Llega un señor -llamémoslo, no sé, Eduardo Castillo- quien toma varias de las ilustraciones de Montt y las sube a su propio sitio web. A veces se toma la molestia de decir que son de Montt, a veces no, y además le agrega un aviso de derecho de autor señalando que sólo pueden ser usadas esas imágenes con fines de educación preescolar en colegios particulares subvencionados, y sólo con la supervisión de educadoras de párvulos egresadas de la Universidad Católica.
Dice la propia DIBAM, que en el sitio Memoria Chilena tienen tanto obras que pertenecen a colecciones de DIBAM, como obras que están en el dominio privado pero que cuentan con autorización de sus titulares, y obras que están en el dominio público.
Usted, como lector atento de QLN, a estas alturas ya sabe que las obras que están en el dominio público son obras que son parte del patrimonio cultural común, y por tanto, podemos hacer prácticamente cualquier cosa con ellas: traducirlas, editarlas, reproducirlas, crear obras nuevas a partir de ellas, y un largo etcétera sin restricciones y sin necesidad de pedir permiso.
Un sitio que se dedique a difundir las obras que están en el dominio público, pues, es una gran noticia para la difusión del acervo cultural común. Salvo, cuando lo hacen según reglas propias.
Salvo, cuando lo hacen violando el derecho de autor de obras que pertenecen al patrimonio cultural común.
Los contenidos de Memoria Chilena, tales como documentos e imágenes, pueden reproducirse citando la fuente y son exclusivamente para uso privado o con fines de investigación. Está prohibida la reproducción de cualquier tipo de material para uso comercial, académico o su exhibición en línea, radio, televisión, cine, video u otro medio de difusión pública.
En otras palabras, cuando usted toma una obra de Vicente Huidobro y quiere hacer una canción con el Canto II de Altazor, y venderla en iTunes, por decir algo, puede hacerlo, porque esa obra está en el dominio público.
Pero según las condiciones de uso de Memoria Chilena, a pesar de poder acceder a estas obras que están en el dominio público, usted sólo podría hacer usos privados de ella, y no podría reproducirla sino en las restringidas condiciones que señalan las draconianas condiciones de uso.
¿Por qué, cree usted?
Públicamente alguna vez le pregunté esto a la directora de la Biblioteca Nacional doña Ximena Cruzat, y no supo darme una explicación, confundiendo condiciones de acceso con condiciones de uso. Claro, ella decía “pero si el contenido está disponible en línea“.
Lo que suele suceder en estos casos es que dado que la DIBAM realiza una labor de escaneo de documentos, creen, suponen que tienen determinados derechos sobre el resultado del escaneo. Como si no fuera separable la obra con el soporte material de ella. ¿Me siguen?
Es por eso que es impresentable que una institución pública como DIBAM tenga estas condiciones de uso de obras que nos pertenecen a todos nosotros.
La iniciativa del nuevo sitio web de la Biblioteca del Congreso Nacional es bien notable. De partida, es bonita. Segundo, todo el contenido está licenciado con una licencia Creative Commons. Y además tiene RSS, lo que permite enterarse casi en forma instantánea de lo que se publica diariamente.
Y gracias a la magia del RSS, nos enteramos de un horroroso artículo sobre derecho de autor, justo cuando se encuentra en plena discusión en la cámara de diputados el proyecto de ley que pretende reformar nuestra desequilibrada ley de propiedad intelectual. Nunca un peor momento.
El artículo se titula “Piratas en el nuevo milenio”, y tiene como objeto, según sus propias palabras, “La piratería crece cada año, dejando pérdidas por 200 millones de dólares para la industria, los autores y el Fisco. El Gobierno pretende combatirla con más fuerza y para ello presentó un proyecto de ley que endurece las sanciones.”
Lo más sorprendente no es que BCN diga lo que diga. Lo que llama la atención es que todo esto aparezca cuando está en plena discusión el proyecto de ley que reforma la ley de propiedad intelectual. No deja de llamar la atención que pareciera que los únicos que tienen algo que decir respecto de la “piratería” sea la industria, representada por Eduardo Castillo, el autodenominado “Zar” antipiratería, de quien ya hemos hablado anteriormente en este mismo blog y Nivia Palma, ex gerente de la Cámara Chilena del Libro y -ups, ¡sorpresa, sorpresa!- hoy directora de la DIBAM.
Todo esto sin contar que todas las cifras que se muestran son cifras que vienen de la industria.
Y ah, entérese que
Otro factor que ha impactado de manera negativa en los derechos de propiedad intelectual es la posibilidad de descargar música, películas, softwares o libros de forma gratuita desde Internet, a través de programas que permiten compartir archivos entre usuarios (también llamados redes P2P). Ello, porque las leyes para enfrentar este tipo de piratería son todavía débiles, y los gobiernos no cuentan con los recursos suficientes para combatirlo.
Y no, esto no significa que sean los usuarios los que utilizan estas redes para intercambiar, por ejemplo, distribuciones de Linux ni menos sus archivos personales. Tampoco en que pudieran intercambiar el DVDRIP del Acorazado Potemkin, felizmente en el dominio público. Menos significa que las empresas no se estén adaptando a nuevas formas de distribución de contenido en Internet. No, porque resulta que la industria del entretenimiento siempre ha estado a favor de las innovaciones tecnológicas en el sector.
Mire, con todo respeto, esto es igual de absurdo que si se hiciera un reportaje sobre la delincuencia en Chile sólo utilizando como fuente a los capos del crimen organizado.
Lo que más molesta, mis queridos amigos lectores, es que acá lo que existe es una profunda falta de respeto hacia todos nosotros, hacia todos los consumidores y ciudadanos.
Porque lo que parece querer decir el sitio de BCN (que a todo esto financiamos todos nosotros con nuestros impuestos) es que el problema de lo que ellos llaman “piratería” es un problema que sólo tiene un interlocutor válido: la industria del entretenimiento.
Señalan ellos mismos, con toda soltura:
La piratería, en todo caso, es un problema global que preocupa a los gobiernos, a los gremios de artistas, creadores y autores, y también a las empresas que distribuyen y comercializan los productos, obligándolas a reinventarse y a ofrecer nuevos servicios para mantenerse vigentes. En 2002, las ventas globales por concepto de piratería alcanzaban los 30 mil 900 millones de dólares.
Ah, claro. Es un problema global que afecta a todos, MENOS A LOS CIUDADANOS que con leyes hechas a la medida de la industria, sin excepciones y limitaciones para los usuarios y con gobiernos y legisladores que responden sin cuestionarse a las presiones de la industria, y de los titulares de derecho de autor. De los que ponen las lucas, de más está decir.
Y claro, pobre industria que además tiene la mala suerte de tener que reinventarse y ofrecer nuevos servicios para mantenerse vigentes.
Lo mismo deben haber pensado los vendedores de hielo a granel cuando a principios del siglo XX se inventó ese terrible invento llamado refrigerador o frigorífico.
Mientras todos estos sujetos lloran y rasgan vestiduras en contra de la tecnología y lo que ellos llaman piratería, hay un grupo que en lugar de patalear se dedican a descubrir y explotar las oportunidades que la misma tecnología entrega. Sí, mientras la industria llora y patalea en contra de las descargas de Internet, nosotros, los que no usamos ni pata de palo ni parche en el ojo, llenamos los estadios cuando vienen nuestros artistas favoritos.
La música, el gusto por el compartir lo que nos gusta, señores, no se va a morir por culpa de sus leyes anquilosadas. Y van a tener que aprender que, lo que necesitan, lo que les hace falta, es tener respeto por quienes hacen que vuestro negocio funcione: sí, nosotros, los piratas del siglo XXI.
Actualización:
Si usted quiere acceder al artículo de BCN que se ha criticado en este post, ya no podrá hacerlo sino a través del caché de Google.
Sí, porque BCN ha bajado el artículo en forma completa.
Desde acá esperamos que BCN recapacite y replantee el tema desde un punto de vista equilibrado y poniendo en la palestra todas las posiciones, rescatando fundamentalmente el interés público y no el interés privado de la industria del entretenimiento. Clap, clap para todos.
1.- Lo único malo de viajar es el primer día de trabajo que te espera. Tener más de 300 correos sin leer es algo estresante. A eso súmele los 4 grados bajo cero, viniendo del verano.
2.- No he escuchado nada más lindo últimamente que el track que abre el disco nuevo de The New Pornographers. La canción se llama My rights versus yours (sic). Dele una oportunidad.
3.- Todavía me duele la guata por pagar 18 euros por un pinche almuerzo en París. Panini con bebida es la mano.
4.- Hacía muchos meses que no me pasaba una semana sin Internet. Debo confesar que de repente me daban tiritones. Pero no iba a andar pagando 3 euros por los 15 minutos. Fanático, pero nunca tanto.
5.- Para los lectores varones: Sí, el mito de Croacia es verdad.
Dentro del marco del Stream 1: “Peer production: legal and architectural norms”, se desarrolla el panel “A cultural environmentalist movement and beyond?” en el que expondrán el siempre interesante James Boyle, del board de Creative Commons, Jenny Jenkins del Centro de Estudios del Dominio Público y mi admirado Cory Doctorow, editor de Boing Boing. La idea es presentar ideas respecto de la forma en que debiera configurarse el movimiento cultura libre, tomando en consideración los éxitos en materia de organización de los movimientos ambientalistas durante los años cuarenta.
La conversación básicamente giró en torno a cómo configurar el movimiento de los commons a partir de la experiencia de los movimientos ambientalistas durante los años 40 y 50 en Estados Unidos. Boyle apuntó específicamente a tres factores que hicieron fuerte al movimiento
1.- fue construida a partir de una serie de ideas relativas al cálculo económico y a la irracionalidad que lleva consigo
2.- se agruparon varios intereses basados en una idea particular
3.- hacer de un grupo de casos particulares el tema del ambientalismo como de interés común.
A mi me parece una más que interesante idea desde el punto de vista de analizar la forma en que ha ido componiendo el movimiento y cual será la forma final que éste tendrá. Porque claro, uno puede estar de acuerdo con la analogía, pero en principio, el ambientalismo pretende defender a la naturaleza humana, algo que en principio suena más relevante que la lucha por un derecho de autor equilibrado, la defensa de los commons, bienes comunes o lo que sea. Segundo, y más importante, es que el tema ambientalista es un asunto que preocupa a la gente ex ante la existencia de grupos ambientalistas. Los que estamos luchando desde las fronteras de la cultura libre lo hacemos dado que creemos que es un tema de interés público. En fin. Como muchas cosas acá, queda mucho por recorrer y meditar.
Una vez al año, casi 300 personas de más de 50 países se reúnen a celebrar y a armar estrategias acerca de una Internet libre para todos.
Líderes de los Creative Commons, del software libre, educación abierta y comunidades de acceso al conocimiento conversan respecto de su visión del futuro y discuten estrategias para constrir una cultura libre global que se enriquece en términos de viabilidad económica y diversidad geográfica.
Una vez que termine el evento enviaré un reporte completo que será publicado en Derechos Digitales. Ahora, eso no quita que les estaré contando detalles sabrosones y quien sabe, una que otra sorpresa.
Aviso a los lectores habituales que esto no tiene nada de tecnología, pero les aseguro que va a ser el artículo más gracioso que hayan leído en este blog.
Pero Richard no conoce a la Bolocco. Y tampoco pretende protegerla. Presentó el recurso de protección para defender, según sus propios dichos “a la sociedad en su conjunto, a la dignidad de las mujeres en este país“.
Con fecha 23 de Mayo, Aguilar presentó su recurso de protección (Rol de ingreso 2618-07), precedido de un relativamente importante bombo mediático. Con fecha 24 de Mayo, la primera sala de la Corte de Apelaciones de Santiago se pronunció al respecto en una escueta resolución donde declara inadmisible el recurso por manifiesta falta de fundamento.
Aguilar, contumaz, presentó recurso de reposición y fue nuevamente rechazado. La causa, hoy, está archivada.
La verdad, amigos lectores, es que durante todo este tiempo este bloguer estuvo secretamente intrigado por el desarrollo de este procedimiento judicial. No porque me interesara mayormente ver las fotos de la Bolocco, sino por el arrojo y la valentía de Richard Aguilar para luchar contra la inmoralidad que contamina toda nuestra sociedad.
Contactos más, contactos menos, este bloguer tuvo acceso exclusivo a los recursos presentados por Aguilar para defender la moralidad pública. A todos nosotros, en definitiva. Seguramente todavía no ha soltado ni una miserable sonrisa. Es que ahora viene lo bueno.
A continuación, una selección de los mejores pasajes. Las faltas de ortografía son parte del documento. Richard, desde acá un abrazo de apoyo.
A lo que agrega:
A veces me da gusto saber que tenemos este tipo de defensores de la sociedad, de todos nosotros, ante este caos moral que nos embarga. Si quiere leer el documento completo, haga click aquí y disfrútelo en PDF.
La buena noticia es que en este caso, la Corte desestimó los argumentos y falló, inconscientemente, a favor de la libertad de expresión. Desde acá, los respetos de este blog ante la figura primigenia de Richard Aguilar, un héroe como pocos en una sociedad consumida por la ignorancia y la ignominia ante sus reinas de belleza.
Esta semana fue lanzado el documental Good Copy – Bad Copy. El nombre ya dice bastante sobre el contenido de la película. Good Copy Bad Copy es un estupendo documental acerca del estado actual del derecho de autor, la piratería y la cultura libre que se genera a través de la masificación de tecnología.
Este documental seguramente no va a llegar al Hoyts de Huérfanos ni al Cinemark de Puente Alto. Pero seguramente a muchos de ustedes les va a llamar la atención. Y lo van a terminar viendo.
Dirigido por Andres Johnsen, Ralf Christensen y Henrik Moltke, la película incluye sendas entrevistas a productores, profesores y músicos, todos quienes algo tienen que decir respecto de las desequilibradas normas que hoy regulan el derecho de autor, con una mirada esencialmente comercial del fenómeno, dejando de lado los derechos de acceso inherentes a esta protección legal.
Las entrevistas a Danger Mouse, Girl Talk, la música de RJD2, Gnarls Barkley, De la Soul entre otros, le agrega más pimienta al asunto.
Si usted tuvo en sus manos el ejemplar de ayer del diario La Tercera pudo acceder a la nota titulada “La historia del creador del programa más popular para bajar archivos de internet” [enlace a captura de pantalla], donde cuenta la historia del famoso Bram Cohen, quien creó el casi perfecto programa de intercambio de archivos llamado Bittorrent.
Casi todo bien, hasta una frasesita en el artículo que, la verdad de las cosas, me dejó un poco noqueado. Dice la nota de La Tercera:
En 2002, Bram Cohen usó trucos como ofrecer contenido para adultos para lograr que los usuarios probaran su sistema. Además, cometió su mayor error comercial: hizo que el código para Bittorrent estuviera disponible como código abierto. “Era un programador en quiebra y no tenía un modelo claro de venta. Sólo quería que la gente lo usara.”, señala.
“Su mayor error comercial: el código abierto”. Me llamó la atención esa frase. Y me puse a buscar. Y encontré la nota original de Netmagazine de Inglaterra. Para mi sorpresa, en la revista inglesa dice algo muy distinto a lo que publica La Tercera del domingo.
In 2002, Bram collected some free porn to lure users to test his peer-to-peer file distribution protocol. He made the source code for the original BitTorrent client available as open source, which, in retrospect, sounds like commercial suicide. “I was a broke programmer,” he laughs. “I didn’t have a clear model. I wanted people to use it. If you can’t get people to use it when you’re giving it away for free, you can’t get them to use it when you’re charging them.”
Es decir, en ningún lugar del artículo de Netmagazine se dice que la opción por el código abierto haya sido el mayor error comercial de Cohen.
Lo que dice la nota original es que “en retrospectiva, suena como un suicidio comercial“, que es bien distinto. La nota no dice que la opción por el código abierto fuese el mayor error comercial de Cohen, como quiere hacernos creer La Tercera.
Además, la nota de La Tercera obvia la frase final de Cohen (en subrayado) donde el programador explica en parte por qué optó por una licencia abierta/libre, diciendo que “Si no puedes conseguir gente cuando estás entregando algo gratis, menos podrás conseguirlos cuando les estás cobrando por ello.”
En definitiva, llama la atención la forma en la que se encaran temas como estos en la prensa tradicional, llenando de FUD opciones como software libre/abierto, incluso cuando se trata de traducciones de artículos que dicen precisamente lo contrario.
Ah, y sólo para agregar una cosa. Señores de La Tercera, hasta cuando insisten en ese invento endemoniado del Papel Digital. Hasta cuando insisten con el Flash. Oh oh.
1.- No me canso de decirlo, pero el “Papel Digital” de La Tercera es UN ASCO. ¿Hasta cuando con el flash señores diseñadores?
2.- Cada día sumo un argumento más para odiar Ubuntu. Lo siento, pero que se desconecte la LAN sin aviso ni explicación 8 veces en una sola mañana es para odiarlo.
3.- Increíble como cambia su inicio de semana si usted le dedica un par de horas del domingo a dormir una rica y reponedora siesta. Si es abrazado, mejor.