Hay que facilitar el “código fuente”. Para interactuar con una historia
y participar en su narración, no basta leerla en la propia lengua.
Se requiere un bagaje de conocimientos, porque cada relato es parte
de un hipertexto más amplio, hecho de nociones y emociones.
¿Será posible establecer un paquete mínimo, un manual para
la co-creación de un mundo?
Se trata de educar, aportar competencias, entrenar para la negociación,
para el pensamiento colaborativo, para el uso de la Red.
Completar la mutación genética: de consumidores a multiplicadores.
Wuming1 y Wuming2, en Código Fuente:La Remezcla.
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Cuando se ejemplifica respecto de internet y las posibilidades de acceso al conocimiento y la cultura, Wikipedia pareciera ser el caso canónico. Es que para las personas de mi generación es muy difícil imaginar oportunidades similares de acceso a los de Wikipedia en los analógicos años ochenta. El libro gordo de Petete y las enciclopedias entregadas con revistas, ciertamente no son competencia.
Wikipedia ha tenido un impacto brutal en la forma en la que las nuevas generaciones comprenden las nuevas tecnologías. Más allá de la increíble cantidad de información que contiene la enciclopedia libre, su construcción colaborativa parece ser su característica más notable. De esta forma, amateurs, profesionales, legos y aprendices son capaces de construir y re-construir el contenido que da forma a la enciclopedia.
Pero hasta ahora había un problema. Un problema legal.
Hasta ahora, el contenido de Wikipedia está distribuido a través de una licencia GNU FDL provista por la Free Software Foundation. Este tipo de licencia es el que hace posible, desde el punto de vista legal, que todo el trabajo de los wikipedistas sea posible. El problema radica en que esta licencia tiene problemas de compatibilidad con muchas otras licencias libres, en particular con las globalizadas Creative Commons. Esto explica, en simple, que por ejemplo, hasta hoy no sería posible utilizar las más de 100 millones de fotografías disponibles en Flickr licenciadas con CC.
La comunidad Wikipedia y la Wikimedia Foundation comenzaron por tanto un proceso para poder aceptar el licenciamiento dual de sus contenidos para hacerlos compatibles con las licencias más masificadas en el mundo. Los resultados de las votaciones se dieron a conocer hace algunos días y resolvieron aceptar el licenciamiento dual con Creative Commons Atribución-ShareAlike, lo que constituye una gran noticia para la liberalización de los contenidos, para el crecimiento de Wikipedia, y, de pasadita, robándole la idea a Andrés Guadamuz, para establecer CC-BY-SA como un estándar de facto para el licenciamiento abierto.
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“¿Qué recuerdos, mitos y símbolos, valores e identidades es capaz de ofrecer una cultura global que que ante todo está impulsada por el comercio y, en el caso del arte, ha sido organizada por un puñado de grupos culturales que operan en el mundo entero?”
Joost Smiers, “Un Mundo sin Copyright: Artes y medios en a globalización”, Gedisa, 2006, p.123.
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A lo menos esa es la conclusión a la que llegaron los lectores de The Economist en uno de los ‘debates’ a los que somete ciertas afirmaciones sobre temas tan variados como si estamos durmiendo lo suficiente, o si los ricos deben pagar más impuestos. Esta vez le tocó el turno al derecho de autor.
En el debate, los expositores principales fueron los profesores William Fisher de Harvard, a favor de la moción propuesta y Justin Hughes de Cardozo Law School, quien tuvo el rol de estar en contra de ella.
Los argumentos en general ustedes los pueden suponer. Fisher, por un lado, explicó los inconvenientes que se generan con un sistema desequilibrado de propiedad intelectual, el que tenemos debido a la influencia de los grupos de interés económicos en detrimento de los del público, a que los convenios internacionales en la materia no establecen techos sino que sólo estándares mínimos y que las mejoras que se han hecho jamás han sido de verdad importantes y de fondo.
Por su parte, Hughes sostiene -entre otras cosas- que para que los ciudadanos tengan incentivos para crear obras intelectuales deben tener cierta seguridad respecto de la explotación comercial de sus obras, y esto se logra a través de la entrega de derechos de explotación exclusiva. En otras palabras, con menos derechos, menos incentivos sociales y económicos para la creación de cultura.
Lo que me parece interesante del debate -resumen en castellano en el excelente Blawyer.com – es que la discusión parte con una pregunta fundamental. En un país como Chile, inmersos en estos días en fuertes debates en el Congreso respecto de nuestra ley de propiedad intelectual, las verdaderas preguntas parecen quedar atrás. Las verdaderas preguntas, creo, están dadas en para qué tenemos el derecho de autor y cómo la forma en lo regulamos hoy afecta o no esos objetivos iniciales. A veces pareciera ser que para algunos el copyright hubiera estado escrito en las tablas de Moisés, las preguntas sobre las razones de tener derechos de autor no tienen cabida.
Para algunos la importancia de las excepciones para bibliotecas y la existencia de usos legítimos o justos que no criminalicen a los ciudadanos parecen poner en jaque equilibrios cósmicos. Otros los denominan robos. Bueno, en otras partes, los equilibros son supuestos.
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Créditos de la fotografía de arriba para SML, CC:BY-NC-SA
Ayer se movieron las aguas. No sólo en algunos blogs que hablaban de la supuesta desaparición de los usos justos en Chile después de un complot del gobierno. Sino que también en el Congreso, respecto de la reforma a la ley de propiedad intelectual.
Pasó ayer miércoles que en pleno debate, el Senador Ruiz-Esquide retiró una indicación por él propuesta que tenía una redacción similar a una norma propuesta por el ejecutivo en el mensaje presidencial que consagraba, básicamente, más excepciones que las que establece la ley cuando estos casos no afecten la explotación normal de la obra. La norma de la que les contaba en post anterior. Mala cosa, pero no el infierno.
Es más, los trascendidos dicen que los senadores acordaron a su vez discutir respecto de la excepción de usos justos contemplada en las indicaciones 123 y 124, que son las que verdaderamente importan y las que finalmente establecerán una excepción de usos justos para Chile.
Tanto la indicación del Senador Ruiz-Esquide como la 123 y 124 han sido rechazadas con energía por nuestros amigos de la SCD y la industria discográfica. Pareciera ser que para ellos todo lo que suene a una excepción favorable al público, por más de sentido común que sea, resulta una ‘expropiación’ inaceptable que impedirá alimentar a los hijos de nuestros artistas.
Es por eso que ni la pelea ni la guerra todavía está perdida. Y personalmente me duele que con el legítimo fin de informar algunas veces se pierda el norte del asunto y terminen por desanimar a quienes están de verdad preocupados por estos temas. El desánimo y la falta de acción son nuestros principales enemigos.
Necesitamos usos justos, sí. Necesitamos hacer algo, sí. Pero no esperemos que otra gente haga cosas ni caigamos en el juego histérico de la propia SCD y sus campañas mañosas. Hagámosla nosotros.
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