Chile, la piratería, la OCDE y Microsoft

Extraña la carta que Alex Pessó, director legal de Microsoft en Chile, envía al director de El Mercurio.

Es cierto que ser parte de la OCDE nos obliga a elevar varios de nuestros estándares legales, pero sorprende la liviandad con la que la industria del software nos quiere hacer creer que ascienden las pérdidas derivadas de la piratería.

Me acordé de una excelente nota de Julian Sanchez en ArsTechnica a fines del 2008 respecto de estas estimaciones y concluye que no tienen ningún, pero ningún, asidero en la realidad.

Entonces, si queremos que el país eleve sus estándares, partamos por elevar los nuestros.

1 Comentario »


Ataque de Pánico: cómo hacer 30 millones de dólares

5B45D72C-7612-482F-8A2C-52F478D82449.jpg

Seis meses de trabajo y 300 dólares le tomó a Federico Álvarez Mirate hacer el video Ataque de Pánico!, que apenas terminado subió a Youtube.

El video muestra cómo un grupo de robots gigantes destruye la ciudad de Montevideo. Pasaron las semanas y se contactó con él la productora de Sam Reimi Raimi (que se pronunica “reimi” _P) para hacerle una propuesta. Aceptó. Difícil decir que no al ofrecimiento de hacer una película de 30 millones de dólares.

Una vez más. ¿Internet es un obstáculo o una plataforma para el autor?

2 Comentarios »


Álvaro Peña- Total Dedicación

3629EAD1-3ACE-47DA-B75F-85EC52575688.jpg

Álvaro Peña está en nuestra memoria por ser el chileno que fue parte de The 101′ers, una de los primeros experimentos musicales del joven Woody Mellor, posteriormente conocido como Joe Strummer. Contar la historia de Peña dista de ser sencillo, y el riesgo de fallar en su ejecución, una realidad cada vez más presente en los minutos de duración del metraje.

Dirigido por los alemanes Hans Kotter, Jochen Hägle y Christian Zschammer, Total Dedicación se concentra en las anécdotas de la vida de Álvaro Peña en Konstanz, pequeña ciudad Alemana cerca del límite con Suiza, donde está radicado desde hace décadas. A través de entrevistas a distintos personajes de la vida de Peña, como su bajista, musicólogos y hasta la anciana vecina -que le regala ropa y que no entiende por que Álvaro no tiene éxito pese a su talento-, el documental pretende mostrar de alguna forma la vida de quien ha decidido, ni siquiera hacer una apuesta a estas alturas, sino dedicarse por completo a la música y a la autogestión total.

Álvaro sale de Chile a principios de los’70 y llega a Londres donde, luego de dejar su trabajo de redactor publicitario, conoce por azar a Joe Strummer y termina formando The 101′ers. Por razones que no se explican del todo en la película, Peña termina en Alemania donde incluso llega a casarse con Hilde Schneider, hoy ex-mujer, ex-cantante aunque importante apoyo emocional para él. Precisamente allí se encuentran los principales ripios de la película que, pese a recolectar con cuidado documentos de especial interés (cuando por ejemplo Peña cuenta la verdad sobre Drinking My Own Sperm, su disco editado en Inglaterra), no es capaz de armar un entramado coherente que permita al público llegar a sus propias conclusiones, más allá del muestrario de rarezas.

Pareciera ser que la película sólo decidió el cómo y nunca el qué contar. El papel de su ex-mujer (¿por qué se separan? ¿tuvo algo que ver su dedicación a la música? ¿su depresión?), cómo y de qué forma llega al perdido pueblo de Konstanz, el rol de la extraña pareja alemana que lo anima a hacer jam sessions o lo que provoca en él la utilización de su música para presentaciones de gimnasia en la universidad, son preguntas importantes que no tienen respuesta a lo largo de todo el documental.

Sí queda claro que Peña es un artista extremadamente sensible que convive con ciertas miserias, delirios creativos y la depresión que lo hace llorar varias veces al día. Con una extraña nostalgia es posible ver cómo edita en cassettes regrabados su “música transitoria”, denominación irónica con la que él mismo bautizó esa maravilla de minimalismo disonante.

Finalmente, Total Dedicación es un documental bastante menos interesante que ese extraño personaje de Valparaíso llamado Álvaro Peña. “La película me dejó más complicado que antes”, dijo Peña al terminar la primera exhibición de la película en el Cine Arte Alameda. Y es una sensación que deja también para el espectador el final de la película, una apuesta arriesgada y fallida que se resuelve a partir de un conjunto de anécdotas más que por ahondar en las profundidades creativas de un músico tanto extraño como intrigante.

Comentario publicado originalmente en Super45. Fotografía por Drinksmachine en Flickr CC:BY-NC-SA

Sin comentarios »


Anvil! The Story of Anvil

screenshot_01.jpg

El fin de año -bueno, en realidad todo el año, pero esa es otra historia- es especialmente duro desde el punto de vista laboral. Eso, junto con el calor, explica muchas cosas, como la falta de actualización de un montón de blogs, donde este no es la excepción.

En este contexto de calor y saturación -a lo que se suman desgracias electorales múltiples- los amigos de Super45 me encargaron hacer una serie de reportes del Festival INEDIT, Festival Internacional de Cine y Documental Musical que se desarrolla en estos días en Santiago de Chile. Voy a ir publicándolas también acá. Parto con Anvil, una joya que repiten el próximo sábado 19 de diciembre a las 19:30 horas en el Teatro Nescafé. Si tiene tiempo, vaya.

En 1982, un adolescente Sasha Gervasi decidió dejar Londres y viajar a Canadá como roadie de Anvil, su banda favorita. Si bien nunca fue considerada parte de los Big Four fundacionales del metal (Metallica, Megadeth, Anthrax y Slayer), la banda canadiense tuvo su momento de gloria a mediados de los’80, logrando meter un single dentro del top 200 del Billboard y compartiendo escenario con Bon Jovi, Whitesnake y Scorpions en el legendario Super Rock Festival de Tokio (1984). Veinticinco años después, para el público general Gervasi es un importante guionista de películas de Hollywood y Anvil sólo el remoto recuerdo de una banda que estuvo en la cornisa del éxito.

Cuando Gervasi supo que después de todos estos años Anvil seguía existiendo como banda, supo también que ésta era una historia digna de contar. Volvió a contactarse con el vocalista Steve Kudrow (“Lips”) y el baterista Robb Reiner (el alcance de nombre con el director del falso documental This is Spinal Tap es ciertamente inquietante) para registrar, entre otras cosas, su -tan delirante como fallida-, gira a Europa del Este.

El resultado es la historia de una amistad, que comienza cuando a los catorce años Lips invita a Robb a ser parte de una banda que tendría sus quince minutos de fama. Hoy, lejos del glamour y la fama, ensayan en sus tiempos libres mientras Robb se gana la vida en una empresa de demoliciones y Kudrow como repartidor de una empresa de catering en la perdida Scarborough, Ontario. Más allá de las risas, provocadas por ciertos momentos hilarantes retratados por la película, son tal vez los momentos fallidos los más interesantes y que constituyen la médula dorsal del film.

Ejemplo de lo anterior es cómo se concreta el “tour” europeo, promovido por una entusiasta e inexperimentada admiradora de nombre Tiziana Arrigoni. Un tour en el que pierden trenes, sus buses se extravían en las ciudades y se presentan en shows con precaria promoción y escasa audiencia. Tiziana pasa de admiradora a manager con bastante menos éxito que en su aventura amorosa con Ivan Hurd, guitarrista de la banda, la que se corona con un matrimonio que cuenta con la presentación en vivo de Anvil, ante la incredulidad y sorpresa de los invitados, logrando tal vez el momento más gracioso de los noventa minutos de película.

En el fondo, la historia de Anvil es la historia de un éxito abortado, donde las ganas y el talento no siempre terminan siendo bien recompensados. Un poco como el sótano del sueño americano, aquel que guarda los cadáveres de todos aquellos que, a pesar de hacerlo todo por llegar a la cima, lo único que logran es el olvido o, en el mejor de los casos, un recuerdo cercano a la sorna. De alguna manera, la historia de Anvil muestra que el éxito de una banda tiene más que ver con la suerte que con el trabajo, más con las circunstancias que con esfuerzo.

Con el emotivo cierre de The Story of Anvil, Gervasi sugiere una mirada que, si bien está siempre entre el cariño y el sarcasmo, rescata la perseverancia y los afectos que trascienden a la siempre delirante aventura que supone estar tras una banda de rock. Son los intentos, desgracias y fracasos los que, paradójicamente, hacen de la película un documento brillante.

Publicado originalmente en Super45. Fotografía por Drinksmachine en Flickr CC:BY-NC-SA

Sin comentarios »


Felicidad

screenshot_01.jpg

Muchas gracias, muchachos. No me fallaron.

Fotografía, por oú & quand en Flickr.

1 Comentario »


Los mejores discos del 2009

atlassound-walkabout-cover.jpg (JPEG Image, 560x560 pixels).jpg

Siguiendo lo que es ya una costumbre -como ya no lo son las 4 del viernes (se acuerdan?) o a estas alturas las celebraciones de aniversario del blog- en estas fechas el sitio especializado Super 45 comienza a armar la lista de los mejores discos del año según sus colaboradores.

Estos son los discos salidos el 2009 que más me gustaron, según orden de prelación. Les recomiendo encarecidamente que se consigan como sea a lo menos los 5 primeros. Les aseguro que no se van a arrepentir. Ojo que hay dos discos chilenos en el listado.

1.- Atlas Sound – Logos
2.- Fuck Buttons – Tarot Sport
3.- Dirty Projectors – Bitte Orca
4.- Flaming Lips – Embryonic
5.- Animal Collective – Merriweather Post Pavilion
6.- Grizzly Bear – Veckatimest
7.- Fever Ray – Faver Ray
8.- Girls – Album
9.- Como asesinar a Felipes – Un disparo al Centro
10.- Antony & the Johnsons – The crying light
11.- DM Stith – Heavy Ghost
12.- Tonossepia – Happy Habibi
13.- The XX – The XX
14.- The Antlers – Hospice
15.- Danger Mouse & Sparklehorse – Dark Night of the Soul
16.- Jack Peñate – Everything is New
17.- Health – Get Color
18.- JJ – Nº2
19.- The Pains of being Pure at heart – idem
20.- PJ Harvey & John Parish – A woman a man walked by

4 Comentarios »


¿A qué venía Robin Gibb a Chile?

screenshot_01.jpg

Esta semana se anunció con bombos y platillos la visita a Chile del cantante Robin Gibb, integrante de la banda británica Bee Gees, quien hoy se desempeña como presidente de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (Cisac), la multinacional que agrupa a las entidades de gestión colectiva alrededor del mundo.

Según la nota de prensa publicada, Gibb vendría a Chile a ser homenajeado (?) por la USACH, la que le daría un doctorado honoris causa (?), además de -en palabras de doña Tatiana Urrutia directiva de la SCD- “reposicionar a la Unión Nacional de Artistas (UNA) como la organización que representa a todos los creadores en Chile, reunidos en diversas organizaciones“.

Ya. Interesante que tengan que traer a un artista de extraños y dudosos éxitos a explicar lo que los líderes de la autodenominada “UNA” intentaron hacer hace un tiempo con tristes resultados. Me llama la atención cómo algunos necesitan tener verdades reveladas por un artista que, por lo demás, está lejos de la realidad de la gran mayoría de los creadores culturales de nuestros países.

Es que a menos que el señor Gibb comparta el secreto de su éxito -digámoslo, más vinculado a la tantas veces esquiva suerte y al decidido apoyo de la industria discográfica de los setenta que a otra cosa- resulta a lo menos paradójico que comparta el valor de la asociatividad de un sistema de distribución de regalías por derecho de autor que dista de ser equitativo y que beneficia fundamentalmente a los Gibbs de este mundo y no a la gran mayoría de artistas y creadores de ignotos y lejanos lugares como Chile.

Bueno, la noticia -si es que lo fue en algún momento- es que el señor Gibb canceló finalmente su visita, dejándonos sin la oportunidad de compartir su sabiduría y, de pasada, construyendo una noticia desde el humo. De la intención de venir. Si es que, en realidad, alguna vez la tuvo, claro.

Fotografía de Paul Easton CC:BY-NC-ND

15 Comentarios »


Sobre el matrimonio homosexual

En su estupendo blog, Roberto Gargarella desvirtúa con gran claridad algunos argumentos que se han dado en la Argentina en contra del matrimonio homosexual. A pesar de no ser en estricto sentido tema relativo a derecho y tecnología, me parece necesario replicar ilegalmente pasajes del post para desempolvarnos de ese ethos militarista y confesional del que nuestros políticos nos intentan convencer como propio.

“Algunos argumentos contra los muy malos argumentos dados por los críticos del matrimonio gay, en la sesión del jueves pasado en Diputados

El matrimonio gay va contra las tradiciones argentinas. Éste es uno de los argumentos más difundidos, pero a la vez más endebles, en contra de los proyectos bajo análisis. En primer lugar, este tipo de afirmaciones son problemáticas por querer asignar la etiqueta de ‘tradición’ a prácticas que –normalmente- no es fácil describir como tales. Pero aún si concediéramos que el matrimonio heterosexual constituye una ‘tradición argentina,’ cuál sería el problema de desafiar dicha tradición? Tal vez, la violencia marital o la infidelidad sean prácticas tradicionales en la familia argentina, pero ello no dice absolutamente nada a favor de las mismas, o acerca de nuetro deber de preservarlas.

Desvirtúa el concepto de matrimonio. Para algunos de los expositores, el matrimonio gay es insostenible porque el concepto de matrimonio está reservado a ‘hombre y mujer,’ y no a parejas del mismo sexo. Este argumento, sin embargo, es muy malo, porque presupone que los conceptos preexisten a nosotros cuando en verdad se trata de creaciones humanas, que elaboramos y precisamos con el tiempo, para comunicarnos y entendernos mejor. Hace algunas décadas, por ejemplo, la idea de ‘voto’ se asociaba con los varones propietarios y hoy, por suerte, dejamos esa vieja definición de lado. Hubiera sido insólito, entonces, que alguien dijera que –al universalizar el sufragio- estábamos ‘desvirtuando’ la naturaleza del concepto de ‘voto.’

Socava la finalidad del matrimonio. Algunos de los expositores sostuvieron que el matrimonio gay era inaceptable porque él no permitía asegurar la finalidad del matrimonio, que tiene que ver con la procreación y la preservación de la especie. Este argumento peca por varias razones, y entre otras por ser extraordinariamente sobre-abarcativo. Si el argumento fuera válido debiéramos impedir también, por caso, el matrimonio de parejas imposibilitadas de procrear o decididas a no procrear, algo que nadie está dispuesto a hacer y que demuestra que, en verdad, quienes alegan este argumento lo hacen por razones ajenas al mismo.

(Via Seminario de Teoría Constitucional y Filosofía Política..)

2 Comentarios »


El premio nobel del bien

910208D4-2708-4D3A-9B63-8D4ED0FDAD93.jpg

En 1968 la revista Science publicó un artículo del biólogo texano Garret Hardin que se iba a transformar en un clásico de la literatura económica de la segunda mitad del siglo XX. En él, Hardin sostiene que si todo el mundo tiene acceso libre a un terreno, cada uno de nosotros intentaremos llevar la mayor cantidad de animales posible. Mientras más animales llevemos, mejor para nosotros. El problema -la tragedia, dice Hardin- se produce porque maximizar nuestro beneficio implica pérdida para el resto. Y si todos hacen lo mismo, todos pierden y nadie se beneficia. En palabras del propio Hardin,

Y ahí está la tragedia. Cada hombre está encerrado en un sistema que lo impulsa a incrementar su ganado ilimitadamente, en un mundo limitado. La ruina es el destino hacia el cual corren todos los hombres, cada uno buscando su mejor provecho en un mundo que cree en la libertad de los recursos comunes. La libertad de los recursos comunes implica la ruina para todos.

La única salida para esta tragedia, para Hardin, era un sistema de propiedad, con intervención gubernamental o la propiedad privada del terreno común, dado que de lo contrario esos bienes colectivos estaban destinados al abandono y la falta de gestión.

Este corolario parece haber sido repetido como un mantra por varias generaciones de economistas, muchos de los cuales han terminado convenciéndose de ello, haciendo apuestas que apuntan a la destrucción y consiguiente propietarización de estos recursos de uso común (sin ser economista, es la mejor traducción que se me ocurrió para los “common-pool resources”) como una manera eficiente de gestión.

Hasta que llegó Elinor Ostrom. En un libro de 1990 llamado “Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action”, le envía un flechazo al corazón a la tesis de Hardin, sosteniendo -entre otras cosas- que para evitar la tragedia, lo relevante no es el sistema de propiedad sino el sistema de administración. Ostrom sostuvo que existe una tercera vía de administración de esos recursos de uso común, cuando los individuos usan normas sociales e instituciones muchas veces informales para hacer una gestión que muchas veces es superior a la mera privatización de dichos recursos. De alguna manera, parece sugerir Elinor, en condiciones de escasez resultan más eficientes estructuras de colaboración entre los individuos antes que la depredación indidivual.

Por cierto que la tesis de Ostrom no es aplicable a toda clase de problemas. Pero probablemente donde con mayor claridad es posible aplicarlo es, sorpresa, a las nuevas formas de asociatividad promovidas por las nuevas tecnologías. Tal vez el ejemplo de la Wikipedia o la construcción del sistema operativo Linux sean buenos ejemplos al respecto. Por otro lado, la regulación de la propiedad intelectual y el dominio público también tienen cosas que decir. En un artículo titulado “Ideas, Artifacts, and facilities: Information as a Common-Pool resource“, Ostrom y Charlotte Hess aplican dicha teoría al campo de la investigación científica y las publicaciones académicas con resultados interesantes. Respecto de la información académica, expresamente Ostrom señala que la tragedia de los comunes no parece tener cabida. Entre otras razones, porque existe una cantidad importante de razones que incentivan la producción de investigaciones científicas y la colaboración entre investigadores, como la necesidad de tener información al día, los altos costos de acceso de publicaciones indexadas privadamente o la necesidad de diseminar el conocimiento en forma inmediata, gracias a repositorios e índices de acceso abierto.

Como sea, pareciera ser que con el Nobel se comienzan a escuchar lejanas las conclusiones trágicas de Garrett Hardin cuando las oportunidades y herramientas que permiten la colaboración son únicas en la historia. En un mundo donde muchos paradigmas económicos parecen estar en una encerrona fatal, muchos queremos que Elinor Ostrom tenga razón.

Fotografía: rpdorgan, Flickr.

4 Comentarios »


Circobit #14

Por si a alguien todavía le quedan dudas, grabamos un capítulo especial de Circobit, su podcast regalón.

Escuche Circobit #14: Especial Propiedad Intelectual: censura, cortes, y las teorías locas del doctor Moffat.

8 Comentarios »