Circobit #9, edición de fin de año

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Aprovechando la presencia en Chile de mi amigo Carlos Moffat, decidimos grabar un episodio de colección del blogcast, cada vez más podcast, Circobit.

El episodio está la mar de interesante. Fundamentalmente, porque apuntamos a tres grandes temas que cruzaron la agenda en materia de tecnología y regulación durante el año, analizados todos ellos en forma ácida e informada. A estas alturas, está claro que el ácido lo pongo yo, la información, nuestro genio del MIT.

Recomendado. Póngale la ficha.

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Egipto y el derecho de autor travesti

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Fotografía por ancama_99, Flickr

Zahi Hawass es un buen hombre. El egiptólogo, hoy secretario general del Consejo Superior de Antigüedades del gobierno egipcio, el año 2003 fue parte de una campaña gubernamental que exigía la devolución de una serie de reliquias antiguas como el Busto de Nefertiti que se exhibe en Berlín, las estatuas de Hatshepsut, hoy en el MET, el obelisco de la Plaza de la Concordia en París y, por supuesto, la famosísima Piedra Rosetta, en manos británicas desde principios del siglo XIX.

Esta semana, algunos días antes del día de los inocentes, notas de prensa internacional informaban de una propuesta del gobierno egipcio para reformar sus normas de propiedad intelectual y les permitiese recibir réditos por las reproducciones de obras de arte antiguo egipcio en el resto del mundo. Las confusas informaciones que se pueden obtener a través de la red, indican que esta norma -apoyada por Hawass- estaría pensada en las réplicas de iguales dimensiones (?) que las obras originales. Según BBC, indica el propio Hawass que el hotel Luxor en Las Vegas no se vería afectado por esta norma, toda vez que no sería una réplica exacta y su interior difería del interior de las pirámides originales (?).

Hablar del absurdo de la idea no tiene mucho sentido y largo se ha escrito en este mismo blog respecto del tema. Sólo deténgase a pensar en la forma de hacer efectiva la norma en todo el mundo, de ser aprobada. Sí creo que es posible sacar dos conclusiones al respecto.

La primera, denominémosla la del buen samaritano. La idea de conseguir fondos para que países del tercer mundo puedan mantener su patrimonio arquitectónico o artístico suena fantástico, de una corrección política de manual. Quién podría oponerse a una iniciativa como esa. La cuestión fundamental, que en nuestras sociedades rurales nos cuenta tanto enfrentar, es quién paga, cuál es el costo. La idea egipcia no es sino una muestra más de utilización, por parte de países en vías de desarrollo, de argumentos que provienen de las grandes economías mundiales, quienes concentran largamente los beneficios que se recaudan por concepto de royalties. Es una apropiación o propietarización del dominio público, que se distingue sólo ligeramente de lo que hace DIBAM a través de su proyecto Memoria Chilena.

En segundo lugar, el derecho de autor, entre otras cosas está pensado como una herramienta legal para el fomento a la creatividad. Es decir, se explica la existencia de este conjunto de derechos precisamente porque su explotación supondrá que los autores puedan recibir réditos por la explotación de sus obras y por tanto fomentar la creación de nuevas obras artísticas. Pero así como el constante aumento de los plazos de protección no ayuda a entender esta situación, la apropiación o privatización de obras que se encuentran en el dominio público apunta precisamente al sentido contrario. A través de este tipo de iniciativas arrancamos obras que se encuentran disponibles para nuestro libre uso y las encerramos con estas llaves legales, prohibiendo, clausurando.

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Fotografía por Ali-PG, en Flickr

Pero si hemos llegado a que el gobierno egipcio piense siquiera en todo esto es porque tenemos un derecho de autor que hace rato no está siendo usado para fomentar la creación. Desde hace años somos testigos de un morboso crecimiento de un derecho que dice proteger a los autores pero más bien protege a poderosos intermediarios. Un derecho que en lugar de fomentar la nueva creación a partir de la tecnología digital, la inhibe levantando cercas y alambres de púa a todo lo que huela a utilización de terceros.

La serie de cambios que ha supuesto el que los derechos de autor sean regulados en tratados internacionales de comercio tienen como directa consecuencia que pueda ser utilizado para fines que distan por lejos de la libertad de crear y difundir las artes. Aumentos de plazos de protección, disminución del dominio público, pulverización de excepciones y limitaciones al derecho de autor son sólo herramientas para que este derecho sea esgrimido por multinacionales del entretenimiento en contra de sus potenciales clientes. Son herramientas para ser utilizadas por los guerreros del derecho de autor que distan de ser creadores.

Así logramos tener un derecho de autor travesti, que dice proteger la creación pero que finalmente es un cálido hogar para la explotación políticamente correcta del patrimonio cultural de la humanidad. Que se viste de santo para propietarizar nuestra cultura.

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Los mejores discos del 2007

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Fotografía por Abbey Drucker

En un año de decisiva redefinición del mercado musical (no hablemos de crisis; eso suena a alucinación y Apocalipsis), de pataleta corporativista y reacción transnacional, de NetLabels, de descargas y más descargas, nunca habíamos tenido tanta buena música al alcance de la mano. La siguiente es la selección de los mejores discos del 2007 -la primera parte- según nuestro equipo. Recuerden que está hecha con cariño y absoluta subjetividad. Esperamos vuestras impresiones.
Seguro que el 2008 habrá el doble de buena música; esto ya es imparable.

El 2007 fue un año raro. Principalmente porque se transformó, en perspectiva, en un año definitivo para ciertos fenómenos que comenzaron a tomar forma hace un lustro o más, para llegar al 2007 como una realidad a la que debemos adaptarnos.

Hemos sido testigos de tendencias como la masificación y consolidación de algunos NetLabels como Pueblo Nuevo o los hace rato presentes Jacobino Discos, transformación de iTunes como una de las más importantes tiendas de ventas de música en línea, alternativas como eMusic de venta de música independiente sin DRM, masificación de sistemas de intercambio de archivos persona a persona como Soulseek, Bittorrent y eMule, pasión y muerte de Oink!.

Los melómanos hemos encontrado en Internet una caja sin fondo para proveernos de la música que las cadenas de distribución tradicionales sistemáticamente nos negaron. Antaño, Feria del Disco insistía en vendernos a La Ley cuando buscábamos lo último de Sonic Youth. El circuito era pequeño y artesanal, restringido, under y en algún sentido, elitista. La irrupción de Internet supuso el quiebre de las barreras con las cadenas de distribución tradicional y el errar de tienda en tienda y pagar cantidades absurdas por un disco sin book ni extras, lo cambiamos por un par de clicks en Rapidshare conseguido en el blog de turno. Se democratiza el acceso, se democratiza la cultura.

Mientras día a día nuestros primos y hermanos comienzan a explorar música que va más allá de la que nos quieren imponer los grandes sellos, la industria tradicional del entretenimiento sigue sosteniendo obtusamente que Internet está matando la música y que cada día pierden más dinero, cuando la realidad pareciera dirigirse por principios opuestos. En Chile no se recuerda un año con más conciertos y de calidad que el 2007: Erlend Oye, José González, Battles, The Rapture, la vuelta de los Chemical Brothers, Caléxico, Juana Molina, Dominique A; un poco fuera quizás de nuestros gustos, pero Coldplay, Roger Waters y Soda Stereo también hicieron lo suyo en este mundo musical en constante ‘crisis’. Mientras la RIAA y sus tentáculos bajan Oink! y se llevan detenidos a estudiantes por descargar MP3, en Chile Bjork y el raro tándem The Police+Beck llenaron estadios con gente que pagó más de 20 mil pesos (40 dólares) en la boletería. La música en crisis para cualquiera menos para los músicos y el público.

Así las cosas, es como hemos accedido a más música que nunca e hicimos este ranking antojadizo y arbitrario, pero lleno de cariño y dedicación. Juntar y tabular las elecciones de más de veinte colaboradores que hacen posible hoy Super45 es una tarea compleja. Más compleja cuando se juntan gustos tan disímiles como educados, algunos tendenciosos y otros derechamente hypes. Si bien los algoritmos sirven para darle un sentido al asunto, para finiquitar el ranking terminamos decidiendo a la vieja usanza, frente a un pizarrón sucio con tiza en mano, debatiendo y argumentando respecto de los puestos definitivos para un año riquísimo en discos y bonitos descubrimientos.

Pues eso. Estas tendencias del 2007 nos ayudan a pensar en el futuro de la música. Y en la música, claro. Los invitamos a compartir nuestra sudada elección, que puede servir como un elemento más para felicitarnos, descubrir nuevos discos, y criticarnos. Que algo de gracia tiene cuando hay discusión. Sin discusión, no hay alegría.

Lo anterior, y por eso escrito en tercera persona, lo escribí para presentar la lista de los mejores 45 discos según Super45.

Este año, repitiendo una costumbre que ya hicimos el 2005 y el año pasado, donde coronamos a Garden Ruin de Caléxico como el disco del año, les dejo mi humilde listado de los mejores 20 discos que nos deja este año 2007 y que tuvo que “competir” con las listas de los colaboradores de Super45.

Por definición, un listado de los mejores discos del año es superficial, discriminatorio (?), sesgado y ambicioso. No será esta una ocasión distinta. Como decía más arriba, lo importante es que nos permite conversar y discutir. Nos trae la alegría. A continuación mi listado.

1.- The National – Boxer
2.- Panda Bear – Person Pitch
3.- Low – Drum and Guns
4.- Spoon – Ga Ga Ga Ga Ga
5.- Von Sudenfed – Tromatic Reflexxions
6.- Blonde Redhead – 23
7.- Of Montreal – Hissing Fauna, Are You the Destroyer?
8.- Caribou – Andorra
9.- Arcade Fire – Neon Bible
10.- Jens Lekman – Night Falls Over Kortedala
11.- Battles – Mirrored
12.- Animal Collective – Strawberry Jam
13.- Andrew Bird – Armchair Apocrypha
14.- Iron & Wine – The Shepherd’s Dog
15.- The Besnard Lakes – Are the Dark Horse
16.- Radiohead – In Rainbows
17.- Okkervil River – The Stage Names
18.- Tunng – Good Arrows
19.- Deerhunter – Florescent Grey
20.- Wilco – Sky Blue Sky

Aunque no alcanzaron a clasificar acá, menciones honrosas para Elvis Perkins, M.I.A., Feist y mi amada PJ Harvey

Premio limón para: Justice, Bjork, The Rapture, Bloc Party, Tegan and Sara y St Vincent.

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Piñera, Facebook y las pequeñeces de la blogósfera chilena

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Fotografía gracias al Flickr de Piñera

Cuando se trata de internet, el tiempo pasa como esas imágenes aceleradas luego de apretar el botoncito del DVD, 4x. Si hasta hace algunos meses era el dudoso Second Life la “best new thing” virtual, por estos días la niña bonita -compra de un porcentaje menor por parte de Microsoft en 240 millones de dólares mediante- se llama Facebook.

Para el querido lector que estas cosas de las denominadas nuevas tecnologías le son algo más ajenas -sea porque le da pereza aprender nuevas cosas, sea porque venga del pasado- Facebook es, en corto, un sitio web concebido como una “red social”, por lo que luego de registrarse gratuitamente, puede ingresar sus gustos, agregar amigos, unirse a causas, compartir fotos, videos y saber con qué personaje de Disney usted es más cercano.

La noticia al respecto que ronda por estos días, y que incluso ha tenido repercusión en medios establecidos como Que Pasa y Terra, es que el ex candidato presidencial chileno Sebastián Piñera ha abierto una cuenta en Facebook. Y a mi qué, pudiera apuntar un lector agudo y cosquilloso. Pues aunque usted no lo crea, esto ha provocado una rueda de comentarios y de latidos de corazón por parte de aquellos optimistas y también de los que tienen carteles guardados esperando el momento cuando seamos conquistados por alienígenas. Casi como sosteniendo carteles señalando I want to believe.

Ya sabe, la “blogósfera” chilena es tierra fértil para ilustrar lo mejor y lo peor de lo nuestro. El surgimiento de los blogs y en general la masificación de la publicación en Internet, ha significado ser una herramienta fantástica para la libertad de expresión e incluso para el control del poder, generadora de campañas ciudadanas notables, pero también para ser lo que hace algunos años atrás eran los foros y salas de chat. Hay quienes se toman en serio las tecnologías y sus posibilidades. Hay otros que prefieren potenciar su carácter lúdico y enterrar las posibilidades políticas en la nebulosa de las decisiones 2.0.

Es así como Luis Ramírez, entre otras cosas bloguer y cara visible de la campaña Un Computador por Niño en Chile (UCPN), hace un par de semanas anunció, con algo que me recordó ansiedad teenager, que el “hasta ahora más probable próximo Presidente de Chile” (sic) había sucumbido a la tentación de ser parte de la red Facebook. Como si fuera una noticia de veras trascendente, como si esto implicara algo más que una jugarreta de campaña intentando emular las movidas de precandidatos presidenciales norteamericanos, Luis, y varios otros, han visto en esto una oportunidad para entrar en contacto de una forma más directa con el eterno candidato presidencial y lo han hecho procurando “invitar” a Piñera a ser parte de la causa Un Computador por Niño (Chile).

Un par de semanas después, e incluyendo hasta bendiciones, Ramírez celebra que Piñera se haya “sumado” a la causa UCPN. En Facebook, lo que es equivalente a un par de clicks. Además de señalar que el empresario sea “probablemente el personaje más popular en esta plataforma en Chile”, con una copa de vino en mano -y probablemente varios suspiros mediante- Ramírez sugiere dos efectos políticos de corto plazo que podría provocar el que Piñera se haya “sumado” a la causa: primero, el ayudar a llegar más fácilmente a otros candidatos; y segundo ayudar a sensibilizar al actual gobierno (?). Finalmente, Ramírez intuye certeramente que el apoyo es sólo un pequeño paso para lograr el apoyo transversal que él quiere para UCPN.

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Fotografía tomada desde UCPN.cl

Si el futuro de las redes sociales será Facebook, Second Life, MySpace o LinkedIn, da un poco lo mismo y probablemente ninguno de nosotros esté en condiciones de apuntarlo. Pero quienes nos tomamos un poco más en serio las posibilidades de acción que nos entregan las denominadas nuevas tecnologías debemos actuar con cautela frente a estas escaramuzas digitales de políticos hambrientos de reconocimiento e identificación ciudadana. Que Piñera abra una cuenta en Flickr es equivalente a que se ponga un casco cuando visite Lota o que coma curanto cuando se baje del helicóptero en Chiloé. No lo hace ser un político distinto.

Dos reflexiones para cerrar. Pareciera ser que lo de Piñera no es sino la punta de lanza para el desembarco de los políticos chilenos en redes sociales. No es casual, por lo pronto, que políticos que han buscado conectarse con el mundo juvenil, como Piñera y el autoproclamado Trivelli hayan comenzado a explorar estas herramientas en busca de un público que históricamente les ha sido difícil. Más allá de brindis virtuales y de autoreferentes y forzadas interpretaciones de los efectos del arribo de políticos a Internet, para que nos tomemos de verdad en serio todo esto parece ser necesario algo más que un par de clicks para unirse a la causa de moda en la red de moda. Así como sucedió con el mundo empresarial en plena era del boom de las punto com, los políticos hoy comienzan a explorar las oportunidades de las nuevas tecnologías con la lógica del mundo analógico. Unirse a una causa que pretende traer a los Rolling Stones en Chile si se juntan 30.000 personas parece, además de patético, un guiño mezquino frente a las posibilidades de interacción que supone Internet.

Los intentos de Piñera suenan como querer llegar a los jóvenes adoptando una jerga juvenil demodé. Desde la soledad del dinero y del karma de ser un eterno wanna be político “Es terrible de grosso Facebook”, suena como el nuevo lema de campaña dirigido a pokemones tecnológicos. Poke him!

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Fotografía gracias al Facebook de Sebastián Piñera

Porque el problema no es Piñera. Lo grave, a estas alturas de partido, es ver el estado de la “blogósfera” chilena y esta tendencia a seguir llenándose la boca destacando la importancia de estas familias blogueras (?), de clubes de amigos y confraternidades trilambdas en Internet que la verdad es que dan un poco de pudor ajeno. Y no porque Internet y las redes sociales no sirvan para socializar (no soy yo el que tiraré la primera piedra), sino porque si de verdad queremos tomarnos en serio el poder tras las redes e Internet tenemos que partir por tomarnos en serio nosotros mismos. La importancia capital que supone Internet para el futuro de la creatividad, del acceso al conocimiento y por supuesto de la participación de la ciudadanía en temas públicos está condicionada por la forma en que todos los actores dialogamos a través de la red, por cómo trascendemos lo doméstico, lo cotidiano.

Tristemente, la realidad indica que no basta con ponernos bolsas de basura en la cabeza para evitar accidentes y por más que en Facebook sumemos miembros a la causa en contra de la violencia intrafamiliar, hoy por la noche siguen siendo violentadas miles de mujeres en Chile. Pareciera que la tecnología no tuviera que ver en política sino en formato light y de fácil digerir, dulcemente cerca de la corrección política y las causas nobles. Cada vez más conformes y menos arriesgados.

Pequeñeces en forma de bites.

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Creative Commons: el futuro del derecho de autor

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En los últimos años, la propiedad intelectual pasó a ser uno de los elementos más importantes en los tratados internacionales de connotación comercial, cuyos ejemplos más cercanos en nuestra región con los acuerdos bilaterales de libre comercio. Esto, lejos de implicar un estándar equilibrado a nivel internacional, ha ido en detrimento de los intereses del público.

Esta tendencia sobreprotectora se ve reflejada en distintos campos, pero no es sino en la devastación de las excepciones y limitaciones al derecho de autor donde se hace más evidente, dejando al desnudo al público y a los nuevos creadores. Así, al suscribir tratados de libre comercio, y obligarse por tanto a homologar su normativa interna, nuestros países no miden con la misma medida las normas que permiten mayor protección que las que permiten equilibrar esto con los intereses del público, derivados del acceso.

La masificación de la tecnología, y en particular la relevancia de Internet como una oportunidad de desarrollo cultural, ha supuesto la necesidad de replantear los paradigmas que fundamentan la regulación tradicional de derecho de autor. Esto se produce porque la regulación tradicional no ha dado respuesta a las necesidades de los autores en la era digital y, principalmente, al hecho de que hoy, en alguna medida, somos todos creadores. Más aún cuando los intereses de las grandes industrias del entretenimiento -no necesariamente de los autores- son quienes han liderado las reformas para que la legislación se adapte a la era digital.

Uno de los cambios fundamentales que ha supuesto Internet es la mejora radical y sustantiva de los medios de distribución de contenido. Internet, para muchos, ha implicado la oportunidad única para cambiar la forma mediante la cual la cultura y el arte llegan hasta el público, para hacerlos más accesibles y directos. El problema es que esta regulación, a pesar de ser realizada con el apoyo de los sectores que representan a los autores, ha terminado limitando la creación y desaprovechando las oportunidades que brinda la tecnología.

Es así como se explica el nacimiento de alternativas de licenciamiento abierto o libre, que permiten utilizar las potencialidades que otorgan las nuevas tecnologías para la difusión de la cultura. Estas alternativas, entre las cuales Creative Commons surge como una de las de mayor impacto, se construyen a partir del sistema de derecho de autor tradicional para dar respuesta a los desafíos que impone la masificación de la tecnología y que no son resueltos en forma satisfactoria por la legislación vigente.

Así, Creative Commons ofrece a los autores la posibilidad de marcar sus obras con las libertades que deseen, entre seis alternativas posibles. Lo que en un principio era solamente un sistema de licenciamiento libre y gratuito, se he transformado en mucho más, siendo hoy un movimiento de carácter internacional, con presencia en más de 70 países y contando con más de 170 millones de obras licenciadas en todo el mundo. Son miles de autores los que utilizan un modelo de derecho de autor que se aviene mejor con la nueva realidad para la difusión del conocimiento y de la cultura.

Creative Commons se transforma en una alternativa gratuita y original para, por un lado, entregar certezas a terceros que encuentran estas obras a través de la red y, por otro lado, permitir a los autores utilizar en forma amplia las posibilidades que entregan estas nuevas tecnologías para la difusión de sus obras. Lo anterior se facilita con las herramientas de búsqueda avanzada, tales como Yahoo! y Google, que permiten encontrar obras licenciadas de esta forma.

Pero Creative Commons no ha supuesto sólo beneficios para creadores y públicos. Alternativas derivadas del software libre y de licenciamiento abierto en general han permitido el nacimiento de nuevas formas de negocio. Negocios que no se acaban con el boom de las “punto com”, sino que basan su valor precisamente en el trabajo colaborativo de sus miembros, generando una nueva economía, una economía horizontal que ha sido denominada “sharing economy”. Sellos discográficos como Magnature o Jamendo, periódicos como 20minutos y sitios web como el de la Presidencia mexicana o la Biblioteca del Congreso chilena, han decidido licenciar sus contenidos con alguna de estas licencias, permitiendo que sus obras se difundan legalmente a través de internet y, de esta forma, generar réditos distintos a los que se esperaban en la economía del pasado.

Hoy, cuando el valor parece estar en el cambio radical de los modelos de negocio en las industrias del entretenimiento existentes, Creative Commons se sitúa en un lugar equidistante entre el dominio público y el derecho de autor tradicional. En definitiva surge desde la necesidad de los autores por utilizar la tecnología a su favor, saltándose los intermediarios. Una alternativa para evitar los absurdos de un derecho de autor del pasado.

Columna publicada en la edición de Diciembre de Terra Magazine

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