
Estudiar la historia de una ley suele ser una tarea tediosa y sin mayores brillos. Saber qué dijo cada diputado, qué énfasis puso este otro, para algunos permite descifrar el sentido último de una ley. Más allá de lo equivocado que esto resulta (si fuera cierto no tendríamos necesidad de leyes, sólo de actas de discusiones sobre temas), algunas veces esta búsqueda nos gratifica con pequeñas joyas, sutiles perlas que nos obligan a ser guardadas en la misma gaveta donde tenemos los chascarros de Sábados Gigantes, las macabras bromas de don Francisco, el episodio de Patio Plum visitados por Los Prisioneros y aquella cámara oculta del profesor Rossa y Guru Guru tratándose como mortales.
El 10 de Octubre de este año hubo discusión en Sala del proyecto de ley que reforma la ley de propiedad intelectual. En esta instancia legislativa es posible que nuestros honorables pidan la palabra para puntualizar sus dudas, sugerencias y aportes. Y esta es la parte más deliciosa. Saque papel y lápiz, a continuación los highlights.
Episodio Uno: Hail to the Thief

El primero en pedir la palabra fue Ramón Farías, PPD, diputado por el distrito 30.
El señor WALKER (Presidente).- Tiene la palabra el diputado señor Ramón Farías.
El señor FARÍAS.- Señor Presidente, en primer lugar, saludo a las delegaciones de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor, SCD, y de Chileactores, presentes en las tribunas, y a los artistas Fernando Ubiergo, Eduardo Gatti, Enrique “Quique” Neira, Eduardo Peralta, Nano Acevedo, Manuel Luna, Arturo Duclos, Esperanza Silva, presidenta de Chileactores; Marcela Medel, Santiago Schuster, César Cuadra, Jorge Mahú, Catalina Ibáñez, Ana Luisa Pérez, Pablo Herrera, Francisco Saso, Denisse Malebrán y Horacio Saavedra.
Mi saludo cordial para todos ellos.
(Aplausos en las tribunas)
(…)
La señora VIDAL (doña Ximena).-Quiero saludar a los representantes de Chileactores, de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor, a los actores, a las actrices, a los músicos y a los artistas en general, así como a los abogados y a otros profesionales que han hecho suyo el baluarte de proteger el derecho de propiedad intelectual en nuestro país, sin cuyo compromiso este debate no sería posible, puesto que con paciencia, unidad y eficiencia han sabido empujar al Estado para que se haga cargo del tema.
(…)
El señor LATORRE.- Señor Presidente, quiero partir saludando no sólo a quienes nos acompañan en las tribunas, sino también muy especialmente a quienes, en representación de nuestra comunidad de artistas e intelectuales, están presentes para atender a un proyecto de ley que tiene sentido en la medida de que fortalezca los derechos de autor y de propiedad intelectual, que se manifiesta en los derechos de artistas, intérpretes o ejecutantes sobre sus interpretaciones o ejecuciones, los derechos de productores de fonogramas sobre sus grabaciones y los derechos de los organismos de radiodifusión sobre los programas de radio y televisión.
Doña Ximena Vidal, don Juan Carlos Latorre y el diputado Farías, como ve, comienzan sus diatribas con saludos a la hinchada que atestaba las tribunas, en un gesto antideportivo y torcido. Es el árbitro saludando a la barra del club local. Por lo demás, el diputado Farías, demás de autodenominarse artista -cosa que digo no por despreciar su previa carrera actoral/musical, sino porque le pagamos el sueldo para ser Diputado, no saltimbanqui- comienza su intervención con esta arenga que no me puede dejar sino con los pelos de punta.
Imagine, estimado lector, que durante la discusión de la ley de Pesca el senador Andrés Zaldívar salude en sala a todos los empresarios pesqueros y a los directores de empresas relativas a la pesca. O si durante la discusión de la ley del Royalty minero, un diputado salude efusivamente a los integrantes del Consejo Minero y a los representantes de la Sociedad Nacional de Minería.
Don Juan Latorre, Ramón Farías y su señora, doña Ximena Vidal, surfeando la acusación constitucional.
Episodio dos: Los piratas del caribe o ¿Dónde está Jack Sparrow?

Todos sabemos lo que dice la industria: que Internet va a matar la música, que debido a la piratería se pierden fuentes laborales, que hay grupos de piratas que asolan las redes y que provocan que nuestros artistas se mueran de hambre.
El señor CHAHUÁN.- Atendida la circunstancia de que la piratería ha alcanzado su mayor dimensión en las redes digitales, es preciso establecer tipos penales especiales que la repriman. Es del caso que el proyecto no contempla claramente dichos tipos penales especiales, razón por la cual a la piratería en redes digitales debería aplicarse los tipos penales genéricos contemplados en el artículo 79 del proyecto, referidos a utilizaciones no autorizadas de obras y producciones protegidas por derechos de autor y conexos, en cuyo caso las penas se establecen en relación al monto del perjuicio sufrido por el titular de los derechos afectados. Es sabido que la piratería, por regla general, constituye una actividad clandestina y en la que muchas veces resulta extraordinariamente difícil determinar la magnitud de las transacciones ilícitas, más aún tratándose de la piratería on line. Exigir a los titulares afectados acreditar tales perjuicios para los fines de disponer la pena asignada al delito, constituye una muy pesada carga para ellos y de muy difícil prueba, situación que en la ley no existe.
En castellano: lo que propuso el señor Chaguán es que se establezcan penas especiales para lo que él denomina piratería online, dado que es una actividad clandestina y donde no es posible establecer con claridad los perjuicios habidos, lo que sería difícil de probar por los titulares de derechos. Resulta interesante destacar que el proyecto que Chaguán critica establece que si usted, querido lector, descarga con inocencia un mp3 que encontró en Google tiene como piso mínimo de pena prisión en cualquiera de sus grados o multa de 5 a 100 UTM (de CL$170.000.- a CL$3.400.000.-). Suavecito, ah?
Episodio tres: Legislando con blackberry en mano

Pero no es sino el honorable Jorge Burgos, diputado por Providencia, el que se lleva todos los kudos de la noche.
El señor BURGOS.- (…) Conocí el proyecto ayer en la noche. Traté de leerlo en el blackberry cuando me detenían las luces rojas de los semáforos. Ésa no es la forma de legislar una materia de esta envergadura.
Hey! momento. ¿Está el diputado Burgos diciendo que no alcanzó a leer el proyecto de ley? ¿Que lo conoció la noche antes de votarse en sala? ¿Que lo leyó en los semáforos en su blackberry? Considerando que la dieta parlamentaria de un diputado sobrepasa los seis millones de pesos, sólo me resta decir un gran OMG.
Después de todo, queridos amigos, no sé cual es la moraleja de estas tres historias. Ni siquiera sé si son tristes. Entre la sutil corrupción de la primera historia, el extremismo de la segunda y la desidia de la tercera, podemos construir cómo nuestros diputados enfrentan el proceso legislativo de una materia tan delicada como es la Propiedad Intelectual.
La pregunta final es si vamos a tener una reforma que defienda los intereses de los poderosos de siempre o si vamos a tener una ley de propiedad intelectual que equilibre por fin los intereses de todos los involucrados. Por más que tengamos diputados usando su Blackberry, si pretenden que vayamos todos presos por descargar un miserable MP3, estamos legislando para el pasado y no a favor de los ciudadanos.
Para tomarlo en cuenta cuando tengamos que poner la rayita en las elecciones. No se olviden nunca que al final los que decidimos somos nosotros. A lo menos en teoría.
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