Un mercado discográfico pequeño no es sólo el que consigue cifras de venta insatisfactorias para los álbumes prioritarios del año o el que no logra justificarse como plaza de conciertos internacionales. Suficiente se ha escrito ya sobre nuestra marginación geográfica para grandes tours y las exiguas estadísticas de inversión en música de los consumidores locales. En comparación con los países con una industria musical sólida, en Chile somos pocos, pobres y –para peor– teleadictos. Dedicarse a la música, desde la plataforma que sea, aquí exige cierto estoicismo (sí, incluso cuando se hacen baladas).
Pero que los chilenos seamos poco melómanos sostiene, también, otra serie de taras culturales que rara vez se analizan y que internet está obligando a revisar. Mucho más allá de la manida crisis de los sellos, la música popular se defiende aquí de acuerdo a una dinámica de interrupciones, prejuicios y descuido que es mucho más preocupante que el pirateo del último de Chayanne. Un mercado mezquino en la compra de discos es, también, uno que no justifica la existencia de prensa especializada, que desvaloriza a la música popular en comparación con otras manifestaciones creativas, que ubica a los músicos en los márgenes del mercado del entretenimiento (no merecedores, por lo tanto, ni de buenos espacios ni de buenos salarios) y que bloquea el acceso a todo aquel registro que no suponga un lucro inmediato.
Un buen argumento de Lawrence Lessig contra el histerismo en torno a la piratería de discos ha sido demostrar la falacia en la suposición de la industria de que cada disco “bajado” es un disco menos que se vende. Rodrigo Olavarría es un joven santiaguino que desde hace un tiempo mantiene dos blogs ineludibles para cualquier interesado en la música chilena de los años ’60 (principalmente). En discosvioleta.blogspot.com, Olavarría ha dispuesto en links de descarga gratuita desde Rapidshare la discografía completa de Violeta Parra, junto a otras ediciones (libros, tributos, notas de prensa) vinculadas a su eterno legado. La oferta está más cerca del sentido común que de la provocación legal: de los siete álbumes grabados por Violeta para Odeón, sólo hay uno disponible en CD (Carpa de La Reina, reeditado recién el año pasado), y la edición que circula de Las últimas composiciones, su último y mejor disco, no le ha rendido ni un peso jamás a ella o sus herederos, debido a un turbio apropiamiento maquinado luego del Golpe de Estado por un sujeto cuya historia merecería otro posteo. Ante tan patético panorama –¿no sería inconcebible que no hubiera CDs ni regalías de Atahualpa Yupanqui, Elis Regina o Chabuca Granda, por poner ejemplos cercanos?– no me extraña en lo absoluto que los hijos de Violeta Parra no sólo agradezcan el blog de Olavarría, sino que hasta lo hayan contactado para hacer algo similar con sus propias descontinuadas discografías. El mismo blogger mantiene Dicap y más, el único modo que hoy tenemos los no coleccionistas de conocer el catálogo del mejor sello independiente que ha habido en Chile, y cuyos masters y vinilos fueron pisoteados y quemados al día siguiente del Golpe militar. La red ofrece otros tantos blogs con buen acceso a discos perdidos del “boom pop” de los años ’80, la primera psicodelia local y las apuestas pioneras en metal y hip-hop chileno.
Para los aficionados a la música, las redes de distribución P2P y los sitios de alojamiento de discos han permitido recuperar un legado discográfico prácticamente perdido del que no se iba a hacer cargo institución alguna (ni privada, ni pública), y cuya reedición probablemente no es lucrativa para quienes están legalmente autorizados de hacer el esfuerzo. Son, como afirma Lessing, discos que se bajan no para ahorrarse la compra, sino para hacer posible el acceso. No puede robarse lo que nadie quiere poner a la venta.
Llegamos a Johnny Cash porque así nos lo dijo Nick Cave, y a éste porque nos lo recomendó Depeche Mode. Nuestra cultura musical se forja en la investigación retroactiva, y esa búsqueda está asegurada en un medio cultural de efectivo resguardo patrimonial. ¿Pero qué hacer en un país que ha asumido como un dogma que la oferta discográfica debe ser un continuo de apuestas nuevas, y en el que una edición de hace cinco años ya es considerada “de colección”? Incluso de Los Jaivas o Los Prisioneros las disquerías de Santiago prefieren tener compilados en vez de los discos originales. ¿Qué le queda, entonces, a Christianes o a Pánico? ¿Cómo aprende un trovador de 22 años los antecedentes locales de su mismo estilo?
Si aceptamos que cada país tiene el mercado discográfico y periodístico que se merece –el capitalismo es hábil para cargarnos sus negligencias–, entonces también sostengo el derecho a subsanar las deudas derivadas de esa limitación con una búsqueda autónoma, creativa y de compromiso sincero a través de los medios técnicos al alcance. Habrá dónde subir las entrevistas a bandas que a “nadie le importan” (según tu editor) y habrá también desde dónde bajar los discos de músicos “que no le han ganado a nadie” (según el A&R de turno). Y en esa combinación de bodegas visibles e invisibles, con la guía de esas notas de tinta o de luz, iremos armando nuestra discoteca ideal.
Partiendo por la masificación de los blogs, pasando por el nacimiento del micro-blogeo en twitter, y la explosión de sitios como Facebook y MySpace, el tener una presencia digital ha pasado de ser cosa de geeks a cosa de… bueno, todo el mundo que está a este lado de la brecha digital. Sin embargo, la mezcla de toda esta información que estamos poniendo voluntariamente en la red con la creciente sofisticación de los motores de búsqueda (desde Google a Technorati), también pone esa información a disposición de cualquiera se moleste en buscarla. Y para una generación de neófitos que estamos tratando de usar estas nuevas herramientas al máximo, también estamos demostrando una sorprendente incapacidad para evaluar algunos de sus riesgos.
Mientras más nos volcamos a usar la red (y ese tiempo no ha sido demasiado, por ahora), más rastros dejamos que indican cuáles son nuestros intereses, nuestras opiniones y nuestras relaciones. Mientras mas tiempo pasa, más de esa información que nos define como individuos se acumula en los servidores de Google, Flickr y Youtube, muchas veces fuera de nuestro control, y en lugares relativamente públicos. Y aunque seguramente Claudio, nuestro amable anfitrión, y sus banda de hippies en Derechos Digitales nos ayudarán a pelear por legislación que nos permita proteger un poco el destino de nuestros datos personales en la red, esta claro que no hay ley posible que pueda contrarrestar la naturaleza viral y abierta de la red como la conocemos.
El problema de manejar nuestra privacidad en la red tiene, creo, dos raíces, y las dos tienen que ver con diferencias fundamentales con la forma en que nuestra vida funciona en el mundo real. La primera es que en la vida analógica no existe una sola privacidad, o dicho de otro modo, tu privacidad es granular: es relativamente fácil una serie de espacios separados (familia, amigos de ahora, amigos de antes, trabajo, etc.) Aunque no tenemos control completo de como gente en esos espacios interactúan, es bastante fácil evitar que las personas en ellos se mezclen. En la red, en cambio, tenemos o cero control (¿Sabes si tu jefe lee tu blog?) o es limitado. Y así, es fácil (en Facebook, por ejemplo) encontrarse en una situación análoga a estar en un bar tomándose una cerveza en la misma mesa con tu suegra y tu jefe mientras tu mejor amigo del colegio te cuenta un chiste cochino de esos que le gustan tanto. Y por alguna razón, él no entiende por que no te estás riendo.
La segunda arista es que la red es lo más cercano que hemos tenido a una memoria permanente de nuestras acciones. Si la mayoría de los treintones como yo tenemos una serie de recuerdos más o menos vergonzosos sobre nuestros años adolescentes, esos recuerdos están – afortunadamente – más o menos a salvo en la memoria de amigos que o ya se olvidaron o que – por favor por favor por favor – no nos odian tanto como para poner un blog contando estás historias. Esa tendencia de la historia a desvanecerse es, normalmente, excelente, porque nos permite aprender de nuestros errores y evolucionar sin el constante recordatorio de como llegamos a lo que somos hoy. En la red, sin embargo, la cosa es distinta. Si a la ministra de Educación del 2007 se le critica por su puntaje en la PAA cuando apenas entraba a la adultez, terror le debería dar a su colega el 2035, cuando probablemente tendrá décadas de comentarios, artículos en blogs, fotografías en fotologs y quizás que otras cosas que seguramente nos traerá la Web 8.52. Y que decir de errores más pedestres cometidos por gente común y corriente que vivirán en la memoria digital, a una búsqueda en Google de distancia. Suerte con la búsqueda de pega.
Por supuesto, esto no significa que la red como una vía más de trabajar y socializar no sea fantástica, pero si que la vida social en bits puede ser tan o más complicada que la otra. Y antes de poner esa foto que te parece tan graciosa, o publicar ese comentario odioso, vale la pena un momento de reflexión. Porque cuando se trata de privacidad en la red, tu peor enemigo… eres tú.
Es hasta políticamente correcto a estas alturas decir que Michel Gondry es un gran, pero gran talento. Para mi por ejemplo, Eternal Sunshine of the Spotless Mind debe ser una de las diez mejores películas que he visto en la vida. Y para qué nos vamos a poner a hablar de los videoclips que Gondry dirigió antes de dedicarse a las películas: son inolvidables sus videos de Björk o de Chemical Brothers, sólo por nombrar alguno de los más geniales.
El asunto es que Gondry estrena película nueva y se llama Be Kind Rewind, protagonizada por Jack Black. Este es el momento que si usted no ha visto el trailer de esta película, haga click aquí, invierta bien cuatro minutos de su tiempo y luego vuelva a leer este post, que no se va a arrepentir. Si no quiere ir, o le tienen bloqueado Youtube, le cuento que el trailer trata de un par de empleados de una tienda de arriendo de videos que tienen que reconstruir cada una de las películas que tienen en arriendo luego que por alguna extraña razón se han borrado todas. Como es obvio (?), decidieron grabarlas ellos mismos. Y claro, la idea tuvo más éxito que las películas que ellos mismos pirateaban.
Okey. Como ven, en la definición de ‘original’ en Wikipedia debiera aparecer el guión de Be Kind Rewind y nada más fantástico que la idea de recrear en forma amateur tantas y tantas películas. Claro, el guión de la nueva de Gondry probablemente es mejor que esta pobre forma de contar lo que más me llamó la atención del trailer. Pero lo interesante viene ahora.
A pesar que la película se estrena recién la próxima semana en Estados Unidos, desde hace un tiempo gracias a las bondades de las cámaras de video y a Internet, un creciente numero de personas ha tenido la misma idea: en momentos de ocio, reconstruir películas grabándolas y actuándolas ellos mismos. El resultado es hilarante. Lo que verán a continuación es una versión libre de The Matrix, con bullet time incluído:
Y esto, Titanic:
Y esto, Karate Kid.
Con ustedes, señores,la cultura del remix en su estado puro. El triunfo de los amateurs, de los aficionados. Más videos acá.
UNO. Eres un profesor. Pides un ensayo a tus alumnos que llevará una nota final. El día que recibes los trabajos te das cuenta que uno de ellos te entrega un artículo que te parece sospechoso. Entonces en Google escribes una de las frases más elaboradamente dudosas. Efectivamente, el estudiante ha hecho un cut’n paste descarado y ante esa evidencia de inteligencia tan escueta, decides ponerle nota 1. En el mismo ejercicio pero con otro alumno, te das cuenta que éste ha tomado varias ideas de otros autores sin atribuirlas pero que terminan en un trabajo de gran nivel: síntesis de ideas importantes, relación de conceptos, una clara línea argumental, etc. ¿Qué nota le pones? ¿Es este un plagio entendido como robo o finalmente el estudiante ha sido capaz de sintetizar el conocimiento y transformarlo en algo nuevo?
DOS. En un mundo conectado en nodos comunicativos –donde Internet es solo una muestra- y donde el tráfico de conocimiento es exponencial, estamos cada vez más acostumbrados a oír y discutir sobre samplers, cut’n paste, copyleft, y diversas derivaciones de las problematizaciones del conocimiento y los derechos autorales, pero ¿qué se habla en la educación? Todos pregonan sobre la supuesta importancia de las TIC en la escuela, pero poco se reflexiona sobre las implicancias que ellas tienen en un modelo educativo cartesiano. En este contexto, el plagio sólo es tratado como engaño moral pero nadie se hace la pregunta si hoy, en esta nueva concepción del conocimiento gracias a las TIC, es posible que el plagio quepa como manifestación del saber en la educación.
TRES.
(…) ¿Qué, quieren una originalidad absoluta? No existe. Ni en arte ni en nada. Todo se construye sobre lo anterior, y en nada humano es posible encontrar la pureza. Los dioses griegos también eran híbridos y estaban “infectados” de religiones orientales o egipcias. También Faulkner proviene de Joyce, de Huxley, de Balzac, de Dostoievsky…
CUATRO. Aclaremos primero qué se denomina plagio. La RAE lo considera como “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”. Esto sería, claro, parecido a un robo. Pero me gustaría concentrarme –como Lessig nos enseñó con el copyright- en si las consideraciones de plagio siempre han tenido estas connotaciones negativas a lo largo de la historia. Y la verdad es que son muchas las manifestaciones culturales que se han valido por siglos de un plagio que ha cambiado de nombres (copia, imitación, reciclaje…), pero que en definitiva simbolizan una forma de uso de los saberes, propietarios o no, en la sociedad. Según el colectivo Critical Art Ensamble, “antes de la Ilustración el plagio estaba bien visto. Era útil en tanto que contribuía a la distribución de las ideas”.
Estrictamente hablando, el plagio pertenece a la cultura de después del libro, puesto que es en esa sociedad en la que se puede hacer explícito lo que la cultura de los libros, con sus genios y sus autores, tiende a esconder -, a saber, que la información es mucho más útil cuando entra en contacto con otra información y no cuando se la deifica y se la presenta en el vacío.
En el postcapitalismo, el plagio se lee a través de dos caras de una misma moneda. La primera es una más bien moral. Considerar al plagio como una reacción contra la comodificación (privatización) de los bienes culturales de la sociedad a través de su recontextualización (el ejemplo del colectivo artístico Superflex es muy preciso). La otra cara, la que me parece más interesante para los efectos de la educación, dice relación con la inserción productiva de los sujetos. Si en la economía, el flujo de la producción, distribución y consumo se convierten –gracias a las TIC– en un único acto ininterrumpido, ¿existe espacio para la idea original? En una circulación de conocimientos muchas veces caótica ¿se necesitan más ideas originales si aceptamos que ellas existen? ¿O más bien la sociedad necesita de buenos sintetizadores que con la premura del tiempo productivo puedan insertar sus ideas/productos en el ciclo de la producción, distribución y consumo? La pregunta última, claro, tiene que ver con qué individuos queremos educar y, por sobre todo, para qué.
CINCO. Pero ¿qué se deja atrás cuando se plantea una educación para plagiadores? La respuesta creo que debe hacerse desde la inserción de las TIC en la cultura. En este contexto, se pone en entredicho el conocimiento como objeto ajeno al sujeto, donde el individuo puede aprehender al objeto en su esencia misma, sin connotaciones ni distorsiones. Con las TIC, revolucionariamente, el saber se concibe no como una idea de conocimiento objetivo, sino como producto de la intervención colectiva de sujetos en colaboración (web 2.0). Pero por sobre todo, la idea de autor deja de ser figura exclusiva de principio de coherencia del discurso: el hipertexto llegó para liberar al lector/receptor de la dominación jerárquica de esa fuente de ideal coherencia. En la educación, entonces, ¿tiene sentido seguir considerando al plagio como copia de un autor y saber cartesiano?
SEIS. Si la educación ha de buscar una respuesta, primero no debe escandalizarse con la entrada de las TIC en la vida de los estudiantes. Es imperioso recontextualizar el concepto a la luz de los antecedentes. En este sentido, creo que el plagio al que debemos referirnos no es a esa copia descarada sino más bien a ese trabajo que toma significados culturales y los recontextualiza creando una nueva obra sintetizada. Así, el problema de dar como propia la obra no sería el meollo del asunto, sino el producto que se sintetiza y la recepción de él. Por lo demás, no sería mala idea incorporar al currículum la enseñanza de los Creative Commons como parte de la historia de las ideas pues, en cierto sentido, estas licencias presuponen un saber sintetizado y pueden darle al uso de citas un sentido de colectividad cultural más que de exclusiva atribución individual del conocimiento. Así, si se resignifica el plagio, también deben modificarse lo que evalúan los profesores y sus consecuentes herramientas de evaluación. Si hay consenso en incorporar las TIC en la educación, ¿no sería hora ya de pensar en cómo caben las nuevas lógicas del conocimiento –el plagio como una de ellas- en la educación?
SIETE. Al final de este punteo, no se me ocurre nada mejor que terminar con el que considero gran problema para llevar a cabo una educación para plagiadores: la educación cartesiana propia de nuestra tradición, confiere al conocimiento una atribución de propiedad, es decir, el sujeto “toma” un saber y lo hace “propio”. Y, como ya sabemos, el conocimiento como propiedad privada es el lema del copyright. En esa muralla de tradición, ¿cómo hacemos caber una educación para plagiadores? En eso trabajo. ¿Alguna idea?
Hace sólo algunas semanas, nuestro carismático dueño de casa (les recuerdo que escribe Francotirador y no, no es una pesadilla) gatilló casi -sólo casi- sin querer, una nutrida discusión en torno a la forma en que se aplican los impuestos en Chile.
Concuerdo en lo fundamental: los impuestos son un aporte solidario imprescindible en cualquier Estado para ayudar a quienes tienen menos oportunidades (y no sólo para financiar campañas, como deslizaron algunos), aunque con 2 salvedades: la necesidad urgente de revisar cómo se gastan (para no decir derrochan), pero sobre todo cómo se están captando.
(Un profesor de auditoría en mi universidad decía que si una empresa en Chile pagaba impuestos, era sencillamente porque no tenía un buen contador. Temo que no haya sido arrogancia gremial).
Y hurgando un poco más fue que llegué al manido tema de cómo el IVA afecta al libro, una discusión tan antigua que nuestras autoridades parecen haber aprendido el arte de trasladarse a otro plano existencial cuando se presenta (talk to the hand)… pero que no por eso deja de ocultar sorpresas.
Como sabrán, en términos muy simples el Impuesto al Valor Agregado (IVA) es un cobro proporcional de beneficio fiscal que se hace sobre la compra de productos o servicios. En otras palabras, si vendo un computador en $100 y el IVA es de 10%, papá fisco se queda con $10.
Ahora, como yo no soy tonto (o al menos eso me gusta pensar) subiré el precio del computador a $110 para cubrir esa “pérdida”, y he ahí que el IVA es un factor importante en regular el consumo, incentivando o desincentivando la adquisición de bienes.
No es raro entonces que las editoriales y otros grupos asociados lleven años culpando al IVA por nuestros bajos índices de lectura, que según la Cámara Chilena del Libro es de menos de 1 texto al año por persona, contra los 5 libros que consumen anualmente los habitantes del primer mundo (lo que parece ir de la mano con nuestro descollante desempeño en cultura general).
Y aquí comienzan las 4 sorpresas:
Sorpresa Nº1: Según Wikipedia, Chile es junto a Perú el 3º país con el IVA más alto de América Latina: 19%, justo bajo el 21% de Argentina y el 22% de Uruguay.
Sin embargo Uruguay y Argentina -al igual que muchos otros países, sobre todo en la Unión Europea- tienen tasas reducidas para productos que se consideran de primera necesidad, lo que parece tener más sentido que hacer tabla rasa entre una marraqueta y un coche deportivo.
Así, Uruguay rebaja su IVA a un 10%, mientras Argentina lo hace al 10.5%. Los países europeos llegan aún más abajo con un tercio o incluso un quinto de sus tasas normales.
Sorpresa Nº2: Pero lo más insólito es que ni siquiera importan las tasas reducidas, porque tanto en Uruguay como en Argentina y Perú, el libro está exento de IVA.
Así es. Lo mismo sucede en Colombia, México y Brasil, todos países desde donde los jaguares de Latinoamérica llegamos cargados de libros cada vez que los visitamos… como si en Chile estuvieran prohibidos.
No se trata de rebeldía sudaca. Irlanda, Hungría, Rusia, Reino Unido y Corea tampoco cargan IVA al libro, mientras que España, Grecia e Italia lo gravan en sólo un 4%. Japón y Portugal lo hacen en 5%. Francia en 5.5%. EEUU en 7%. Singapur en 3%. Suiza en 2%.
De hecho, en muchos casos resulta más económico encargar un libro a EEUU vía Amazon -considerando incluso los gastos de envío- que comprarlo en la librería de la esquina. Como diría Lessig, “el sentido común se rebela a esta idea“.
Sorpresa Nº3: Veamos el discurso contrario. La excusa sempiterna ante quienes piden esta rebaja es que en Chile prima la “simplificación impositiva”. Es decir, a nuestras autoridades les preocupa tanto que se nos dañe el cerebro calculando qué productos tienen o no impuesto y en qué porcentaje, qué prefieren aplicar una tasa igual para todos.
Por razones de salud, el IVA diferenciado no es una opción.
Pero esperen… ¿que acaso la construcción no tiene desde 1987 un beneficio tributario que le devuelve el 65% del IVA por la venta de viviendas?
Es decir, esta industria paga sólo un 35% del IVA que pagamos todos los chilenos, beneficio que el gobierno de Ricardo Lagos defendió con tanto ahínco que recién este año se está discutiendo en el Congreso eliminarlo, aunque sólo para viviendas sobre 2000 UF.
Por supuesto esta no es una reducción del IVA, sino sólo una “devolución parcial“… así que mejor no mencionemos cómo las forestales evaden su impuesto territorial.
Sorpresa Nº4: La segunda excusa más popular a la hora de rechazar eximir de IVA al libro es que si se le rebajara, habría que eliminar el impuesto a otros productos.
(Lo que es malo).
(¿Recuerdan ese capítulo donde Quico no le convidaba dulces al Chavo porque tendría que darle “a todos los demás”? Paneo a la vecindad desierta. Risas).
Sí, quizá sea atendible -en especial considerando lo herético que resultaría eximir del IVA a productos como el pan o la leche- salvo porque en Chile ya hay productos y servicios exentos de IVA.
Algunos son razonables, como los espectáculos artísticos y deportivos o los establecimientos educacionales; otros no tanto, como el transporte aéreo y naval o la venta de vehículos usados; y otros definitivamente en categoría WTF, como el pago con moneda extranjera en hoteles y las importaciones de las Fuerzas Armadas.
Entonces, no digamos que no se puede. Y si bien estamos claros en que una reducción de precio per se no elevará el nivel intelectual o los hábitos de lectura de los chilenos, sí eliminará una barrera importante a la hora de adquirir libros.
La misma que nos lleva a pasear por las librerías como si fueran joyerías, mientras hojeamos un libro, miramos el precio y lo abandonamos, con el pensamiento de “bueno, quizá en otro momento…”
En noviembre pasado se cumplieron tres años desde que comencé a escribir más o menos regularmente en este blog, que me ha dado enormes satisfacciones, cosa que ni siquiera podía haber intuido cuando todo esto partió.
Como todo aniversario, lo bueno de esto es celebrar. Y como son tres años, será a lo grande (?). Lo primero, un ligero enchulamiento del template del blog. Si usted se fija bien, verá que las letras están un poco más grandes, que hay vínculo a las categorías en la barra de la derecha, entre otros aderezos.
Pero lo más importante es otra cosa. Les explico. Un día en la ducha, lugar apto para la reflexión por donde se lo mire, pensé en que en lugar de hablar yo mismo de lo que hemos conversado durante todos estos años mejor idea era invitar amigos que son bastante más entretenidos que su seguro servidor y que por lo demás dominan temas relativos a áreas que se tocan constantemente en el blog.
Así, sin presiones de por medio -a menos que se considere como presión la cabeza de caballo que dejé en sus puertas- y sin más presentaciones, durante Febrero su blog favorito Quemarlasnaves.net estará celebrando sus tres años, con artículos de cuatro guest bloggers espectaculares, finamente seleccionados. Desde ya quiero agradecer a estos cuatro fantásticos por anotarse en esta celebración. Para mi es un orgullo que hayan dicho que sí. Y bueno, a pesar que de alguno de ellos cuelga la chapa de blogstars, los voy a dejar con la sorpresa respecto de sus identidades. Porque esa es una de las gracias, no?
Sólo para terminar una aclaración: No vaya a ser cosa que alguien malpensado crea que todo esto es un gran truco para salir de vacaciones, estar echado al sol pidiendo caipiriñas y no preocuparse de actualizar el blog. No, nada que ver ;)
Así que los dejo invitados a seguir paseándose por acá durante este mes, disfrutando de las interesantes lecturas y links de las que nos van a proveer estos amigos de lo ajeno amigos invitados. Enjoy.