Pánico y Locura en Rio de Janeiro

No les había contado. Vamos, que tampoco era como para ser contado con hidalguía acá: uno, porque es muy personal y poco tiene que ver con el tema del blog, por lo que poco les puede interesar; y dos, porque cuando volví, estaba todo Chile lleno de paranoia por la seguridad ciudadana, por lo que un post de estas características quizás podría suponer que este blogger comparte dichas apreciaciones. Nada más lejos de la verdad.
Bueno, la historia es la siguiente. Como bien sabe usted, querido lector, en Julio pasado este, su humilde servidor, estuvo en Rio de Janeiro en el iCommons Summit 2006, el que cubrimos desde acá mismo destacando incluso cosas que pasaron más allá del propio encuentro. Una de estas cosas que pasaron es que este blogger tuvo una experiencia no sé si digna de contar, pero a lo menos tan terrible como para no olvidarla nunca.
A eso de las 6 de la tarde ibamos junto con mis amigos Alberto y Rosa caminando por esas típicas veredas de Copacabana en dirección a una feria artesanal que estaba a un par de cuadras hacia el Sur, hacia la playa de Ipanema. Ibamos conversando alegremente en un fluido (?) español. Ibamos los tres caminando en fila, en la que yo me encontraba más cerca de la ciclovía que se junta con la típica avenida Atlántica.
De repente, y mientras a nuestro lado pasaban niños en bicicleta y mucha gente, un tipo se me acerca caminando y me pide plata en plan limosna. Como durante toda mi estadía en Brasil, circulaba con muy pocos reales y sólo con mi tarjeta de crédito en el bolsillo, por lo que no tenía para darle. Después de mi negativa, el tipo ya me miró con cara de pocos amigos y ahora me exigió dinero. Yo le insistí que no tenía dinero y en efecto comencé a sacar lo que tenía en mi bolsillo, mostrando sólo un par de reales. En eso, y cuando todavía mis acompañantes no se daban cuenta de lo que sucedía, el tipo me mira desafiante y con un gesto hacia abajo me indica que mire, cosa que hago y veo como el tipo me muestra una pistola que llevaba amarrada al short, bajo la polera.
En eso, bullet time. Me imaginé baleado en una playa en Rio de Janeiro, como suele suceder por lo demás. Vi mi cuerpo tirado ahí en la arena un rato mientras llega la policía y pensando en cuantos reales el tipo le sacó a la cámara, probablemente para comprar droga o quien sabe qué.
Ante eso, ¿qué puedes hacer? Dejando de lado que si hubiera tenido plata se la entrego toda, le insistí que no tenía plata. Claro con el nerviosismo olvidé el detalle que llevaba conmigo en el bolsillo izquierdo una cámara fotográfica digital. El tipo me auscultó 1 segundo y con la seguridad de un profesional vio el bulto y me pidió bruscamente la cámara. Se la entrego y en ese momento mis amigos se dan cuenta de todo y el tipo cruza corriendo la calle. Yo, con mis rodillas tiritando.
¿Por qué les cuento esto? No sé muy bien, pero sí sé que todo esto fue gatillado por la pequeña nota que saca hoy Terra, de un turista portugués acuchillado frente al hotel Pestana. Partí raudo a Flickr, y comencé a buscar cual es ese hotel. Ya lo suponen. Ese hotel está ubicado exactamente al frente de donde ocurrió lo que acabo de contarles. De hecho, ese kioskito que se ve al fondo de la foto que corona este post (?), es donde pasé la noche tomando caipiriñas esperando mi vuelo de vuelta. Esta foto muestra exactamente la esquina donde está el famoso hotel Pestana del que hablan en la nota, la misma esquina que cruzamos en silencio después de haber estado cerca del horror.
Y acá alegan por la delincuencia. Entiéndanlo señores: Santiago es Oslo o Copenhage, a lo más.

Uf, compadre. Que mal. Pero tienes razón, es bueno tener casos de ‘delicuencia comparada’ para que en Chile la gente tenga un poco más de perspectiva.