Aplastar con un tractor a los leprosos para curar la lepra

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Miren qué linda la imagen de un tractor amarillo destruyendo música mientras un policía vigila con un palo en la mano. Según informan, el material “fue aplastado con maquinaria vial para su inutilización”, como si fuera cocaína de alta pureza. La diferencia entre la música y la cocaína es que la segunda mata. ¿Por qué destruyen la musiquita entonces? Porque el sistema con que fue grabada es ilegal. Pero no destruyen el sistema, sino los discos. Que sería como aplastar con un tractor a los leprosos para curar la lepra. ¿Por qué no regalan los discos a las escuelas, a las hemerotecas, a las radios alternativas o al archivo sonoro de la nación? Porque es más divertido subirse a un tractorcito y sacarse fotos. Y además se le puso un precio a la masacre: cinco millones de pesos. O sea, 12,5 pesos por disco virgen. Una bicoca.

Brillante. Clap clap.

Por lo de arriba, todos los créditos a mi admirado Hernán Casciari, que en pocas palabras pone en evidencia eso que a veces cuesta tanto explicar.