La isla de los delincuentes

En este su modesto blog no acostumbramos a referirnos a política contingente a menos que tenga relación con nuestro tema, que después de todo es el derecho y la tecnología.
Pero esta vez queremos hacer una excepción. Excúsenos.

Para los que nos visitan desde fuera de Chile, en diciembre se realizarán elecciones presidenciales, donde con casi completa seguridad saldrá elegida la candidata del oficialismo. Sí, la misma del blog con Creative Commons y la del spam. Como las encuestas la dan por amplísima ganadora, los candidatos de la derecha han puesto en el tapete el problema de la delincuencia, como uno de sus caballos de batalla más seguros y donde según algunos tienen ventajas con respecto a Bachelet.

Cualquier ciudadano medianamente informado sabe que existen temas especialmente sensibles y que tienen fácil llegada al público en general. El de la delincuencia es el caso paradigmático. Basta con apearse a un caso de relativo impacto público y hacer referencia a la señora afectada por el robo y decirle que el gobierno no ha tenido la mano dura suficiente para acabar con los delincuentes.

fotografía de La Tercera Internet

Pues bien, el candidato de la derecha más conservadora, Joaquín Lavín, ha tomado a la delincuencia como su principal arma electoral, despachándose con declaraciones como que “los delincuentes prefieren votar por Bachelet”, que falta que asalten La Moneda para que el presidente “se ponga firme” y que al presidente Lagos le “faltaron pantalones” para enfrentarla.

Su última joya es la idea de adecuar una isla para delincuentes. Sí, tal cual, una isla donde llevemos a los presos más peligrosos, diciendo:

“Ministro Vidal y ministro Puccio, ¿cuál es el problema de la cárcel isla, que se van a resfriar los delincuentes?. No se preocupe de eso, preocúpese no de los derechos de los delincuentes, preocúpese de los derechos de la gente honrada y honesta

A mi la verdad todo el tema de la delincuencia me tiene bastante cansado, y con las propuestas del candidato no puedo dejar de dar mi opinión.

1.- Si bien puede ser un dato cierto el aumento de los niveles de delincuencia en el último tiempo, tengo mis dudas respecto a si en verdad es un tema de la trascendencia del que se le da en la prensa. Tiendo a pensar que la delincuencia es una cosa y la sensación de inseguridad es otra distinta. Y respecto a la segunda, claramente quienes tienen cosas que decir son los medios de comunicación, que recurren irreponsablemente a ella cada vez que pueden, ayudando a crear este clima de inseguridad.

2.- Relacionado con lo anterior, vamos a las estadísticas:
Es sabido que Chile tiene una de las tasas de asesinatos per cápita más bajas del planeta (uno por cada 100 mil habitantes), estadística similar a la de países nórdicos y muy por debajo de las de Uruguay o los Estados Unidos, que tienen el triple de homicidios por cada 100 mil habitantes.
Respecto a las violaciones, nuestro país tiene una estadística de siete por cada 100 mil habitantes que equivale a menos de la mitad de la misma tasa de España o Inglaterra, y es 10 veces menor a la de Australia o Canadá.
A pesar de estos datos, Chile es el país que encarcela más personas en Sudamérica (238 por cada 100 mil habitantes) y el que tiene más cárceles por habitante. Y si a eso le sumamos que un porcentaje grosero de la población penal no tiene sentencia definitiva, las medidas de Lavín no merecen comentario.

3.- Respecto a los dichos de Joaquín Lavín, de llevar a los delincuentes a una isla, me encantaría que se lo dijera en la cara a Víctor Osses Conejeros, a Juan Manuel Contreras y a José Alfredo Soto, injustamente condenados por el homicidio calificado de María Soledad Opazo quienes se vieron privados de libertad por más de 5 años por el crimen denominado de “La Calchona”, que ciertamente no cometieron.

4.- Me molesta lo fácil que es el argumento de referirse a los delincuentes como si fueran de una raza extraña y fuesen fácilmente distinguibles de nosotros, “la gente honrada y honesta”. Y me molesta porque los políticos responsables debieran saber que las leyes deben hacerse pensando en el estándar del ciudadano y no desde el punto de vista del delincuente. Esas mismas leyes que le quieren aplicar “a ellos” son las leyes que eventualmente nos pueden ser aplicadas “a nosotros”. Esa diferenciación entre el nosotros y el ellos además es una demostración muy palpable de una serie de prejuicios abominables tan afincados en nuestra desigual sociedad.

5.- Por último argüir el fin de la delincuencia con ciertas medidas no deja de ser risible. La delincuencia es una realidad social que permea a todas las sociedades occidentales y que tiene tantas causas como medios para enfrentarla. Pero es importante que sepamos que es una realidad con la que tenemos que convivir, para bien o para mal.

Y por lo demás, en los adorados Estados Unidos deLavín, la cárcel de Alcatraz hace años está en desuso y que yo sepa, en Nueva York el alcalde Giulani no acabó con la delincuencia.

Por el bien de nuestra democracia, ojalá las ideas de Lavín sean las que se vayan a una isla.