de analizar quiénes son los verdaderos explotadores comerciales de nuestros artistas, los verdaderos piratas que abusan de los intereses de los autores. El caso actual de “Todos Juntos” es una buena excusa para comenzar la reflexión.
Columna escrita para Ciper Chile.
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“En materia de valores tenemos una misión muy exigente y desafiante. Hay que recuperar, fortalecer y establecer valores que un progresismo ambiguo y a veces muy poco identificado con el alma de nuestro país, ha ido debilitando”
Las escalofriantes declaraciones del Presidente Sebastián Piñera traen a la contingencia una serie de cuentas pendientes que parece tener el conservadurismo de derecha. No es casual que estas declaraciones fueran realizadas en el aniversario del asesinato de Jaime Guzmán en momentos en que a través de la prensa se ha dejado ver una serie de fisuras entre el Presidente y la UDI.
Jaime Guzmán también tenía un plan, que tuvo la suerte de poder ejecutar con cierta libertad en el texto de la Constitución de 1980. Un plan basado fundamentalmente en los principios de libertad económica y autoridad que, como lagartos en la defensa de un castillo derruido, defenderían al país del totalitarismo y el estatismo. El éxito del plan consiste en hacer de estos principios verdades inescrutables, que finalmente terminan por seducir a los mismos opositores a la dictadura militar, explicando la vergonzosa falta de voluntad política para hacer cambios políticos constitucionales sustantivos.
La frase de Piñera, entonces, no fue al azar ni producto de un repentino ataque de elocuencia del Jefe de Estado. Parece ser más una declaración de principios ante las sospechas e inquietudes del sector más conservador de la derecha.
Como suele suceder con quienes se identifican con el tradicionalismo moral, la crítica en el discurso del Presidente es confusa y para nada explícita respecto de cuáles serían aquellos valores tan importantes de recuperar. A pesar de lo que pudiera pensarse, el progresismo moral no es equivalente al relativismo moral, toda vez que asume que la única forma de reforzar los valores existentes es a través de su revisión a través de razón, permitiendo que ellos puedan ser analizados y delimitados de acuerdo a la dinámica de su propio tiempo. Una democracia liberal debiera garantizar el disenso y no las certezas en el campo de los valores.
Así como a través de los medios algunos sugieren entregar aún más facultades políticas al Presidente para enfrentar los efectos del terremoto, otros probablemente querrán aprovechar la devastadora coyuntura para posicionar los mal llamados “temas valóricos” en la agenda pública, fustigando tesis progresistas y de avanzada. El partido final -que seguramente tendrá a Jaime Guzmán en la tribuna- deberá ser definido por quienes defiendan valores, pero no aquellos que algunos sostienen como irrebatibles, sino los que fortalecen nuestra democracia, particularmente el valor de la igualdad.
Columna escrita para el Blog De la República
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(Sí, esta es parte de la serie “Cartas a El Mercurio que no publicarán”)
Señor Director,
Don Juan Pablo Silva se hace eco de “recientes noticias llegadas desde España” señalando que las grandes distribuidoras de DVD norteamericanas estarían pensando en retirarse del mercado español debido al ingobernable pirateo de películas en la península. Además sostiene preocupación por las pérdidas que tendría la industria del software por este mismo concepto, agregando números que, de ser ciertos, serían seguramente alarmantes.
El debate sobre el mal denominado “pirateo” es complejo y lleno de matices, por lo que es necesario evitar generalizaciones que enturbien el debate. En este caso, sin ir más lejos, el señor Silva utiliza una noticia publicada en el blog de un periódico, reproducida en España, y desmentida categóricamente hace varios días atrás por la fuente. Además, las cifras que hace mención distan de ser verdades irrebatibles, toda vez que aun suponiendo que el porcentaje de copias ilícitas que se indican en la carta sea cierto, no hay prueba ni estudio alguno que sostenga que una copia de software obtenida irregularmente sea equivalente a una venta menos del original.
En lo que sí tiene razón el abogado Silva es en el problema que supone que las empresas utilicen software sin sus respectivas licencias, obteniendo de esta forma ventajas competitivas en el mercado. Quizás sea el momento para que nuestras empresas, en lugar de utilizar masivamente copias ilícitas de software -como pareciera ser el caso según el señor Silva- hagan apuestas innovadoras en el uso de programas de computación, utilizando alternativas como las que entrega el software libre o abierto que incluso en ambientes corporativos han resultado, además de perfectamente competitivos, eventualmente más baratos que las alternativas propietarias existentes en el mercado.
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