Las cinco del lunes #22

1.- Amanecimos hoy con el cambio de look de La Tercera. A veces uno quiere creer. Es harto feo, pero a lo menos volaron el odioso papel digital. Todo puede ser peor.

2.- “si un weon indie no quiere hacer marketing porque odia el concepto, mejor que se dedique a tocar charango pos” Andrés Valdivia dixit, en lo que es la frase de la semana.

3.- Kaikú, yingo, amango… ¿soy sólo yo o alguien más cree que los creativos de programas juveniles vieron mucho Teletubbies?

4.- Muerte a los documentos discursivos. ¿Leyó la estrategia digital de Chile? (es cosa de mirar el link no más y va a entender todo)

5.- Escuche apenas pueda lo nuevo de Caribou… si hubiera un ranking de canciones del año, Sandy va fija.

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Radiohead y la falacia de la venta de discos

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Hacer una crítica estrictamente musical del último disco de Radiohead le haría un favor mezquino a lo que hay dentro. Porque para los deterministas, lo de los ingleses es un puntapié en la mesa que estaba por venir y que era producto del cauce irremediable de las cosas. La demostración final, en definitiva, del nuevo orden de esta nueva economía del youtube y del myspace. Para los otros, más prudentes o si se quiere timoratos, no es más que un experimento de neo hippies que, gracias a ser una banda de primera línea, se permiten dar para en unos meses dar el asalto a un sello multinacional que distribuya su disco en formato box-set.

La cosa es ciertamente más compleja pero no menos entretenida.

A pesar que no tenemos, y al parecer tampoco tendremos en el futuro, cifras oficiales respecto de las descargas del disco In Rainbows, han trascendido a lo menos tres: a) que sólo en la primera semana han vendido más de 1 millón de discos; y b) el precio promedio pagado por quienes descargaron el disco iría entre 5 y 8 dólares norteamericanos, a pesar de poder pagar cero; c) sólo en el primer día de venta, se descargaron más de 240.000 copias desde las redes Bittorrent, lo que supuso alrededor de 500.000 descargas sólo en la primera semana .

Para hacerse una idea de lo que implicarían estas cifras, según Billboard el número uno indiscutido en ventas la semana pasada es el último disco de Bruce Springsteen, que ha vendido 335.000 copias. Más aún, el anterior disco de Radiohead, titulado “Hail to the Thief”, de 2003, llegó a vender 300.000 unidades en la primera semana; “Amnesiac”, 231.000 copias en 2001; y “Kid A” 207,000 en 2000, según cifras de la industria. Lo interesante es que esto no se trata solamente de cifras de discos vendidos. Lo que salta a la vista es, además del impresionante número de discos vendidos, es la torcedura de nariz que supone a cómo ha funcionado el negocio de la música en los últimos ochenta años, desde la masificación del fonógrafo y la radio:

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Como he comentado más de una vez, el derecho de autor se adapta siempre a los cambios en los medios de distribución. La aparición y masificación de Internet ha supuesto un cambio radical a las viejas y oscuras formas mediante las cuales la música, en este caso, llegaba hasta un consumidor final. Elementos que demuestran lo anterior son el aumento sustantivo de la venta de música en formato digital, la aparición de tiendas virtuales como iTunes o eMusic, que venden lo que el amante de la música en definitiva busca. La caída de la venta de los discos compactos no es sino el corolario de una muerte anunciada hace años.

Además de lo anterior, en el mundo analógico -léase pre Internet- los que menos ganaban con la venta de discos eran los propios músicos. Resulta paradójico revisar las cifras que muestran que en promedio los músicos reciben menos del 8% del precio final que pagamos en las tiendas. Pero a pesar de eso, hemos visto a Keko Yunge aplastando discos piratas sobre una máquina y rogándonos que no matemos la música:

“Encuentro ordinario, de mala clase, que la gente, en especial la que tiene más recursos, se tiente con ahorrar a costa de los creadores. El argumento que se escucha es que gracias a los piratas, las personas modestas pueden tener acceso a la música. ¿Por qué, me pregunto, la música y las manifestaciones culturales deben ser gratis? ¿Por qué se hace esa diferencia con todos los demás productos y servicios? No entiendo. Es una conducta poco civilizada. Es reírse de los artistas

En este mundo de Bilz y Pap, vemos también a Denisse Malebrán defendiendo un impuesto que, según ella, debiéramos pagar cada uno de nosotros por ilícitos que cometen otros y que no está bien que descarguemos su música gratis.

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Más aún, es un hecho comprobado que los músicos -sí, esos por los que finalmente usted está pagando el precio del disco o de la entrada al recital- ganan no con la venta de discos sino que con los shows. Sin ir más lejos, según Pollstar, el año pasado el público compró 37.9 millones de tickets para espectáculos en vivo para asistir a los tours de los 100 conciertos más importantes, en un aumento de un millón comparado con la cifra del año pasado. En el caso de los shows, el beneficio va directamente hacia los artistas, no estando por tanto limitados al escuálido 6 u 8 porciento acostumbrado.

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Por eso lo que sucede con Radiohead suena tan bien. Como explica Eduardo Porter en el New York Times, si tenemos un producto por el que podemos pagar lo que queramos, obteniendo idénticos beneficios, pues entonces la respuesta razonable desde el punto de vista económico es que no paguemos por él. Que lo descarguemos, en este caso, gratis. Pero lo que demuestra el experimento de Radiohead, es que existen casos en los que las impecables reglas económicas no siempre dan respuestas lógicas o es que efectivamente en algunas circunstancias no respondemos a reglas racionales. Según algunos, más de un tercio de quienes descargaron el disco lo hicieron gratuitamente. Otros pagaron más de setenta dólares por lo mismo. ¿Para gratificar a la banda por la iniciativa? ¿Como premio por hacer algo realmente independiente? ¿Porque de esta forma están generando una nueva economía?

Como quiera que fuese, este es un negocio, como dicen los economistas, o un juego win-win. Todos ganan. Los músicos, porque en lugar de recibir porcentajes escuálidos, reciben ganancias netas. El público, porque consigue la música que quiere, en un formato legible y prácticamente universal, y sin odiosos sistemas de DRM.

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Permítanme concluir con un par de reflexiones adicionales. Michael Calore, en Wired, tiene un punto. En su artículo, ilustraba lo complicado que le resultó descargar el disco desde el sitio oficial el día del lanzamiento. Ante su impotencia, visitó los conocidos The Pirate Bay o Mininova y con tres clicks y menos de cuatro minutos ya tenía el disco en su computador. Claro, porque a pesar de poder ser conseguido gratis en el sitio de la banda, estos trackers de Bittorrent contaban con la no despreciable suma de más de 500 seeds para el álbum, superado sólo por los todopoderosos Kanye West y Foo Fighters. Pareciera ser que la gratuidad del producto final no es igual a gratuidad en redes P2P. Existen costos de oportunidad sumergidos, como el proceso de registro o tener tarjeta de crédito, que hacen muchísimo más simple recurrir a las redes P2P de siempre para conseguir el mismo resultado.

Por otro lado, dado que las estadísticas de ventas de discos en el mundo las manejan los sellos y sus agrupaciones, es claro que In Rainbows no aparecerá en ningún chart y no recibierán disco de oro ni de platino. Para graficarlo mejor, según Google Trends, el país donde más se buscó la palabra ‘radiohead’ la última semana, no fue ni en Estados Unidos ni algún país de Europa. Fue en Chile, el mismo país donde premiaron a Álvaro Henríquez con “disco de oro digital” (?) por las 7.500 descargas de canciones de Los Tres.

En una industria que quiere comprender el fenómeno digital con las reglas del pasado, las redes sociales hacen su propia tarea y Last.fm es el eslabón perdido. Mientras para la industria y nuestras anquilosadas normas de derecho de autor un gran porcentaje de nosotros es considerado pirata y delincuente, llenamos teatros y estadios para ver a nuestros artistas favoritos. Cuando los charts y rankings le dan la espalda a la apuesta de Radiohead, la estadística de Last.FM sobre lo más escuchado la semana pasada es lapidaria. Mientras Kanye West y la maquinaria industrializada suma 45.073 pasadas de su hit Stronger, en los diez primeros lugares de lo más escuchado están los diez tracks del disco de Yorke y compañía, sumando casi dos millones de pasadas por los reproductores de música de los internautas del mundo.

Mientras la industria sigue sacudiéndose del porrazo que implicó la irrupción de Internet, y sigue llenando de demandas a quienes bajan música gratuitamente, Radiohead y las nuevas generaciones avanzan en una carretera paralela y a alta velocidad a un lugar que todavía no sabemos cual es. Pero de lo que estamos seguros, es que todos ganaremos.

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Regular la creatividad con leyes del pasado

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Foto por Forgotten Faces

La verdad es que si hay un elemento que define y condiciona radicalmente al derecho de autor es el cambio en las técnicas de producción y diseminación de la cultura. Esto explica por que no existe derecho de autor previo a la masificación de la imprenta, y explica por que el derecho de autor es concebido en principio como un elemento más de censura real y un sistema que otorgaba privilegios de impresión más que un sistema de derechos que defendiera a los creadores de obras intelectuales.

La famosa frase “Todos los derechos reservados” que hemos visto más de una vez en discos, libros y películas es muy expresiva de la forma en la que hoy se concibe el derecho de autor. La regulación del derecho de autor supone que por el sólo hecho de la creación, el autor de una obra intelectual adquiere una suerte de monopolio de explotación sobre ella. Esto implica que, en general, cualquier uso que usted quiera realizar de una obra intelectual debe contar con la autorización previa del autor, y si no la obtiene, el uso que usted ha hecho se transforma en ilícito.

Lo paradójico es que lo anterior -es decir, el derecho de autor entendido como un derecho a autorizar usos a terceros- guarda perfecto sentido con las necesidades que históricamente ha pretendido resguardar el sistema de derecho de autor. Guarda perfecto sentido, en definitiva, con las necesidades que surgen a partir de la masificación de la imprenta móvil creada por Gutenberg a mediados del siglo XV, para resguardar los intereses de los autores de obras literarias frente a la masificación a escala industrial de sus obras y los privilegios de que gozaban los impresores.

Pero la masificación de Internet ha supuesto un nuevo cambio, esta vez radical a la forma en la que entendemos la producción y difusión del conocimiento. Pero la regulación de derecho de autor del pasado, esta que pretendía cada vez más control, se ha transformado en un obstáculo muchas veces insalvable para la sociedad del conocimiento. Principalmente por dos sencillos hechos que muchas veces pasan desapercibidos.

En el mundo analógico, parece razonable que cada copia realizada a una obra intelectual suponga la autorización de su autor. Parece razonable que no sea correcto hacer copias del último libro de Vargas Llosa y venderlas en la calle. Y también parece razonable que sólo Microsoft pueda vender copias de sus sistemas operativos. En definitiva, en el mundo analógico parece razonable que cada copia suponga una autorización. Lo que sucede con Internet es que la situación cambia en forma radical. En el mundo digital, cada uso es una copia. Cada vez que usted visita una página web está realizando técnicamente una reproducción de una obra protegida por derecho de autor. Cuando usted compra un disco compacto y quiere traspasar esa música a su computador, es una copia. Según las normas del derecho de autor analógico, cada copia debe suponer una autorización, y si usted no la tiene, pues es un acto prohibido por la ley. De esta forma, cada uso que hacemos de obras intelectuales en Internet está cubierta por este manto de ilegalidad que supone que sean normas pensadas en regular situaciones analógicas sin ser debidamente adaptadas a las nuevas necesidades de la sociedad. Esto explica la existencia de abusos y absurdos por quienes detentan derechos de autor hacia terceros.

En segundo lugar, la masificación de tecnología ha supuesto la democratización de la creatividad. A partir de Internet, hoy somos todos creadores. Cada vez que usted escribe una entrada en su blog, cada vez que saca una fotografía en su cámara digital, cada vez que prepara una presentación, cada vez que un profesor escribe un artículo científico, cada vez que le escribe un poema a su enamorada, para la ley usted se transforma en un autor. Por tanto, la regulación del derecho de autor, que debiera equilibrar los intereses de todos los actores relevantes, debe también suponer que ya no sólo hay autores en academias y universidades, sino que también en aquellas casas con tecnología que hace posible que cualquier chico con un computador de quinientos dólares pueda crear y editar obras audiovisuales. Y ese chico se transforma también en autor.

La respuesta que entrega la legislación a estas nuevas situaciones es francamente insuficiente. Entregada a la manos de los intereses corporativos de los grandes titulares de derechos de explotación intelectual, la legislación cada vez es más restrictiva y ha supuesto que una serie de hechos que son comunes en Internet se transforman en ilícitos. Esto no es porque la tecnología genere delincuentes. Es porque como sociedad tenemos la obligación de tomar partido en la regulación de la tecnología para que consagre un efectivo equilibrio y releve los intereses derivados del acceso a bienes culturales y sirva para la generación de creatividad y masificación de la cultura.

Columna publicada en Terra Magazine.

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Las cinco del lunes #21

1.- La frase de la semana: “La medida del éxito de algo es su pirateo. Nadie quiere piratear algo que fracasa. Por eso no hay trenes piratas, no hay gobiernos piratas y no hay selecciones de fútbol piratas.” Sergio Fortuño dixit.

2.- Fin de semana en Nueva York y resulta obvio donde me iba a encontrar con compatriotas: la típica chilena quejosa en una farmacia (Duane Reade en West Side), y la familia cuica disfuncional haciendo cola para tomar de esos buses que pasean por Manhattan (yo iba caminando por 5av, no me iba a subir a esos buses rojos, por dios).

3.- Si hubo alguna duda: no, no interactué con ellos.

4.- Si viene a NY, recuerde jamás hablar con esos locos extraños que a uno le hablan en el metro. Ponga cara de neoyorquino y hágase el gil. No es raro que al rato el loquito esté echado vomitando tras una escalera

5.- Haciéndome el canchero tomé el metro y me bajé una estación aleatoriamente. Esta vez, el turno fue de Brooklyn. Me bajé en Kensington (?), un barrio que resultó ser no muy cristiano, lleno de vulcas y garages frente a un cementerio. Un gordo dominicano gigante quiso hablarme cuando cachó que estaba concentrado mirando el mapa, pero soldado que arranca sirve para otra guerra. Seguimos vivos.

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Las cinco del lunes #20

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1.- Güero Canelo! Changos, que bueno que estuvo lo de Caléxico anoche. ¿Ah que no fue? Se lo dije la semana pasada, re contra gil. Dese con una piedra donde le duela. Lo que es yo, tengo una banda menos que tengo que ver antes de morir.

2.- Por fin se hizo público el informe de lo discutido por la Comisión de Economía y Cultura de la Cámara de Diputados sobre la reforma a la ley de propiedad intelectual. Sendas intervenciones de la SCD en la voz de Fernando Ubiergo y de ONG Derechos Digitales. Largo, pero sin desperdicio.

3.- Yo sé que suena feo, pero la necesidad de un día con más hora es urgente. Y no, no para trabajar más. No.

4.- Debo expresar que lo mejor de la semana pasada fue la detención de los Pinochet. Todavía espero saber cómo los hijos, sin trabajarle un peso a nadie, fueron dueños de este país por tantos años.

5.- Y sí, el juez Cerda quizás debió haberse abstenido del viaje a Estados Unidos. Eso opino.

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Más cárceles generan más delincuentes

En una entrevista más corta de lo que quisiera el sociólogo noruego Nils Christie responde al diario La Nación algunas interesantes preguntas sobre la función penal y las cárceles.

En un país donde cada vez creemos con más fuerza que la solución más eficaz para enfrentar el fenómeno delictivo es aumentando nuestras penas y aumentando nuestras cárceles, lecturas como éstas se hacen necesarias, urgentes.

-La prisión lastima a la gente. Después de unos años en prisión las personas están menos capacitadas para la vida, incluso mucho menos de lo que lo estaban antes. En ese sentido, las prisiones son un instrumento productor de crímenes. Otra cuestión importante es la situación de injusticia social detrás del crimen. La población carcelaria está compuesta por personas pobres, de bajo nivel educacional y, en su mayoría, con relaciones familiares disfuncionales. Están fuera del sistema y eso no mejora mientras están en prisión. Como dijo uno de mis estudiantes, mientras están presos tienen mucho de nada. Es una buena forma de describir el tiempo en una cárcel.

Vía lo de Gargarella.

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Las cinco del lunes #19

1.- Esta semana debiera culminar con uno de los conciertos más esperados por este siervo del señor. El que no fue a Caléxico puede seguir escuchando radio Concierto sin culpa.

2.- Sépalo de una vez: camisa amarilla y corbata con monitos no van.

3.- No podía dejar de opinar sobre el tema del momento: Desde acá apoyamos a Naty y repudiamos profundamente la prensa machista y moralina de este país. Si no la leyó, por favor dele una mirada a la Carta al Director de El Mercurio que envió con la explicación del colegio sobre la expulsión de Naty.

4.- ¿Iphone o iTouch?. Por mi parte, ni uno. (pero sé que cuando esté en la Apple Store comprando el Itouch de mi amigo Dubó me entrarán ganas.)

5.- Por si no se percató, por un error involuntario al intentar actualizar el software que hace posible que estas letras lleguen hasta usted -WordPress- hizo que perdiera absolutamente todas las categorías del blog. Si usted sabe de esto, o tiene alma de monje, o ambas, la gerencia de QLN se lo agradecerá enormemente.

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