Heather Morrison ha publicado cifras bien impresionantes sobre el crecimiento de repositorios y publicaciones científicas que responden al criterio Open Access alrededor del mundo. Es interesante para tener en cuenta como dato estadístico y, además, de alguna manera demuestra que la adopción de políticas de propiedad intelectual más abiertas es un movimiento más que una moda pasajera. Que no sólo el público, sino que cada vez más investigadores, científicos y editores de revistas científicas están dando el paso a garantizar condiciones abiertas de acceso al conocimiento científico.
Por otro lado, muchas veces nos quejamos de la postura norcéntrica de muchas de estos desarrollos, en términos de que no pocas veces la realidad de los países en vías de desarrollo no deja de ser una anécdota. En el caso de los repositorios institucionales, en cambio, la situación es diferente, donde en Chile tenemos el caso del repositorio de la Universidad de Chile, por ejemplo, es considerado como un ejemplo por la cantidad de material incluido, por sus políticas de propiedad intelectual que permiten licenciamiento abierto, y por su vinculación tecnológica con repositorios de todas partes del mundo, para dar más visibilidad a dicho conocimiento.
Uno podría hacer una serie de reflexiones al respecto, relativas a la barrera idiomática si las publicaciones no están en inglés, a la estandarización documental, a la liberación de las bases de datos, entre muchas otras que, probablemente, les comparta en un próximo artículo (?). Hoy quedémonos con las estadísticas de Heather Morrison para el archivo.
Scientific Commons: 30 millones de publicaciones en línea gratuitamente, se agregan 20.000 al día.
PubMedCentral: El 20% de la literatura médica de todo el mundo se libera gratuitamente 2 años después de la publicación, el 10% inmediatamente al momento de la publicación.
Dos noticias. La primera es que existe un proyecto de ley, pero de propiedad intelectual. La segunda es que el proyecto no contempla ninguna de esas tres cosas. No existe, en definitiva, ningún proyecto de censura en Internet.
El proyecto de ley, por el contrario, es el primer esfuerzo serio de tener un sistema de derechos de autor equilibrado y justo, con excepciones y limitaciones para bibliotecas, establecimientos educacionales y público en general. Un proyecto que adapte de una buena vez la ley que data de 1970 y que, a estas alturas, es insuficiente para la realidad del siglo veintiuno.
En el contexto de la ley ha habido dos grandes debates. El primero, respecto del establecimiento de una excepción que garantice usos justos, al que en un principio se opuso fuertemente la SCD y los sellos discográficos. El segundo, el sistema de notificación y bajada del sistema de limitación de responsabilidad de los ISP. Resabio del TLC con Estados Unidos de 2003, Chile está obligado a regular un régimen especial de limitación de la responsabilidad de los ISP por los eventuales ilícitos que se realicen a través de sus redes. La SCD junto con los sellos discográficos hicieron fuerte lobby a favor de un sistema de notificación privada para que el ISP se viera obligado a bajar contenidos eventualmente infractores. Por medio de una mera carta certificada, proponían, el ISP debía bajar esos contenidos o de lo contrario sería él el responsable de dichas infracciones.
Como ese tipo de notificación adolece de problemas constitucionales, finalmente lo que el Senado adoptó fue un sistema mediante el cual cualquier bajada de contenidos debe suponer previamente una resolución judicial. Es decir, no cualquier notificación ni carta certificada, sino el estudio previo por parte de un juez que garantice la idoneidad de la medida restrictiva de derechos.
Pero se les coló el artículo 85 T, que en una redacción confusa señala que:
Artículo 85 T. (…) El prestador de servicio que voluntariamente o ante un requerimiento, de buena fe, retira, inhabilita o bloquea el acceso a material, basándose en una infracción aparente o presunta, estará exento de responsabilidad ante cualquier reclamo por esas acciones en la medida que, tratándose de material alojado en sus sistema o red, notifique sin demora al proveedor del material, que se ha retirado, inhabilitado o bloqueado el acceso a éste. Si el proveedor del material realiza una comunicación informando su sometimiento a la jurisdicción del tribunal competente de su domicilio en un proceso por supuesta infracción, el prestador de servicio deberá reestablecer el material en línea, a menos que en el intertanto el requirente haya presentado una medida prejudicial o una demanda ante el tribunal competente que ordene o ratifique el retiro, inhabilitación o bloqueo de acceso al material.
El artículo, según mi opinión, adolece de una serie de defectos y, por lo demás, no guarda relación con la lógica de notificación judicial para cualquier bajada de contenido. Efectivamente puede suponer una puerta para abusos de los ISP. Pero de ahí a sostener que se está autorizando al ISP para bajar contenidos y cortar conexiones, hay un buen trecho. Ni siquiera este artículo, de deficiente técnica legislativa, supone la censura en la red, como algunos han señalado.
Por otro lado, el proyecto de ley tiene muchas deficiencias, como la inexistencia de sistema público de protección del patrimonio cultural común, o resolver el problema de las obras huérfanas, por sólo dar dos. Pero pretender echar por tierra un proyecto de ley que por primera vez en la historia de Chile va a equilibrar los intereses del público estableciendo excepciones claras para el público es absurda y, como bien dice Carlos, sería el gran triunfo de quienes quieren un sistema extremista de propiedad intelectual sin excepciones.
Por otro lado, las campañas que han aparecido en internet, lejos de alentar un sistema adecuado o justo de propiedad intelectual al parecer no hacen sino poner obstáculos a la compresión de los derechos de autor no sólo como protección de propiedad, sino también como garantías de acceso al conocimiento y la cultura. Saturar las casillas de correo de los diputados con mensajes equívocos y otros derechamente equivocados respecto del proyecto, lo único que hacen es darle razones a quienes quieren seguir discutiendo esto entre cuatro paredes, de espaldas a la gente. Un activismo digital de verdad, es un activismo que se haga responsable y con la verdad, no con supuestos ni con intuiciones. Y eso veo que hace mucha falta en estos días.
La inglesa Lily Allen, que se hizo famosa por canciones en un MySpace, quería dar una batalla en internet a favor de los artistas. Que internet está mal y que mata la música y la cultura. Que los ISP son malignos y se llevan plata que le corresponde a los artistas. De esas cosas que hemos escuchado por acá últimamente.
Lily anunció que montaría un blog para mostrar su verdad sobre el debate respecto de la piratería. Montó un blog y lo llamó ‘It’s not alright‘, que en castellano podría traducirse como “Esto no está bien”, un nombre que llenaría de orgullo a nuestro Juan Guillermo Tejeda.
Estamos en época de elecciones en Chile y todos quieren ser Obama. Todos quieren ser Obama pero, claro, se parecen más a McCain y no se dan cuenta. Como si ser tocado por el fuego sagrado del ahora presidente estadounidense tuviera que ver con montar una página web, tener una página en Facebook y tener a un equipo actualizando Twitter.
Entre otras muchas formas en las que se materializa en nuestros candidatos presidenciales esta dicotomía entre discurso y propuestas tiene que ver con cómo enfrentan los desafíos derivados de las nuevas tecnologías. Al día de hoy, y teniendo cinco candidatos en carrera, sólo se ha hecho pública la propuesta del candidato de la derecha Sebastián Piñera, que hasta donde se sabe no contempla ninguna modificación normativa de relevancia más allá de ciertas exenciones tributarias. Se extraña, en concreto, una propuesta relativa a un nuevo estatuto de protección de datos personales, de delitos informáticos, cómo va a enfrentar la adecuación de la ley de propiedad intelectual a los requerimientos del TLC con Estados Unidos, o cómo entiende la neutralidad tecnológica en el Estado. Para qué nos vamos a poner exquisitos y pedir una declaración oficial sobre la neutralidad de las redes informáticas, tema que los gobiernos de la Concertación han evitado durante todos estos años.
Como explica Mariano, respecto de la neutralidad de la red para la administración Obama, Open Internet es el sitio oficial en el cual se explica claramente el valor estratégico de la neutralidad de la red y el por que es necesario para tener una internet que crezca y se desarrolle como se desarrolló hasta ahora e incluya el espectro móvil.
Mientras en Estados Unidos pasan cosas como éstas, en Chile tenemos una Estrategia Digital absolutamente desintegrada, sin ideas y sin liderazgo. Una Estrategia Digital que no ha sido capaz de liderar una agenda real de modificaciones que alienten mejoras legislativas sustantivas hacia la protección de los derechos de las personas y hacia el establecimiento de condiciones tecnológicas adecuadas para un desarrollo acorde a ello. Una Estrategia Digital que, finalmente, no ha sido capaz de posicionar los temas tecnológicos en la agenda del futuro.
Para algunos, las campañas hacia la protección de la neutralidad de la red no es más que una estrategia para proteger a los ISP, para gobiernos como el norteamericano es un estándar a seguir. Mientras en otros países vemos avances sustantivos, en Chile queremos llegar a ser un país desarrollado sin propuestas serias en la regulación de nuestras nuevas tecnologías.
Para Claudio Ruiz, presidente de la ONG Derechos Digitales y representante de Creative Commons Chile, este tipo de proyecto “no es sino la demostración que internet es una herramienta que permite desarrollar el acceso al conocimiento y la cultura de toda la sociedad. El que Cinépata haya escogido utilizar licencias Creative Commons indica que no sólo se pone a disposición del público un catálogo muy interesante de películas, cortos y documentales, sino que además, le entrega también garantías y derechos de uso y reproducción para que ellas puedan circular libremente”.
Amigos,
Los que están suscritos a los comentarios probablemente se habrán percatado del molesto ataque de comentarios y trackbacks spam que ha sufrido el blog durante la última semana. Frente a eso, y dado a que estoy aburrido de tener que borrarlos a mano, los comentarios a QLN quedarán ligeramente moderados. La regla es la siguiente: Si usted ya ha comentado antes, todo sigue igual. Si es primera vez que comenta, su comentario aparecerá luego que yo le diga que sí.
Dice el epígrafe de la imagen: “Los artistas creen necesario tomar cartas en el asunto dada la preocupante situación“. Tomar cartas en el asunto ¿es destruir bienes culturales?, ¿los amantes de los discos, pueden celebrar la destrucción de discos, ya sean sacros o profanos?.
Mientras países como Korea han hecho de la educación unida a las nuevas tecnologías una de las claves para su desarrollo económico, en Chile no parece ser una prioridad.
En declaraciones a Cooperativa, la Ministra de Educación chilena ha explicado que el tema no es prioridad debido a que “No somos Europa ni EEUU“.
Considerando los altos niveles de penetración que tienen las nuevas tecnologías en Chile y lo disgregado de nuestra geografía, pareciera ser que ellas suponen un instrumento muy valioso para lograr avances sustantivos en nuestros niveles educativos. Más aún, la experiencia del programa Biblioredes es un ejemplo concreto de cómo políticas públicas serias en materia tecnológica implican superar brechas importantes gracias a los avances tecnológicos.
En cualquier caso, las declaraciones son desafortunadas por la ignorancia que esbozan, donde pareciera que en lugar de estar hablando de oportunidades reales de superar brechas, le estuvieran preguntando por educación por hologramas o algo más parecido a la ciencia ficción que a una sala de clases.
Dejando de lado asuntos no menos importantes como políticas tecnológicas educativas desde la educación abierta, la verdad es que habría que la verdadera pregunta para nuestra ministra es si sabe, en realidad, en qué consiste la inclusión de tecnología en el proceso educativo. Yo tengo miedo de la respuesta.
Hace alrededor de un año, Pablo Infante (Pol) decidió que su primer disco como productor iba a estar disponible de libre descarga en Internet. Como lo que pretendía era autorizar ciertos usos por parte del público, para que descarguen y re-utilicen su música, Pol utilizó una licencia Creative Commons con las que licenció todas las canciones de su disco Efectos Espaciales.
Pero los caminos de la distribución informal a veces nos llenan de sorpresas. Así fue como ayer se dio a conocer las estadísticas de las descargas del disco de Efectos Espaciales, las que durante un año han supuesto más de 53.000 descargas únicas del disco, multiplicando largamente la estadística de la industria formal. Asimismo, el disco Boo Boo de Francisco Pinto, editado por Pueblo Nuevo, suma más de 68.000 descargas desde Archive.org.
Así como es falaz creer que una descarga ilegal es igual a un disco menos vendido, también es problemático hacer una comparación irreflexiva de las descargas, especialmente considerando que una, a diferencia de la otra, suponía el pago de un precio. Pero a pesar de ello resulta interesante como las estadísticas del mundo de la distribución informal nos llenan de sorpresas y permiten explicar por que al mismo tiempo en que parece caer con estruendo la venta de discos, nunca antes hubo tantos shows en vivo y nunca se produjeron tantos discos como hoy. O cómo el que internet sea una gran noticia para los artistas ya no es sólo una idea, sino que una realidad.